SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

domingo, 31 de marzo de 2013

DOMINGO DE RESURRECCIÓN ¡ALELUYA!

Jesús de nuevo con nosotros, lleno de Luz y de Gloria, después de tanto sufrimiento desde Getsemaní hasta el Calvario.
Cuanto dolor, cuanto amor  por nosotros, pecadores. 
La Esperanza ha resucitado, tal y como prometió.
La Caridad nos ha envuelto de Misericordia.
La Fe que el mismo Jesús nos regala, está aquí.
Con toda la Alegría y Agradecimiento, indignos de tanto Amor, solo podemos cantar
 ¡¡Resucitó, Resucitó, Aleluya!!

video
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viernes, 29 de marzo de 2013

VIERNES SANTO. JESÚS MARTIRIZADO, MUERE





¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!
Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero;
y un Redentor, que en trance de Cordero,
sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.
Y así dijo el Señor: «¡Vuelva la Vida,
y que el Amor redima la condena!»
La gracia está en el fondo de la pena,
y la salud naciendo de la herida.
¡Oh plenitud del tiempo consumado!
Del seno de Dios Padre en que vivía,
ved la Palabra entrando por María
en el misterio mismo del pecado.
¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,
y a Dios como el menor de los humanos?
Llorando en el pesebre, pies y manos
le faja una doncella nazarena.
En plenitud de vida y de sendero,
dio el paso hacia la muerte porque él quiso.
Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero.
Vinagre y sed la boca, apenas gime;
y, al golpe de los clavos y la lanza,
un mar de sangre fluye, inunda, avanzapor tierra, mar y cielo, y los redime.

Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.
Tú, solo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo
de Dios con los verdugos del Ungido.
Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.

lunes, 25 de marzo de 2013

EL PAPA DE LA HUMILDAD

El Papa de la humildad

A las 11:10 PM, por Guillermo Juan Morado
Categorías : General
En la visita del Papa Francisco al Papa emérito, Benedicto XVI, el Pontífice le regaló a su predecesor un icono de la Virgen de la Humildad(icono que, si no me equivoco, recibió Francisco, al día siguiente del inicio de su ministerio, de manos del arzobispo ortodoxo ruso Hilarión).
Francisco le dijo a Benedicto: “Cuando la vi [la imagen] pensé en usted”. “Gracias por la humildad durante su Pontificado. Nos ha dado un gran ejemplo de humildad y ternura”, añadió.
Tiene toda la razón el Papa. Benedicto XVI ha sido, desde el primer día hasta el último, “un simple y humilde trabajador en la viña del Señor”. Un hombre brillantísimo, un intelectual de primera, un sacerdote ejemplar, pero siempre en ese registro de la humildad.
Así se ha manifestado también en su renuncia, al ser consciente de las propias limitaciones y debilidades, obrando de acuerdo con ese conocimiento. Yo no me he alegrado nada de la renuncia de Benedicto XVI. No a causa de ninguna hipótesis extraña. No. Simplemente me daba pena que un Papa tan querido dejase de ser Papa.
Pero, hoy, viendo las imágenes del Papa junto a su predecesor, he comprendido de un modo más claro que Benedicto XVI, como siempre, ha sido responsable. Realmente se le ve mayor, conmovedoramente anciano y, creo yo, habrá pensado que la Iglesia, con tantas tareas pendientes, necesita al Papa en plenas facultades para poder ejercer como tal.
Le pediría una cosa al Papa: que este encuentro se repitiese. Que podamos seguir sabiendo cómo está Benedicto. El Papa no perderá nada; es más, ganará mucho, si sigue manifestando, como hasta ahora, su veneración por quien le ha precedido en el ejercicio de ese ministerio. Y, en esto, Francisco, desde el primer día, ha dado muestras de una ejemplaridad que le honra.
En todas las diócesis tenemos ya la experiencia de los Obispos eméritos. No son una carga, son un tesoro. Pueden ayudar al nuevo Obispo. Y, ayuden más o menos, están ahí, rodeados normalmente de la veneración y el agradecimiento de los sacerdotes y de los fieles.
En el caso del Obispo de Roma, Sucesor de Pedro y Pastor de la Iglesia Universal, no creo que tenga que ser de otro modo. El que ha sido Papa sigue siendo merecedor de todo el reconocimiento – como un abuelo querido y respetado - . En la gran familia que es la Iglesia no cabe arrinconar a un padre, aunque ya el padre, por edad o por las razones que sean, no pueda seguir haciéndose cargo de regir la marcha de los asuntos familiares.
En esta visita he visto una señal de normalidad. El Papa es un hombre bueno que no tiene ningún inconveniente en honrar a su predecesor. Es un ejemplo que vale para la Iglesia y también para el conjunto de la sociedad.
Guillermo Juan Morado.

Sirva este post para agradecer a D. Guillermo, los excelentes artículos que nos regala en Infocatólica..
Muchas Gracias

domingo, 24 de marzo de 2013

DOMINGO DE RAMOS EN EL VATICANO 24.3.13

Con nuestro Papa, S.S. Francisco se ha celebrado hoy la Santa Misa del Domingo de Ramos, de la Pasión del Señor.            
Esta ha sido la Homilía que nuestro querido Santo Padre, ha predicado:  


Homilía del Santo Padre Francisco en la Misa del Domingo de Ramos 2013  

1. Jesús entra en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos lo acompañan festivamente, se extienden los mantos ante él, se habla de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: «¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto» (Lc 19,38).
Gentío, fiesta, alabanza, bendición, paz. Se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios, se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma. Y ahora entra en la Ciudad Santa.
Es una bella escena, llena de luz, de alegría, de fiesta.
Al comienzo de la Misa, también nosotros la hemos repetido. Hemos agitado nuestras palmas, nuestros ramos de olivo, y hemos cantado: «¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!» (Antífona); también nosotros hemos acogido al Señor; también nosotros hemos expresado la alegría de acompañarlo, de saber que nos es cercano, presente en nosotros y en medio de nosotros como un amigo, como un hermano, también como rey, es decir, como faro luminoso de nuestra vida. Y aquí nos viene la primera palabra: alegría. No seáis nunca hombres, mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; de saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables..., y ¡hay tantos! Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Llevemos a todos la alegría de la fe.
2. Pero nos preguntamos: ¿Por qué Jesús entra en Jerusalén? O, tal vez mejor, ¿cómo entra Jesús en Jerusalén? La multitud lo aclama como rey. Y él no se opone, no la hace callar (cf. Lc 19,39-40). Pero, ¿qué tipo de rey es Jesús? Mirémoslo: montado en un pollino, no tiene una corte que lo sigue, no está rodeado por un ejército, símbolo de fuerza. Quien lo acoge es gente humilde, sencilla. Jesús no entra en la Ciudad Santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina; entra para ser azotado, insultado y ultrajado, como anuncia Isaías en la Primera Lectura (cf. Is 50,6); entra para recibir una corona de espinas, unacaña, un manto de púrpura: su realeza será objeto de burla; entra para subir al Calvario cargando un madero. Y, entonces, he aquí la segunda palabra: cruz. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: su trono regio es el madero de la cruz. Recordemos la elección del rey David: Dios no elige al más fuerte, al más valiente; elige al último, al más joven, uno con el que nadie había contado. Lo que cuenta no es el poder terrenal. Ante Pilato, Jesús dice: «Yo soy Rey», pero el suyo es el poder de Dios, que afronta el mal del mundo, el pecado que desfigura el rostro del hombre. Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios. Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, de poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación. Y nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo ya toda la creación. Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección. Queridos amigos, con Cristo, con el Bien,todos podemos vencer el mal que hay en nosotros y en el mundo.¿Nos sentimos débiles, inadecuados, incapaces? Pero Dios no busca medios potentes: es con la cruz con laque ha vencido el mal.No debemos creer al Maligno, que nos dice:No puedes hacer nada contra la violencia, la corrupción, la injusticia, contra tus pecados.Jamás hemos de acostumbrar nos al mal. Con Cristo, podemos transformarnos a nosotros mismos y al mundo. Debemos llevar la victoria de la cruz de Cristo a todos y por doquier;llevar este amor grande de Dios.Y esto requiere de todos nosotros que no tengamos miedo de salir de nosotros mismos, de ir hacia los demás. En la Segunda Lectura, san Pablo nos dice que Jesús se despojó de sí mismo, asumiendo nuestra condición, y ha salido a nuestro encuentro (cf. Flp 2,7). Aprendamos a mirar hacia lo alto, hacia Dios, pero también hacia abajo, hacia los demás, hacia los últimos. Y no hemos de tener miedo del sacrificio. Pensad en una mamá o un papá:¡cuántos sacrificios! Pero, ¿por qué lo hacen? Por amor. Y ¿cómo los afrontan? Con alegría, porque son por las personas que aman. La cruz de Cristo, abrazada con amor, no conduce a la tristeza, sino a la alegría.
3. Hoy están en esta plaza tantos jóvenes: desde hace 28 años, el Domingo de Ramos es la Jornada de la Juventud. Y esta es la tercera palabra: jóvenes. Queridos jóvenes, os imagino haciendo fiesta en torno a Jesús, agitando ramos de olivo; os imagino mientras aclamáis su nombre y expresáis la alegría de estar con él.Vosotros tenéis una parte importante en la celebración de la fe.Nos traéis la alegría de la fe y nos decís que tenemos que vivir la fe con un corazón joven, siempre, incluso a los setenta, ochenta años. Con Cristo el corazón nunca envejece. Pero todos sabemos, y vosotros lo sabéis bien, que el Rey a quien seguimos y nos acompaña es un Rey muy especial: es un Rey que ama hasta la cruz y que nos enseña a servir, a amar. Y vosotros no os avergonzáis de su cruz.Más aún, la abrazáis porque habéis comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo y que Dios ha triunfado sobre el mal precisamente con el amor. Lleváis la cruz peregrina a través de todos los continentes, por las vías del mundo.La lleváis respondiendo a la invitación de Jesús: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19), que es el tema de la Jornada Mundial de la Juventud de este año.La lleváis para decir a todos que, en la cruz, Jesús ha derribado el muro de la enemistad, que separa a los hombres y a los pueblos, y ha traído la reconciliación y la paz. Queridos amigos, también yo me pongo en camino con vosotros, sobre las huellas del beato Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora estamos ya cerca de la próxima etapa de esta gran peregrinación de la cruz de Cristo. Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro.Os doy cita en aquella gran ciudad de Brasil. Preparaos bien, sobre todo espiritualmente en vuestras comunidades, para que este encuentro sea un signo de fe para el mundo entero.
Vivamos la alegría de caminar con Jesús, de estar con él, llevando su cruz, con amor, con un espíritu siempre joven.
Pidamos la intercesión de la Virgen María. Ella nos enseña el gozo del encuentro con Cristo, el amor con el que debemos mirarlo al pie de la cruz, el entusiasmo delcorazón joven con el que hemos de seguirlo en esta Semana Santa y durante toda nuestra vida. Amén.

sábado, 23 de marzo de 2013

NUEVO ENLACE DE LOS LMC DE MÁLAGA

23 de Marzo de 2013. En la Reunión de esta mañana, Miguel Martínez Galindo, ha sido elegido como nuevo Enlace de los LMC del Grupo de Málaga, después de invocar al E. Santo.
Tras comunicarme esta elección, hemos rezado a la Santísima Trinidad en acción de gracias, y luego un Avemaría a la Virgen solicitándole su protección e interecesión, al igual que a la Beata Teresa de Calcuta, para que con sus ayudas se cumpla la Voluntad de Dios.
Así Sea






miércoles, 20 de marzo de 2013

HOMILÍA DE LA SANTA MISA INICIO MINISTERIO PETRINO DE S.S. FRANCISCO


SANTA MISA
IMPOSICIÓN DEL PALIO
Y ENTREGA DEL ANILLO DEL PESCADOR
EN EL SOLEMNE INICIO DEL MINISTERIO PETRINO
DEL OBISPO DE ROMA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Plaza de San Pedro
Martes 19 de marzo de 2013
Solemnidad de San José

Queridos hermanos y hermanas
Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.
Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos. Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas. Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.
Hemos escuchado en el Evangelio que «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).
¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como en los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús
¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio;  y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, para salvaguardar la creación.
Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.
Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.
Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.
Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.
En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que «apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza» (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza. También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza. Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.
Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.
Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Rezad por mí. Amén.

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martes, 19 de marzo de 2013

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ

El Señor San José

  Señor San José, casto esposo de la Virgen María intercede para que obtenga los dones necesarios para ser un padre que obedece la Voluntad de Dios en todo momento.
Haz que consiga ser dócil, paciente, servidor y que mi trabajo sea convertido en alabanza, no por mis méritos sino por la ayuda y gracia que Dios me conceda por  tu intercesión.
  Que las virtudes de la Humildad y de la Pureza, me acompañen junto a la Fe, Esperanza y Caridad, durante toda mi vida.
Tú que, a pesar de tus inseguridades personales supiste aceptar dócilmente el Plan de Dios tan pronto supiste de él, ayúdame a tener esa misma actitud obediente, para responder siempre y en todo lugar, a lo que el Señor me pida.
Varón prudente que no te apegas a las seguridades humanas sino que siempre estuviste abierto a responder a lo inesperado, obtenme el auxilio del Divino Espíritu para que viva yo también en prudente desasimiento de las seguridades terrenales.
Modelo de celo, de trabajo constante, de fidelidad silenciosa, de paternal solicitud, obtenme esas bendiciones, para que pueda crecer cada día más en ellas y así asemejarme día a día al modelo de la plena humanidad: EL SEÑOR JESÚS.
Amén
Oremos
Oh Dios, que por una providencia inefable, tuviste a bien elegir al Bendito San José como esposo de Tu Madre, Te rogamos nos concedas que, como le veneramos como protector en la tierra, podamos merecer tenerlo como intercesor en el cielo. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Oh glorioso San José, ayúdanos a utilizar los dones que hemos recibido del Dios Todopoderoso:
Para trabajar con confianza, orden, paz, moderación y, paciencia, sin negar jamás nuestras responsabilidades y dificultades
Para trabajar sobre todo con una intención pura y una separación del interés en sí mismo; teniendo siempre presente la hora de la muerte y el recuento que debemos hacer del tiempo malgastado, de los talentos desempleados, del bien deshecho y, de nuestro vacío orgullo en el éxito.
Alcánzanos, San José, la gracia de hacer siempre la Santa Voluntad de Dios. Amén.

sábado, 16 de marzo de 2013

DISCURSO DE S. S. FRANCISCO ANTE LOS PERIODISTAS

VATICANO, 16 Mar. 13 / 10:41 am (ACI/EWTN Noticias).-

Rezando en el Balcón tras ser elegido  Papa Francisco
 Queridos amigos

Al comienzo de mi ministerio en la Sede de Pedro, me alegra encontrarme con vosotros, que habéis trabajado aquí en Roma en este momento tan intenso, que comenzó con el anuncio sorprendente de mi venerado predecesor,Benedicto XVI, el pasado 11 de febrero. Os saludo cordialmente a todos vosotros.

El papel de los medios de comunicación ha ido creciendo cada vez más en los últimos tiempos, hasta el punto de que se hecho imprescindible para relatar al mundo los acontecimientos de la historia contemporánea.

Expreso, pues, un agradecimiento especial a vosotros por vuestro competente servicio durante los días pasados – habéis trabajado ¡eh!, habéis trabajado – en los que el mundo católico, y no sólo el católico, ha puesto sus ojos en la Ciudad Eterna, y particularmente en este territorio cuyo «centro de gravedad» es la tumba de San Pedro.

En estas semanas, habéis tenido ocasión de hablar de la Santa Sede, de laIglesia, de sus ritos y tradiciones, de su fe y, sobre todo, del papel del Papa y de su ministerio.

Doy gracias de corazón especialmente a quienes han sabido observar y presentar estos acontecimientos de la historia de la Iglesia, teniendo en cuenta la justa perspectiva desde la que han de ser leídos, la de la fe. Los acontecimientos de la historia requieren casi siempre una lectura compleja, que a veces puede incluir también la dimensión de la fe.

Los acontecimientos eclesiales no son ciertamente más complejos de los políticos o económicos. Pero tienen una característica de fondo peculiar: responden a una lógica que no es principalmente la de las categorías, por así decirlo, mundanas; y precisamente por eso, no son fáciles de interpretar y comunicar a un público amplio y diversificado.

En efecto, aunque es ciertamente una institución también humana, histórica, con todo lo que ello comporta, la Iglesia no es de naturaleza política, sino esencialmente espiritual: es el Pueblo de Dios. El santo Pueblo de Dios que camina hacia el encuentro con Jesucristo. Únicamente desde esta perspectiva se puede dar plenamente razón de lo que hace la Iglesia Católica.

Cristo es el Pastor de la Iglesia, pero su presencia en la historia pasa a través de la libertad de los hombres: uno de ellos es elegido para servir como su Vicario, Sucesor del apóstol Pedro; pero Cristo es el centro, no el Sucesor de Pedro: Cristo. Cristo es el centro.

Cristo es la referencia fundamental, el corazón de la Iglesia. Sin él, ni Pedro ni la Iglesia existirían ni tendrían razón de ser. Como ha repetido tantas veces Benedicto XVI, Cristo está presente y guía a su Iglesia.

En todo lo acaecido, el protagonista, en última instancia, es el Espíritu Santo. Él ha inspirado la decisión de Benedicto XVI por el bien de la Iglesia. Él ha orientado en la oración y la elección a los cardenales.

Es importante, queridos amigos, tener debidamente en cuenta este horizonte interpretativo, esta hermenéutica, para enfocar el corazón de los acontecimientos de estos días.

De aquí nace ante todo un renovado y sincero agradecimiento por los esfuerzos de estos días especialmente fatigosos, pero también una invitación a tratar de conocer cada vez mejor la verdadera naturaleza de la Iglesia, y también su caminar por el mundo, con sus virtudes y sus pecados, y conocer las motivaciones espirituales que la guían, y que son las más auténticas para comprenderla.

Tened la seguridad de que la Iglesia, por su parte, dedica una gran atención a vuestro precioso cometido; tenéis la capacidad de recoger y expresar las expectativas y exigencias de nuestro tiempo, de ofrecer los elementos para una lectura de la realidad.

Vuestro trabajo requiere estudio, sensibilidad y experiencia, como en tantas otras profesiones, pero implica una atención especial respecto a la verdad, la bondad y la belleza; y esto nos hace particularmente cercanos, porque la Iglesia existe precisamente para comunicar esto: la Verdad, la Bondad y la Belleza «en persona».

Debería quedar muy claro que todos estamos llamados, no a mostrarnos a nosotros mismos, sino a comunicar esta tríada existencial que conforman la verdad, la bondad y la belleza.

Algunos no sabían por qué el Obispo de Roma ha querido llamarse Francisco. Algunos pensaban en Francisco Javier, en Francisco de Sales, también en Francisco de Asís.

Les contaré la historia. Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito de San Pablo, y también prefecto emérito de la Congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, un gran amigo. Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa, él me confortaba.

Y cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque había sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís.

Después he pensado en las guerras, mientras proseguía el escrutinio hasta terminar todos los votos. Y Francisco es el hombre de la paz. Y así, el nombre ha entrado en mi corazón: Francisco de Asís.

Para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre... ¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!

Después, algunos hicieron diversos chistes: «Pero tú deberías llamarte Adriano, porque Adriano VI fue el reformador, y hace falta reformar...». Y otro me decía: «No, no, tu nombre debería ser Clemente». «Y ¿por qué?». «Clemente XV: así te vengas de Clemente XIV, que suprimió la Compañía de Jesús». Son bromas.

Os quiero mucho. Os doy las gracias por todo lo que habéis hecho. Y pienso en vuestro trabajo: os deseo que trabajéis con serenidad y con fruto, y que conozcáis cada vez mejor el Evangelio de Jesucristo y la realidad de la Iglesia.

Os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María, Estrella de la Evangelización, a la vez que os expreso los mejores deseos para vosotros y vuestras familias, a cada una de vuestras familias, e imparto de corazón a todos mi Bendición.

(Palabras en español)

Les dije que les daba de corazón la bendición. Como muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia católica, otros no son creyentes, de corazón doy esta bendición en silencio a cada uno de ustedes, respetando la conciencia de cada uno, pero sabiendo que cada uno de ustedes es hijo de Dios. Que Dios los bendiga.

EN LA 1ª HOMILA DEL PAPA FRANCISCO


S.S. FRANCISCO REZA EN BALCON
 LOGGIA SAN PEDRO TRAS SER ELEGIDO PAPA

...SI NO CONFESAMOS A JESUCRISTO, NOS CONVERTIREMOS EN UNA ONG PIADOSA, PERO NO EN LA IGLESIA, ESPOSA DEL SEÑOR.
          S.S.FRANCISCO A LOS CARDENALES ELECTORES

MADRE TERESA DE CALCUTA . RECEMOS




RECEMOS



RECEMOS


OREMOS POR LOS SACERDOTES





Preces por los sacerdotes
A nuestro Santísimo Padre, el Papa,
ENVUÉLVELO EN TU GRACIA, SEÑOR.
A los Cardenales y delegados Pontificios,
ENVÍALES TU LUZ, SEÑOR.
A los Arzobispos y Obispos,
DALES TUS DONES, SEÑOR.
A los sacerdotes formadores en los seminarios,
DALES TU CIENCIA, SEÑOR.
A los sacerdotes Diocesanos,
NUNCA LOS DEJES, SEÑOR.
A los sacerdotes religiosos,
HAZLOS PERFECTOS, SEÑOR.
A los sacerdotes encargados de los hospitales,
DALES CONSTANCIA, SEÑOR.
A los sacerdotes enfermos,
SÁNALOS, SEÑOR.
A los sacerdotes tibios,
AUMÉNTALES SU FERVOR, SEÑOR.
A los sacerdotes débiles,
FORTALÉCELOS, SEÑOR.
A los sacerdotes tentados,
DALES EL TRIUNFO, SEÑOR.
A los sacerdotes en pecado,
DALES TU GRACIA Y PERDÓN, SEÑOR.
A los sacerdotes pobres,
SOCÓRRELOS, SEÑOR.
A los sacerdotes celosos,
AYÚDALOS, SEÑOR.
A los sacerdotes que desean amarte,
ENCIÉNDELOS, SEÑOR.
A los sacerdotes tristes,
CONSUÉLALOS, SEÑOR.
A los sacerdotes turbados,
DALES PAZ, SEÑOR.
A los sacerdotes ancianos,
SOSTÉNLOS, SEÑOR.
A los sacerdotes jóvenes,
IMPÚLSALOS A TU GLORIA, SEÑOR.
A los sacerdotes aislados,
ACOMPÁÑALOS, SEÑOR.
A los sacerdotes atados a lo terreno,
ROMPE SUS CADENAS , SEÑOR.
A los sacerdotes misioneros,
PROTÉGELOS, SEÑOR.
A los sacerdotes predicadores,
ILUMÍNALOS, SEÑOR.
A los sacerdotes directores de almas,
INSTRÚYELOS, SEÑOR.
 A los sacerdotes párrocos,
CONCÉDELES LA VIRTUD DE SERVIR A LOS DEMÁS, SEÑOR.
De los sacerdotes vicarios,
NO TE APARTES, SEÑOR.
A los sacerdotes difuntos,
DALES TU GLORIA, SEÑOR.
De toda tu Iglesia purgante y  militante,
APIÁDATE, SEÑOR.
A todos los sacerdotes,
CONCÉDELES LA VIRTUD DE LA PUREZA, LA ALEGRÍA DE SERVIRTE EN LA OBEDIENCIA Y EL DON DE LA PERSEVERANCIA, DANDO TESTIMONIO DE TI, SEÑOR.
Santo Cura de Ars



Oh, Jesús, Pastor eterno de las almas,
                               AMÉN
Ruega por cada uno de los  sacerdotes, por su fidelidad y dedicación pastoral al servicio de  Dios y de los Sacramentos

Dadnos muchos y santos sacerdotes y haz de nuestras familias semilleros de vocaciones.