SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

domingo, 30 de marzo de 2014

4º DOMINGO DE CUARESMA. DOMINGO DE LAETARE.

EL CIEGO Y LA LUZ
Domingo 4º de Cuaresma. A
30 de marzo de 2014
Tradicionalmente este cuarto domingo de cuaresma es llamado “Laetare”, es decir “Alégrate”, por las primeras palabras de la antífona de entrada en la eucaristía.
En medio de la aparente oscuridad de este tiempo cuaresmal, esa invitación es un anticipo de la luz y de la alegría pascual. Este domingo central de la cuaresma invita a los catecúmenos a preparase para el bautismo que recibirán en la Pascua. Y a todos nosotros nos exhorta a agradecer el don de la fe.
En la primera lectura se recuerda que el profeta Samuel ungió con aceite a David para hacerle rey (1 Sam 16). Hay en el texto una frase importante que se coloca en los labios del mismo Dios: “Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia: el Señor ve el corazón”. Ese es el don más precioso de la fe: ver las cosas como las ve Dios.

martes, 25 de marzo de 2014

LA ANUNCIACIÓN -SOLEMNIDAD

Celebramos hoy el Misterio y el Regalo de la Encarnación del Señor en la Virgen María, la que desde este momento lo acompañó hasta el Calvario y de la que podemos  aprender todas las Virtudes con la que Dios Padre la adornó para el Mundo y  la Eternidad, como Madre de Su Hijo y Fiel Intercesora.
Hoy, decía un sacerdote amigo, ya fallecido, recordamos el Día más importante para la Humanidad.
Demos Gracias y Alabanza a Dios.

Angelus Domini, nuntiavit Mariae

Et concepit de Spiritu Sancto

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1, 26-38
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
-«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. »
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
-«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel:
-«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
-«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó:
-«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra. »
Y la dejó el ángel.
Palabra del Señor.

lunes, 24 de marzo de 2014

REZO DEL ANGELUS PAPA FRANCISCO :LA SAMARITANA . DOMINGO III DE CUARESMA 2014



PAPA FRANCISCO REZO DEL ANGELUS

Palabras del Papa (texto completo):
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
el Evangelio de hoy nos presenta el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, sucedido en Sicar, junto a un antiguo pozo donde la mujer iba cada día, para sacar agua. Aquel día se encontró a Jesús, sentado, “fatigado por el viaje” (Juan 4, 6). El inmediatamente le dice, “dame de beber” (v 7, 7). De este modo supera las barreras de hostilidad, que existían entre judíos y samaritanos y rompe los esquemas del prejuicio en frente a las mujeres. El simple pedido de Jesús es el inicio de un dialogo sincero, mediante el cual Él, con gran delicadeza, entra en el mundo interior de una persona a la cual, según los esquemas sociales, no tendría ni si quiera que haberle dirigido la palabra. Pero Jesús lo hace, eh? Jesús no tiene miedo. Jesús cuando ve una persona va adelante porque ama, nos ama a todos, no pasa de largo jamás ante una persona por prejuicios. Jesús pone a la samaritana frente a su realidad, no juzgándola sino haciéndola sentir considerada, reconocida, y suscitando así en ella el deseo de ir más allá de la rutina cotidiana. 
Aquella de Jesús era una sed no tanto de agua, sino de encontrar un alma sedienta. Jesús tenía necesidad de encontrar a la samaritana para abrirle el corazón: le pide de beber para poner en evidencia la sed que había en ella misma. La mujer queda tocada por este encuentro: dirige a Jesús aquellas preguntas profundas que todos tenemos dentro, pero que muchas veces ignoramos. 
Queridos hermanos y hermanas, ¡también nosotros tenemos tantas preguntas para hacer, pero no encontramos el coraje de dirigirlas a Jesús! La Cuaresma es el tiempo oportuno para mirarse dentro, para hacer surgir nuestros deseos espirituales más verdaderos y pedir la ayuda del Señor en la oración. El ejemplo de la samaritana nos invita a expresarnos así: “ Jesús dame de esa agua así no tendré más sed”. 
JESÚS Y LA SAMARITANA

El evangelio dice que los discípulos quedaron maravillados de que su maestro hablara con esa mujer. Pero el Señor es más grande que los prejuicios, por eso no tiene temor de detenerse con la samaritana: la misericordia es más grande que el prejuicio. La misericordia es más grande que el prejuicio, esto tenemos que aprenderlo bien, eh? La misericordia es más grande que el prejuicio y Jesús es tan misericordioso, tanto. El resultado de aquel encuentro junto al pozo fue que la mujer fue transformada: “dejó su cántaro” (v 28) y corre a la ciudad a contar su experiencia extraordinaria. He encontrado un hombre que me ha dicho todas la cosas que yo he hecho, quizás es el Mesías. ¡Estaba entusiasmada! Había ido a buscar agua del pozo, y ha encontrado otra agua, el agua viva de la misericordia que salta hasta la vida eterna. ¡Ha encontrado el agua que buscaba desde siempre!, corre al pueblo, aquel pueblo que la juzgaba y la rechazaba, y anuncia que ha encontrado al Mesías: uno que le ha cambiado la vida. Porque cada encuentro con Jesús, nos cambia la vida, siempre un paso más adelante, un paso más cerca de Dios. Y así cada encuentro con Jesús nos cambia la vida. Siempre, eh? ¡Siempre es así!
En este evangelio encontramos también nosotros el estímulo para “dejar nuestro cántaro”, símbolo de todo lo que aparentemente es importante, pero que pierde valor frente al “amor de Dios”. Todos tenemos uno, todos tenemos uno o más de uno eh? Yo les pregunto a ustedes, también a mí: cuál es tu cántaro interior, aquel que te pesa, aquel que te aleja de Dios? Dejémoslo un poco aparte y con el corazón sintamos la voz de Jesús que nos ofrece otra agua, otra agua que nos acerca al Señor. 
Estamos llamados a redescubrir la importancia y el sentido de nuestra vida cristiana, iniciada en el bautismo y como la samaritana, ha dar testimonio a nuestros hermanos de la alegría del encuentro con Jesús; testimoniar la alegría del encuentro.
Cada encuentro con Jesús nos cambia la vida. También cada encuentro con Jesús nos llena de alegría, aquella alegría interior que nos viene. Y así el Señor hace estas cosas maravillosas. El Señor sabe actuar en nuestro corazón cuando nosotros somos valientes y dejamos aparte nuestro cántaro.

Después de la oración mariana el Santo Padre añadió:
Queridos hermanos y hermanas,
Mañana se celebra la Jornada Mundial de la Tuberculosis: recemos por todas las personas afectadas por esta enfermedad, y por todos ellos que en diverso modo les apoyan. 
Viernes y sábado próximos viviremos un momento especial penitencial, llamado “24 horas para el Señor”. Iniciará con la Celebración en la Basílica de San Pedro, el viernes por la tarde, después en la noche algunas iglesias del centro de Roma estarán abiertas para rezar y para las confesiones. Será una fiesta del perdón, que tendrá lugar también en muchas diócesis y parroquias del mundo. 
Y ahora les saludo a todos de corazón, fieles de Roma y peregrinos de tantos países, en particular aquellos de Zagreb y Zadara en Croacia, y de Bocholt en Alemania; el colegio “Capitanio” de Seto_Shi, en Japón, los estudiantes del Illinois (EEUU de America) y aquellos de Ferrol, España.
Saludo a la comunidad del Pontificio Colegio Alemán-Húngaro, los responsables nacionales de la FUCI, los catequistas venidos por el curso de “Arte visual y catequesis”, y los participantes de la convención titulado “En el concebido: el rostro de Jesús”. 
Un saludo a los grupos de fieles de Altamura, Matera, Treviglio, Florencia, Salerno, Venecia, Santa Severina y Verdellino; a los chicos de Cembra y Lavis, y a aquellos de Conversano, a los niños de Vallemare (Pescara); a los scout de Castillo San Pedro; a los estudiantes de Cagliari y de Gioia Tauro; al grupo de chicos de catorce años de Milán. 
Saludo finalmente al Centro de Servicio para el Voluntariado, al círculo ACLI de Masate, a la Asociación Familia Murialdo, de Nápoles; la Policía Municipal di Orvieto.
A todos les deseo un buen domingo y un buen almuerzo. ¡Hasta la vista! 

domingo, 23 de marzo de 2014

PAPA FRANCISCO CATEQUIZA SOBRE SAN JOSÉ

Catequesis del Papa Francisco sobre San José, audiencia general

19 de mar de 2014
Crecer en edad, crecer en sabiduría, crecer en gracia. Este es el trabajo que ha hecho José con Jesús
Estatua de San José en la Catedral de Notre Dame. Foto: Vassil (CC-BY 3.0)Queridos hermanos y hermanas, buenos días:

Hoy, 19 de marzo, se celebra la fiesta de San José, Esposo de María y Patrono de la Iglesia Universal. Así que dedicamos esta catequesis a él, que merece toda nuestra gratitud y devoción por como fue capaz de custodiar a la Virgen Santa y al Hijo Jesús. Ser custodio es el sello distintivo de José, es su gran misión, ser custodio.
Hoy me gustaría retomar el tema de la custodia de acuerdo con una perspectiva particular: la perspectiva de la educación. Echemos un vistazo a José como el modelo del educador, que custodia y acompaña a Jesús en su camino de crecimiento “en sabiduría, edad y gracia”, como dice el Evangelio. Él no era el padre de Jesús: el padre de Jesús era Dios, pero él le hacía de papá a Jesús, le hacía de padre para hacerlo crecer. Y ¿cómo lo ha hecho crecer? En sabiduría, edad y gracia.

Empecemos por la edad, que es la dimensión más natural, el crecimiento físico y psicológico. José, junto con María, se encargaron de Jesús, sobre todo, desde este punto de vista, es decir, lo “criaron”, preocupándose de que no le faltara nada de necesario para un desarrollo saludable. No hay que olvidar que el cuidado atento y fiel de la vida del niño también dio lugar a la huida a Egipto, la dura experiencia de vivir como refugiados -José ha sido un refugiado con María y Jesús- para escapar de la amenaza de Herodes. Luego, una vez de vuelta a casa y establecidos en Nazaret, hay todo el largo período de la vida de Jesús en su familia. En aquellos años, José enseñó también a Jesús su trabajo, y Jesús ha aprendido a hacer el trabajo carpintero con su padre José. Así José ha criado a Jesús.

Pasemos a la segunda dimensión de la educación que es la de la “sabiduría. José fue para Jesús ejemplo y maestro de esta sabiduría, que se nutre de la Palabra de Dios. Podemos pensar en cómo José educó al pequeño Jesús a escuchar las Sagradas Escrituras, en especial acompañándole el sábado a la sinagoga de Nazaret. Y José lo acompañaba para que Jesús escuchara la palabra de Dios en la sinagoga.

Y, por último, la dimensión de la “gracia”. Dice siempre San Lucas refiriéndose a Jesús: “La gracia de Dios estaba sobre él” (2,40). Aquí, sin duda, la parte reservada a San José es más limitada respecto a los temas de la edad y de la sabiduría. Pero sería un grave error pensar que un padre y una madre no pueden hacer nada para educar a sus hijos a crecer en la gracia de Dios. Crecer en edad, crecer en sabiduría, crecer en gracia. Este es el trabajo que ha hecho José con Jesús: hacerlo crecer, en estas tres dimensiones, ayudarlo a crecer.

Queridos hermanos y hermanas, la misión de San José es sin duda única e irrepetible, porque Jesús es absolutamente único. Y sin embargo, en su custodia a Jesús, educándolo a crecer en edad, sabiduría y gracia, él fue un modelo para todos los educadores, especialmente para cada padre. San José es el modelo del educador y del papá, del padre. Así que encomiendo a su protección a todos los padres, los sacerdotes -que son padres, ¡eh!- y los que tienen un papel educativo en la Iglesia y en la sociedad.

En modo particular quisiera saludar hoy, en el día del papá, a todos los padres, a todos los papás: ¡los saludo de corazón!

Veamos: ¿hay algunos papás en la plaza? Levanten la mano los papás, pero ¡cuántos papás! ¡Felicidades, felicidades en su día!

Pido para ustedes la gracia de estar siempre muy cerca de sus hijos, dejándolos crecer, pero de estar muy cercanos, ¿eh? Ellos tienen necesidad de ustedes, de su presencia, de su cercanía, de su amor. Sean para ellos como San José: custodios de su crecimiento en edad, sabiduría y gracia. Custodios de su camino, educadores. Y caminen con ellos. Y con esta cercanía serán verdaderos educadores. Gracias por todo lo que hacen por su hijos, ¡gracias! Y a ustedes tantas felicidades y buena fiesta del papá, a todos los papás que están aquí, a todos los papás.
 Que San José los bendiga y los acompañe.

También algunos de nosotros hemos perdido al papá, se ha ido, el Señor lo ha llamado; tantos que están en la plaza no tienen a su papá. Podemos rezar por todos los papás del mundo, para los papás vivos y también por aquellos difuntos y por los nuestros, y podemos hacerlo juntos, cada uno recordando a su papá, si está vivo o está muerto. Y recemos al grande Papá de todos nosotros, el Padre, un Padre nuestro por nuestros papás: Padre nuestro…
 ¡Y tantas felicidades a los papás!
 

sábado, 22 de marzo de 2014

EL HIJO PRÓDIGO

Casualmente pensaba esta mañana, cuando sería la lectura de este pasaje del Evangelio, que nos recuerda entre otras cosas, la Infinita Misericordia del Padre, ante nuestros persistentes abandonos, desplantes, pecados, exigencias... y como Él , esta siempre esperando nuestra vuelta, para hacer una fiesta ante el arrepentimiento.

Hoy en Misa, se ha leído este Evangelio, ha sido un Regalo personal:
Siletium tibi laus


Lc 15,1-3.11-32: Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido.
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publica-nos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:

- «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»

Jesús les dijo esta parábola:

-«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."

Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."

Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud."

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»
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EL HIJO PRÓDIGO

YO CREO



YO CREO


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"Yo Creo" es un documental sobre la belleza de la fe que te invita al encuentro personal con Jesucristo. Finalista en el Festival Internacional de Cine Católico de Roma 2013 y Patrocinado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, "Yo Creo" es un documental en 3D que se estrena en España el 21 de Marzo de 2014.
La fuerza emotiva de los testimonios, la belleza de la naturaleza, la pureza de la Palabra de Dios, el arte sacro y una sensacional banda sonora original complementan esta obra de referencia, que toma el Credo católico como recorrido argumental y que intenta mostrar la belleza de la fe.
Si os estáis planteando alguna de las preguntas trascendentales o si ya habéis tomado partido y estáis convencidos, "Yo Creo" os dará una visión nueva, inesperada y sobre todo, sincera de la fe.

Recemos

jueves, 20 de marzo de 2014

SAN RAFAEL ARNÁIZ, HERMANO RAFAEL

SAN RAFAEL ARNÁIZ

Ave María.
Después de una larga temporada (casi un año) pasada en casa de mis padres, reponiéndome de un achaque de mi enfermedad, vuelvo de nuevo a la Trapa para seguir cumpliendo mi vocación, que es solamente amar a Dios, en el sacrificio y en la renuncia, sin otra regla que la obediencia ciega a su divina voluntad.
Creo hoy cumplirla, obedeciendo sin votos y en calidad de oblato, a los superiores de la abadía cisterciense de San Isidro de Dueñas.
Dios no me pide más que amor humilde y espíritu de sacrificio.
Ayer, al dejar mi casa y mis padres y hermanos, fue uno de los días de mi vida que más sufrí.
Es la tercera vez que por seguir a Jesús abandono todo, y yo creo que esta vez fue un milagro de Dios, pues por mis propias fuerzas es seguro que no hubiera podido venir a la enfermería de la Trapa, a pasar penalidades, hambre en el cuerpo, debido a mi enfermedad y soledad en el corazón, pues encuentro a los hombres muy lejos. Sólo Dios..., sólo Dios..., sólo Dios. Ése es mi tema..., ése es mi único pensamiento.
Sufro mucho..., María, Madre mía, ayúdame.
He venido por varios motivos:
1º Por creer cumplir en el monasterio, mejor mi vocación de amar a Dios en la Cruz y en el sacrificio.
2º Por estar España en guerra, y ayudar a combatir a mis hermanos.
3º Para aprovechar el tiempo que Dios me da de vida, y darme prisa a aprender a amar su Cruz.
A lo que solamente aspiro en el monasterio es:
1º A unificarme absolutamente y enteramente con la voluntad de Jesús.
2º A no vivir más que para amar y padecer.
3º A ser el último, menos para obedecer.
Que la Santísima Virgen María, tome en sus divinas manos mis resoluciones y las ponga a los pies de Jesús, es lo único que hoy desea este pobre oblato.
16-12-1937

21 de diciembre de 1937 - martes
De una cosa me tengo que convencer: Todo lo que hago es por Dios. Las alegrías El me las manda; las lágrimas, Él me las pone; el alimento por Él lo tomo, y cuando duermo por Él lo hago.
Mi regla es su voluntad, y su deseo es mi ley; vivo porque a Él le place, moriré cuando quiera. Nada deseo fuera de Dios.
Que mi vida sea un "fiat" constante.
Que la Santísima Virgen María me ayude y me guíe en este breve camino de la vida sobre el mundo.

26 de diciembre de 1937 - domingo
En la vida de comunidad, mientras no aprenda a dominar todo mi «sistema nervioso", no sabré jamás lo que es aprender a mortificarme.
Pobre hermano Rafael... luchar hasta morir; he ahí su destino. Ansias de cielo por un lado, y corazón humano por otro. Total... sufrimiento y cruz.
Pobre hermano Rafael, de corazón demasiado sensible a las cosas de las criaturas... Sufres al no ver amor y caridad entre los hombres... Sufres al no ver más que egoísmo. ¿Qué esperas de lo que es miseria y barro? Pon tu ilusión en Dios y deja a la criatura..., en ella no hallarás lo que buscas.
Pero, ¿y si Dios se oculta?... Qué frío hace entonces en la Trapa. La Trapa sin Dios..., no es más que una reunión de hombres.
Son los días de Navidad y en ellos no tengo más que una enorme soledad... Una pena muy honda... Nadie en quien reposar, enfermo y débil... Ah, Señor, y muy poca fe! Dios mío, Dios mío, eres muy bueno... Tu misericordia perdonará mis olvidos..., pero es tanto, Señor, lo que sufro, que mi flaqueza sola no lo podrá resistir.
Nada veo más que mi miseria y mi alma mundana con poca fe y sin amor.
Llegaré, Señor, hasta donde Tú quieras, pero dame fuerzas, y el socorro a su debido tiempo..., mira, Señor, lo que soy.
El día de Nochebuena le entregué al Señor Jesús Niño, lo último que quedaba de mi voluntad. Le entregué hasta mis más pequeños deseos... ¿Qué me queda?... Nada. Ni aun deseos de morir. Ya no soy más que una cosa en posesión de Dios. Mas Señor, ¡qué pobre cosa posees!
Pobre hermano Rafael..., viniste a la Trapa a sufrir..., ¿de qué te quejas?... No me quejo, Señor, pero sufro sin virtud.
Unas lagrimillas en mi soledad el día de Nochebuena... Tú, Señor, que todo lo sabes y todo lo ves..., también todo lo perdonas.
Llena, Señor, mi corazón… Llénalo de eso que no me pueden dar los hombres.
Mi alma sueña con amores, con cariños puros y sinceros. Soy un hombre hecho para amar, pero no a las criaturas, sino a Ti, mi Dios, y a ellas en Ti... Sólo a Ti quiero amar, sólo Tú no defraudas. Sólo en Ti se verá la ilusión cumplida.
Dejé mi hogar... Destrocé pedazo a pedazo mi corazón... Vacié mi alma de deseos del mundo... Me abracé a tu Cruz: ¿Qué esperas, Señor? Si lo que deseas es mi soledad, mis sufrimientos y mi desolación..., tómalo todo, Señor, nada te pido.
 



miércoles, 19 de marzo de 2014

ITE A JOSEPH

Ite ad Joseph

A las 2:10 AM, por Buhardilleros
Categorías : General
En la Solemnidad de San José, presentamos un bellísimo artículo sobre este gran santo que ha sido ofrecido a nuestro blog por Javier Luiz Candelario Diéguez, presidente de la Sociedad Una Voce Cuba.
Aprovechamos la ocasión para elevar a Dios una oración por nuestro Santo Padre Benedicto XVI con ocasión de su onomástico, pidiendo que sea bendecido con la protección y asistencia de su celestial patrono.

***
Por encima de los mártires y de las vírgenes santas, más encumbrado que los patriarcas y los profetas, y aún más elevado que los apóstoles y los coros angélicos, se encuentra en singular trono de gloria San José. Pues así como en la tierra no hubo nadie después de la Santísima Virgen, más próximo a Jesús, que él, así tampoco después de la Virgen María,  en los cielos lo hay más cercano a Dios que San José. Y es precisamente, en proporción con esta gloria tan excelsa, de donde deriva su tan poderosa intercesión. Nuestro Señor Jesucristo, que en la tierra le estuvo sujeto, rindiéndole obediencia y respeto como a verdadero Padre, no dejará de conceder en el cielo todo aquello por cuanto San José le ruegue. Bien enseña Santo Tomas de Aquino, que le está concedido el socorrer en toda necesidad y negocio, el defender y favorecer y tratar con paternal afecto a todos los que acuden a él. A propósito de lo cual decía Santa Teresa de Ávila: “Parece que algunos Santos han recibido de Dios la gracia de socorrer en una necesidad particular; este en cambio socorre en todas, según lo sé por experiencia, y quien no se fiara de mis palabras que lo ponga a prueba…” Sin embargo sorprende y contrasta que aun hoy en día San José continué siendo el santo olvidado de muchos.

La solemnidad de Ntro. Padre y Señor san José, cada 19 de Marzo, es un momento realmente especial en el Año Litúrgico.  En este día la Santa Madre Iglesia reconoce los méritos y virtudes de Aquel, a quién estuvieron confiados la guarda y cuidado de la Sagrada Familia. Mas, el padre adoptivo del Redentor y Purísimo Esposo de la Madre de Dios, continúa desde el cielo velando e intercediendo por la Familia de su Hijo: la Iglesia Católica; de quien es solicito patrono universal y defensor.

San José es el varón justo y dichoso que toco a María por esposo, al que le fue concedido ver y oír, alimentar y sostener, educar, llevar en brazos, besar, vestir y custodiar a Jesús, el Verbo eterno del Padre, a quien tanto los profetas anunciaron, a quien la humanidad entera por siglos espero y  a quien los reyes y los sabios murieron deseando conocer. San José es el carpintero humilde y decidido que acepta el plan de Dios y como María también brinda un si generoso.

Ser padre de Jesús y esposo castísimo de la Virgen María son los principales títulos de la grandeza de san José, sin excluir otros, claro está, pero sólo a partir de estos se supone un caudal asombroso de gracias y santidad; directamente proporcionados a la excelsitud de su misión. En el hogar y taller de Nazaret San José es cabeza y guía de la Sagrada Familia, maestro de la vida interior, que nos enseña caminos concretos, modos humanos y divinos de acercarnos a Jesús, a tratar a Nuestro Dios a ser limpios; dignos de ser otros Cristos… Trabajador empeñado en su tarea, servidor fiel de Dios en relación continúa con Jesús, que experimento lo que es ser de Dios y estar plenamente entre los hombres, santificando el mundo. Con el homenaje de su veneración, los magos ofrecieron a Jesús oro, incienso y mirra; San José en cambio le había dado, por entero su corazón joven y enamorado. Coloca el dulce nombre de Jesús al Salvador y derrama lágrimas de dolor al perderle en el templo. Arriesga y sacrifica todo, por estar junto a Jesús y a María, salvando la vida del Niño al huir a Egipto, para terminar luego de toda una vida a su lado muriendo tranquilo en sus brazos.

“Ite ad Joseph”, acudid a San José, como ha dicho la tradición cristiana con una frase tomada del Antiguo Testamento porque la devoción a San José no pueden faltar en ninguna alma cristiana. Pedir e imitar sus elevadas virtudes, solicitar su auxilio, implorar su patrocinio es prenda segura de bienaventuranza. La misma Iglesia nos brinda ejemplo, pues no ha querido transitar por el mundo moderno, sin antes confiarse a su cuidado, mandando colocar su nombre en el Canon de La Misa, y declarándole su solicito patrono universal. Que la devoción al Santo Patriarca esté presente en nuestra vida diaria de cristianos, particularmente durante el mes de Marzo y cada miércoles del año, día especialmente dedicado a su culto y honra. Y nunca olvidemos invocarle en toda necesidad, pero sobre todo a favor de los agonizantes y moribundos de quien es especial protector. En las apariciones de Fátima bien que se nos presenta con el Niño Jesús en brazos bendiciendo al mundo, prueba que desde la gloria no olvida a la débil humanidad caída de quien un día formo parte y es padre solicito, dispuesto siempre a mediar por ella.

En la vida del Santo Patriarca, tenemos los cristianos, el modelo perfecto de la vida interior. Modestia, recogimiento, pureza de corazón, sencillez y rectitud de intención, solo serian las primeras joyas de su diadema. No escatimaba San Pedro Crisólogo al decir: "San José fue un hombre perfecto, que poseyó todo género de virtudes"  En efecto, San José es ejemplo especial para los solteros, por su castidad; para los casados, como padre de la Sagrada Familia; para los religiosos por su entrega a Jesús y María; para los sacerdotes por su respeto al tratar a Cristo; para los trabajadores, pues fue siempre un trabajador ejemplar, para los seminaristas; al ser el educador de Cristo y por las controvertidas decisiones que tuvo que tomar antes de aceptar la decisión de recibir a María como esposa y ser padre custodio de Jesús. Además es el patrono de la buena muerte, ya que murió en los brazos de Jesús y María y de la Iglesia Universal, pues el hogar de Nazaret fue en verdad Iglesia domestica.

Una Voce Cuba, conocedora de su valimiento y especial poder ante Nuestro Señor, atestiguado en los milagros por su medio alcanzados y avalados por el testimonio de innumerables santos, le profesa singular devoción y acogiéndose también ella a su intercesión, le toma y elige por patrono. ¡San José, ayúdanos a hacer y a enseñar como Cristo, los caminos divinos –ocultos y luminosos- diciendo a los hombres que pueden tener de continuo aquí en la tierra una eficacia espiritual extraordinaria. Se tú mismo nuestro camino, porque tu conoces la senda y el atajo cierto, que llevan por tu amor al amor de Jesucristo!

Pidamos al glorioso San José, la gracia de imitarle en su vida santa, al tiempo que nos socorra con su valimiento y auxilio. "Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso Santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan. Paréceme ha algunos años que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío." Santa Teresa de Ávila.

NOVENA A SAN JOSÉ




NOVENA A SAN JOSÉ.

Oración Inicial de todos los días

Hacer la señal de la cruz.

Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.

San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Meditación del día correspondiente

Hacer Petición por la cual se ofrece la Novena

Oración Final de todos los días

¡ACUÉRDATE!

¡Acuérdate! Oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío San José que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado tu protección e implorado tu auxilio, haya quedado sin consuelo! Animado con esta confianza, vengo a tu presencia y me recomiendo fervorosamente a tu bondad. No desatiendas mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acógelas propicio y dígnate socorrerme con piedad. Amén.

Meditación de cada día

Día Primero: Fe de San José

La fe es una virtud sobrenatural que nos inclina a creer todo lo que Dios ha revelado y la Iglesia nos propone. Es la virtud sobre la que se apoyan todas las demás virtudes, pues sin ella no participamos de la vida de la gracia. San José creyó con una fe tan viva que sólo la Santísima Virgen pudo aventajarlo. Toda su vida fue verdaderamente una vida de fe, un acto continuo de fe.

Día Segundo: Fervor de San José

El fervor es la prontitud de la voluntad en el servicio de Dios. San José, siervo bueno y fiel, siempre vivió y trabajó por hacer con perfección y diligencia la voluntad de Dios, aunque le ocasionara grandes sacrificios. Los que aman como San José están dispuestos a sacrificar todo cuanto el Señor les pida.

Día Tercero: Amor de San José al prójimo

El amor con que amamos a Dios y el amor con que amamos al prójimo es un solo amor: son dos ramas de una misma raíz porque si al prójimo no le amamos por Dios y con Dios no le amamos con amor verdadero.

El amor de San José a Dios es el mayor que se puede encontrar después de la Virgen María; su amor al prójimo, por tanto, es también el mayor después del de la reina del Cielo.

Día Cuarto: Prudencia de San José

La prudencia es al virtud que dirige todas las cosas a buen fin. Ninguna virtud obra sin que ella le ordene el modo y el tiempo en que debe hacerlo.La prudencia sirvió de guía a san José para llevar a cabo felizmente la misión del Señor de ser custodio de Jesús y esposo de María, a pesar de los grandes trabajos y contradicciones que halló a su paso.

Día Quinto: Fortaleza de San José

La fortaleza es una firmeza de ánimo, una presencia de espíritu, contra todos los males y contrariedades. La vida de San José, después de la de Jesús y María, fue la que mayores contradicciones experimentó; debía ser también varón fuerte. Belén, Nazaret, Egipto, demostraron el heroísmo de la fortaleza del Santo, que sufrió con constancia todos los dolores y trabajos de su vida.

Día Sexto: Pureza de San José

San José fue custodio de Cristo Jesús, y verdadero esposo de la más pura criatura, María Madre de Dios. San José apareció a los ojos de Dios adornado con tanta pureza que el Señor le confió sus más grandes tesoros. Con este ejemplo sublime de pureza. ¿No nos animaremos a ser puros en pensamientos, palabras y obras?

Día Séptimo: Pobreza de San José

Bienaventurados son los pobres de Cristo, que viven desprendidos de los bienes de este mundo y dan a sus hermanos aún de lo preciso. San José tenía ante sí el ejemplo de María y el ejemplo de Jesús, hijo de Dios, que para predicar el desprendimiento y amor a la pobreza se hizo pobre, teniendo por cuna un pesebre en su nacimiento. Vivió pobre San José y dio de su pobreza a los más necesitados.

Día Octavo: Paciencia de San José

Es esta una virtud que nos hace sobrellevar con alegría y paz todos los males de la vida por amor de Dios. Es necesaria la paciencia para alcanzar el cielo; y no hay virtud de mas frecuente ejercicio desde que existe el pecado. En la vida de san José hubo muchas penas pero él padeció con paz, con alegría y completamente resignado a la voluntad de Dios.

Día Noveno: Conformidad de San José con la voluntad de Dios

Todos tenemos absoluta necesidad de esta santa virtud, pues con ella nuestra vida se hace un cielo y sin ella se vuelve un infierno. San José, modelo acabado de toas las virtudes, lo es especialmente de la conformidad con la voluntad de Dios. Toda su vida sembrada de alegrías y de penas, es escogido por Dios Padre para que hiciese sus veces en la Sagrada Familia, asociado a la suerte de Jesús y de María, practicó constantemente esta virtud.

SOLEMNIDAD DEL SEÑOR SAN JOSÉ



NuestroPadre y Señor San José

Querido San José:
Te ruego me permitas darte gracias por los cuidados que me prestas,
 por la intercesión silenciosa, 
que  resuelve mis problemas o me ayuda a aceptarlos.
Ya me conoces, soy un hombre necesitado, poco paciente y desordenado,
y tengo tantas cosas por hacer que sin tu colaboración , desde  donde estés,
estoy seguro que no me abandonas..
Me indicas las virtudes que por ti vividas, debiera yo imitar:
la fortaleza, la esperanza, la fe, la castidad  y la caridad, pero sobre

San José Obediente

todo la obediencia al Dios, que te escogió, para ser el padre de su Hijo en la tierra  y a la vez de Él y del Espíritu, que nace del Amor.
Fiel y trabajador, amable, dócil a las llamadas de Dios y presto a cumplirlas.
Esposo de María, Guarda de la Sagrada Familia, padre de Jesús...
en tus manos, dejamos nuestras necesidades...
Ruega por nosotros, Santo Patriarca San José.

Patrón de la Iglesia, cuida de los sacerdotes, religiosos y religiosas, cuida de los laicos consagrados y de todos los que a tu puerta llaman. 
No me olvido pedirte, no hace falta, 
por aquellos que no te conocen o te desprecian sin haber tratado contigo, ruega  por los que cometemos faltas o pecados, ayúdanos a acercarnos a Dios...
Santo Patriarca San José. Ruega por Nosotros.Amén.

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Numerosos autores cristianos, varios de ellos doctores de la Iglesia, se refirieron a lo largo de la historia a José de Nazaret (Beda el Venerable,Bernardo de ClaravalTomás de Aquino en su Summa Theologiae, 3, q. 29, a. 2 in c.). Sixto IV (1471-1484) introdujo la festividad de San José en elBreviario romano, e Inocencio VIII (1484-1492) la elevó a rito doble.
También desde el comienzo de la Orden de Frailes Menores, los franciscanos se interesaron en José de Nazaret como modelo único de paternidad. Distintos escritores franciscanos desde el siglo XIII al XV (Buenaventura de FidanzaJuan Duns ScotoPedro Juan OliviUbertino da CasaleBernardino de Siena, y Bernardino de Feltre) fueron sugiriendo progresivamente cómo José de Nazaret podría convertirse en un modelo de fidelidad, de humildad, pobreza y obediencia para los seguidores de Francisco de Asís.


 Santa Teresa de Ávila dio a la devoción a San José el espaldarazo definitivo en el siglo XVI. Esta mística española relata su experiencia personal referida a José de Nazaret en el Libro de la Vida:
Y tomé por abogado y señor al glorioso san José, y encomendéme mucho a él. [...] No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra (que como tenía nombre de padre siendo ayo, le podía mandar), así en el cielo hace cuanto le pide. [...] Paréceme, ha algunos años, que cada año en su día le pido una cosa y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío. [...] Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas, que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los Ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a san José por lo bien que les ayudó en ello. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro, y no errará en el camino.14
Teresa de ÁvilaLibro de la Vida, cap. 6, nn. 6-8.



 San José recibió el don divino de la paternidad aún siendo verdadero esposo virginal, de ahí su dignidad y santidad. San José fue declarado patrono de la familia y es por antonomasia el patrono de la buena muerte, atribuyéndosele el haber muerto en brazos de Jesús y de María.
El papa Pío IX lo proclamó patrono de la Iglesia universal en 1870. Debido a su trabajo de carpintero es considerado patrono del trabajo, especialmente de los obreros, por dictamen de Pío XII en 1955, que quiso darle connotación cristiana a la efeméride del Día internacional de los trabajadores.
La Iglesia católica lo ha declarado también protector contra la duda y el papa Benedicto XV lo declaró además patrono contra el comunismo y la relajación moral. El 15 de agosto de 1989, el papa Juan Pablo II le dedicó la exhortación apostólica Redemptoris Custos, en ocasión del centenario de la encíclica Quamquam pluries del papa León XIII.15 Ha sido proclamado patrono de AméricaChinaCanadáCoreaMéxicoAustriaBélgica,BohemiaCroaciaPerúVietnam.

San José es llamado el "Santo del silencio" No conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. José fue "santo" desde antes de los desposorios. Un "escogido" de Dios. Desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor.






domingo, 16 de marzo de 2014

EL SECRETARIO DE S.S. JUAN XXIII

El secretario de Roncalli escribe "Mis años con el Papa Juan XXIII" (La Esfera)

El "testamento" de Loris Capovilla: "La utopía consiste en rendirse a Jesús sin condiciones"

"Él se merecía un colaborador más digno y culto, más preparado y equilibrado, y también más valiente"

Redacción, 15 de marzo de 2014 a las 19:18
(Loris Capovilla, epílogo de "Mis años con el Papa Juan XXIII"-La Esfera-).- He recorrido un largo y accidentado trayecto antes de llegar a Ca' Maitino, la última casa de mi vida. He conocido a muchas personas, y he conversado largamente con algunas de ellas. He vivido acontecimientos más grandes que yo.
He pasado por experiencias que me han marcado, incluso que me han herido. No llegué a paladear el paraíso de la infancia. Por consiguiente, un atisbo de melancolía, púdicamente disimulada, me ha acompañado un día tras otro; en ocasiones ha perturbado las relaciones con mi prójimo, ha recortado las alas a mis arranques.
Ahora, en el crepúsculo de mi jornada, como último entre los suyos, me gusta volver a escuchar la pregunta que le hacía Jesús a los apóstoles, y que resuena en lo más profundo de mi conciencia: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16, 15). Aquellos jóvenes lo habían dejado todo para seguirle. Vivían junto a él, a la escucha, deseosos de ayudar, de aprender. Recorrían con él los caminos de Palestina, animados por la misma fe de Abraham, testigos de las señales que acompañaban a las palabras del Maestro. Pedro escuchó la pregunta y respondió en nombre de todos: «Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente». Y vuelve a decir lo mismo en otra ocasión en la sinagoga de Cafarnaúm, tras la multiplicación de los panes y los peces: «Y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6, 69).
Poco tiempo me separa del redde rationem, y tengo que reducirlo todo a los términos más simples, desembarazarme del lastre residual, de los patéticos diarios y de los álbumes ilustrativos, de románticas fantasías y de estériles añoranzas. He de reducirlo todo a lo esencial, y apuntar la proa hacia el puerto.
A ello me incita Juan XXIII en una reflexión suya de 1945, cuando tenía sesenta y cuatro años, treinta y tantos años menos de los que tengo yo ahora: «No debo esconderme la verdad: decididamente, voy camino de la vejez. El espíritu se rebela y protesta, sintiéndome todavía tan joven, ligero, ágil y fresco. Pero basta que me mire al espejo para llenarme de confusión. Es la estación de la madurez; debo, pues, producir más y mejor, pensando que quizá el tiempo que tengo concedido para vivir es breve, y que me encuentro ya cerca de las puestas de la eternidad».
¡Así fue mi parábola! Me sentí atraído al sacerdocio desde que era un muchacho, que creció en la provincia véneta en una familia carente de recursos y sin historia, fundada en unos principios indiscutibles, guardiana de unos valores originarios, cristiana solo lo necesario.
Al ser invitado a dejarme modelar por Cristo, y a sumergirme en la tradición milenaria de la Iglesia, intenté responder desde un principio a la pregunta a la que nadie puede sustraerse: «¿Quién es Jesús para mí?». Tuve que dar una respuesta no evasiva, y la di: «Jesús es el hijo de la Virgen María, el Salvador, el Maestro, el fundador de la Iglesia, el Resucitado, el Viviente».
Soy sacerdote desde hace más de setenta años, obispo desde hace casi cincuenta, y sin embargo para mí Jesús es el mismo que mi madre y mis educadores me enseñaron a escuchar y a amar: el mismo al que conocí en el catecismo parroquial en Azione Cattolica. Es el Jesús de los curas y de los laicos que me sirvieron de ejemplo, en ocasiones hasta la exaltación, a lo largo de las décadas.
¿Quién es Jesús? Es el que me hizo partícipe de la naturaleza divina, y el que me ayuda a ser consciente de ella y a portarme de una forma coherente, como me sugiere una vez más Juan XXIII en una breve nota suya de 1948: «El camino más seguro para mi santificación personal [...] es siempre el esfuerzo vigilante por reducir todo -principios, directrices, posiciones, asuntos- al máximo de sencillez y de calma, con cuidado de podar en todo tiempo mi viña de lo que solo son hojas o ramas inútiles, marchando derecho a lo que es verdad, justicia y caridad: sobre todo, caridad. Cualquier otro sistema de actuación no es más que jactancia y afán de afirmación personal, que pronto se traiciona y resulta molesta y ridícula».
La utopía, así la llaman los incrédulos, consiste en rendirse a Jesús sin condiciones, en leer su Evangelio sin glosa, en poner nuestro propio yo debajo de nuestros pies y verle a Él en todos nuestros semejantes, servirle y amarle. Ese era el sentir de Juan XXIII: un sentir que edifica y que une.
No estoy satisfecho conmigo mismo, y con toda seguridad tampoco lo estuvieron ni lo están muchos de los que cruzaron sus pasos con los míos.
Extiendo la mano y pido caridad como un mendigo, y a la espera de recibir el pan del perdón, recito el Padrenuestro en el umbral de las casas como hacían antiguamente los pobres.
A quien me pregunta en qué lugar se detienen con mayor serenidad mis recuerdos, le contesto: en la parroquia, en Venecia, entre los muchachos de Azione Cattolica, en Parma, entre los aviadores, y por doquier, en las horas silenciosas y solitarias.
Estoy descontento del servicio que presté a Juan XXIII a lo largo de una década, a pesar de mi dedicación y de mi devoción. Me corroe el remordimiento por no haber sido capaz de sacar el máximo partido de aquella cercanía, de no haber conseguido penetrar en el secreto de su pobreza de espíritu.
En su último y misterioso trecho del camino, él se merecía un colaborador más digno y culto, más preparado y equilibrado, y también más valiente. En efecto, no me reconozco en la exhortación de Pablo a su discípulo Timoteo, al que invitaba a permanecer firme sobre la roca de las Sagradas Escrituras, «a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Tim 3, 17). Al lado de Juan XXIII sí lo fueron Alfredo Cavagna, su confesor, y Angelo Dell'Acqua, sustituto en la Secretaría de Estado, dos eclesiásticos que están más allá de cualquier elogio.
Ahora, con plena lucidez, quisiera sentir cómo madura dentro de mí la decisión manifestada por Juan XXIII en su testamento: «Pido perdón a todos aquellos a quienes pudiera haber ofendido sin darme cuenta, a todos los que no he podido servir de ejemplo.Siento que no tengo nada que perdonar a nadie, porque a todos los que me conocieron y tuvieron alguna relación conmigo, aunque me ofendieran, o me despreciaran, o me tuvieran en poca estima, por otra parte con toda justicia, o hubieran sido motivo de aflicción para mí, no los reconozco más que como mis hermanos y benefactores, a los que estoy agradecido, y por los que rezo y rezaré siempre».
Me hace mucha compañía un pensamiento, no sabría decir si amargo o realista, de Hermann Hesse: «Cuando uno se ha hecho viejo y ha cumplido con su parte, la tarea que le corresponde es trabar amistad, en silencio, con la muerte; ya no necesita a los hombres, ya ha conocido bastantes». El ovillo de mi existencia se ha devanado entre dos acontecimientos fúnebres: la muerte de mi padre cuando yo tenía seis años, y la de mi madre cuando yo tenía sesenta y nueve. Dentro de ese espacio brilla el tránsito pentecostal de Juan XXIII. Por consiguiente, el ángel de la muerte está a mi lado desde siempre, y no es un esqueleto con una guadaña en la mano; es un rayo de luz que rasga las tinieblas. Mi hora no puede tardar. Pienso en ello todos los días, a veces con una pizca de melancolía, y me preparo para el juicio sin presunción ni temor. No soy tan insensato como para considerarme un justo. Conozco lo suficiente el balance final. Me repito a menudo: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Tim, 4, 7). Tengo confianza en los destinos del planeta Tierra. Sigo alegando atenuantes a las faltas de la humanidad, no por inclinación al vituperado «buenismo», sino por deber de justicia atemperada por la misericordia. Al despedirme de mi querido lugar de retiro y de mis seres queridos, me lleno del enardecido amor de san Francisco por todas las criaturas: «Quisiera conduciros a todos al Paraíso »; y me reafirma en mi fe el credo de Juan XXIII: «Mi jornada terrenal llega a su fin. El Cristo vive y su Iglesia sigue adelante con su obra en el tiempo y en el espacio». Veo nítidamente la breve estancia de mis restos mortales sobre el suelo de la capilla doméstica de Ca'Maitino y su salmodiante recorrido hasta el soleado y desnudo cementerio de montaña; veo cómo desciende mi ataúd hasta la tierra desnuda, y oigo las voces de los asistentes diciéndome píamente adiós con el rostro surcado por las lágrimas y la sonrisa en los labios, conscientes de que todo es hermoso y nuevo bajo el resplandor del Resucitado: todo es gracia.
Santidad, cuando contemplo en la máscara mortuoria realizada por Giacomo Manzù vuestro semblante majestuoso y plácido, marcado por el sufrimiento; o bien cuando tengo entre mis manos alguno de vuestros libros, que hacían vuestro mayor placer; o vuestros epistolarios, o el Diario del alma; o mejor todavía, cuando vuelvo a veros y a hablar con vos en las horas de oración y de contemplación, algo se derrite dentro de mí. La melancolía (si la hay) desaparece. Las ansiedades se aplacan. Vuelve el valor. Florece la esperanza. Abro la Biblia y leo: «La sabiduría del hombre ilumina su rostro» (Ece 8, 1). Y dentro de mí surge el deseo de convertirme en discípulo de Cristo como vos, discípulo no vacilante ni dubitativo, sino decidido y constante; el deseo de imitaros cuando andabais descalzo siguiendo al divino Maestro; cuando arreglabais las redes a la orilla del lago, cuando remabais en la hora de la tormenta e ibais «sin alforja, ni pan, ni dinero» (Lc 9, 3) de aldea en aldea, «perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (Job 1, 1).