SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

domingo, 16 de julio de 2017

LA VIRGEN DEL CARMEN Y SAN JUAN PABLO II

Desde niño tuvo gran devoción a la Virgen del Carmen

«Constituye mi fuerza»: San Juan Pablo II siempre llevó puesto el escapulario del Carmen

 Durante su visita a Perú en 1985, San Juan Pablo II coronó a la Virgen del Carmen en Cuzco.






16 julio 2017
Virgen del Carmen y San Juan Pablo II
Este domingo 16 de julio se celebra una de las adovaciones marianas más celebradas y arraigadas, la de la Virgen del Carmen, con millones de devotos. Uno de los más conocidos y que más habló del escapulario y de la importancia de María fue san Juan Pablo II.

Muchas son las referencias que muestran cómo a lo largo de toda la vida del santo polaco, desde que era niño, en su corazón estaba la Virgen del Carmen. Cari Filii News recuerda esta devoción:

En el año 2001 se celebraba el 750º aniversario de la entrega del Escapulario del Carmen a San Simón Stock, y con ese motivo el Papa reinante, San Juan Pablo II, proclamó un Año Mariano Carmelitano. El 25 de marzo, festividad de la Anunciación, dirigió una carta-mensaje a la Orden del Carmen donde hacía una confesión: “También yo llevo sobre mi corazón, desde hace mucho tiempo, el escapulario del Carmen”.
Desde mi juventud“, reiteró el 16 de julio de 2003 en Castelgandolfo, “llevo en el cuello el escapulario de la Virgen y me refugio con confianza bajo el manto de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Jesús. Espero que el escapulario sea para todos, particularmente para los fieles que lo llevan, ayuda y defensa en los peligros, sello de paz y signo del auxilio de María”.
Para entonces ya era bien conocida esta devoción del Papa polaco a la Virgen del Carmen, que está en la raíz de su interés por San Juan de la Cruz. Siendo estudiante universitario leyó las obras del místico español y pensó ingresar en un convento carmelita donde solía hacer con los religiosos los ejercicios espirituales. No llegó a cumplir ese deseo (fue el cardenal Stefan Sapieha, arzobispo de Cracovia, quien disipó sus dudas, confesaría luego), pero sí le consagró su tesis doctoral, defendida años después en el Angelicum de Roma. Había, pues, un plan de Dios, como había reconocido él mismo en 1988 al coronar (como haría varias veces a lo largo de su pontificado) una imagen de Nuestra Señora del Carmen o del Monte Carmelo, en aquella ocasión la que se venera en Czerna. Fue durante su viaje apostólico a su Polonia natal, y no dudó en afirmar: “Hoy admiro los designios de la Providencia, que me ha incorporado a la espiritualidad carmelitana… Mi primer escapulario, al que he permanecido fiel, y el cual constituye mi fuerza“.


Monasterio carmelita en Wadowice, donde le fue impuesto el escapulario al pequeño Karol Wojtyla cuando tenía 10 años.
Así explicó él mismo la influencia de la espiritualidad carmelitana en sus primeros años: “Al referirme a los orígenes de mi vocación sacerdotal, no puedo olvidar la trayectoria mariana, La veneración a la Madre de Dios en su forma tradicional me viene de la familia, y de la parroquia de Wadowice… En Wadowice había sobre la colina un monasterio carmelita, cuya fundación se remontaba a los tiempos de San Rafael Kalinowski. Muchos habitantes de Wadowice acudían allí, y esto tenía un reflejo en la difundida devoción al Escapulario de la Virgen del Carmen. También yo lo recibí, creo que cuando tenía diez años; y aún lo llevo. Se iba a los carmelitas también para las confesiones. De ese modo, tanto en la iglesia parroquial, como en la del Carmen se formó mi devoción mariana durante los años de la infancia y de la adolescencia”.
Ya como Papa, esa devoción se tradujo en un hecho significativo, que recuerda el padre carmelita Enrique Llamas: “Él ostenta el récord entre todos los Papas por el número de documentos marianos publicados, y en particular por el número de documentos sobre la Virgen del Carmen, el Escapulario, y los Carmelitas”.
Y otro dato: cuando la reforma litúrgica implantada por el Beato Pablo VI en 1969 relegó la festividad de la Virgen del Carmen al rango litúrgico de “memoria libre”, Karol Wojtyla, ya arzobispo de Cracovia, fue uno de los numerosos obispos del mundo que escribieron a la Santa Sede que fuese restablecida y conservase al menos el rango de “memoria obligatoria“, como finalmente se hizo.

La Virgen entrega el escapulario del Carmen a San Simón Stock

La Virgen, guía y auxilio para cumplir la voluntad de Dios
La razón de esta preferencia por la advocación del Carmen no es solamente pietista o referida a su devoción infantil, sino profundamente teológica, en cuanto arraiga en el simbolismo bíblico del Monte Carmelo. Así lo expresó el mismo Juan Pablo II el 16 de julio de 2000, en el rezo del Angelus en el Valle de Aosta, donde se encontraba pasando unos días de descanso: “Al contemplar estas montañas mi mente acude hoy al Monte Carmelo, cantado en la Biblia por su belleza. Y es que celebramos la fiesta de la bienaventurada Virgen del Monte Carmelo. Sobre ese monte, el santo profeta Elías defendió con arrojo la integridad y la pureza de la fe del pueblo elegido del Dios vivo. En esta misma montaña. reuniéronse algunos ermitaños que se dedicaron a la contemplación y a la penitencia. El Carmelo indica simbólicamente el monte de la plena adhesión a la voluntad divina. Todos estamos llamados a escalar esta montaña…”.
Si alguien encarna esa adhesión a la voluntad divina es la mujer del Fiat! a la Encarnación redentora. Y si alguien encarna el auxilio para encaramarnos a ese monte, es la mediadora de todas las gracias. La Virgen del Carmen, esa que, según propia confesión, constituía “toda la fuerza” del Papa Wojtyla.

ESCAPULARIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN

ESCUDO CARMELITANO

Coronación de la Virgen del Carmen en Almería


miércoles, 31 de mayo de 2017

LA VISITACIÓN DE MARÍA

LA SAGRADA PRISA DE MARÍA

La Visitación. Carl Bloch



Hoy, último día de mayo, nos despedimos del mes dedicado especialmente a la Virgen María, un emotivo día en que parece nos despedimos de nuestra Madre para dedicarnos a otros temas, al igual que sentía el cierto adiós al Señor, el pasado día de la Ascensión. El regalo de la Fe, trae el regalo de estos sentimientos, que no sentimentalismos.
Celebramos hoy el día de la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel, mujer ya de edad y embarazada de  seis meses. María desea ayudar  a Isabel. María sirve, María acompaña, María alegra.
 María es María, la elegida de Dios para traernos a su Hijo, desde su humildad, paciencia y confianza, sabiendo que Dios está siempre con ella, que nunca está sola, ante lo que será su vida...y su primera acción, además del "Fiat", sabiéndose en las manos de Dios es continuar su oración, servir, orar sirviendo, cumplir lo mejor, hacer la voluntad de Dios.
Y al enterarse del embarazo de su prima, va a ella a prestarle su ayuda. La "Sagrada Prisa", de la que nos habla el Papa Benedicto XVI, en la Festividad de la  Asunción de María del año 2009.


HOMILÍA DEL PAPA BENEDICTO XVI EN EL AÑO 2009 PARA LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN
 Parroquia Pontificia de Santo Tomás de Villanueva, Castelgandolfo, Sábado 15 de agosto de 2009
 Con la solemnidad de hoy culmina el ciclo de las grandes celebraciones litúrgicas en las que estamos llamados a contemplar el papel de la santísima Virgen María en la historia de la salvación. En efecto, la Inmaculada Concepción, la Anunciación, la Maternidad divina y la Asunción son etapas fundamentales, íntimamente relacionadas entre sí, con las que la Iglesia exalta y canta el glorioso destino de la Madre de Dios, pero en las que podemos leer también nuestra historia.
 El misterio de la concepción de María evoca la primera página de la historia humana, indicándonos que, en el designio divino de la creación, el hombre habría debido tener la pureza y la belleza de la Inmaculada. Aquel designio comprometido, pero no destruido por el pecado, mediante la Encarnación del Hijo de Dios, anunciada y realizada en María, fue recompuesto y restituido a la libre aceptación del hombre en la fe. Por último, en la Asunción de María contemplamos lo que estamos llamados a alcanzar en el seguimiento de Cristo Señor y en la obediencia a su Palabra, al final de nuestro camino en la tierra.
 La última etapa de la peregrinación terrena de la Madre de Dios nos invita a mirar el modo como ella recorrió su camino hacia la meta de la eternidad gloriosa.
 En el pasaje del Evangelio que acabamos de proclamar, san Lucas narra que María, después del anuncio del ángel, “se puso en camino y fue aprisa a la montaña” para visitar a Isabel (Lc 1, 39). El evangelista, al decir esto, quiere destacar que para María seguir su vocación, dócil al Espíritu de Dios, que ha realizado en ella la encarnación del Verbo, significa recorrer una nueva senda y emprender en seguida un camino fuera de su casa, dejándose conducir solamente por Dios. San Ambrosio, comentando la “prisa” de María, afirma: “La gracia del Espíritu Santo no admite lentitud” (Expos. Evang. sec. Lucam, II, 19: pl 15, 1560). La vida de la Virgen es dirigida por Otro —”He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38)—, está modelada por el Espíritu Santo, está marcada por acontecimientos y encuentros, como el de Isabel, pero sobre todo por la especialísima relación con su hijo Jesús. Es un camino en el que María, conservando y meditando en el corazón los acontecimientos de su existencia, descubre en ellos de modo cada vez más profundo el misterioso designio de Dios Padre para la salvación del mundo.
 Además, siguiendo a Jesús desde Belén hasta el destierro en Egipto, en la vida oculta y en la pública, hasta el pie de la cruz, María vive su constante ascensión hacia Dios en el espíritu del Magníficat, aceptando plenamente, incluso en el momento de la oscuridad y del sufrimiento, el proyecto de amor de Dios y alimentando en su corazón el abandono total en las manos del Señor, de forma que es paradigma para la fe de la Iglesia (cf. Lumen gentium, 64-65).
 Toda la vida es una ascensión, toda la vida es meditación, obediencia, confianza y esperanza, incluso en medio de la oscuridad; y toda la vida es esa “sagrada prisa”, que sabe que Dios es siempre la prioridad y ninguna otra cosa debe crear prisa en nuestra existencia.
 Y, por último, la Asunción nos recuerda que la vida de María, como la de todo cristiano, es un camino de seguimiento, de seguimiento de Jesús, un camino que tiene una meta bien precisa, un futuro ya trazado: la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte, y la comunión plena con Dios, porque —como dice san Pablo en la carta a los Efesios— el Padre “nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús” (Ef 2, 6). Esto quiere decir que, con el bautismo, fundamentalmente ya hemos resucitado y estamos sentados en los cielos en Cristo Jesús, pero debemos alcanzar corporalmente lo que el bautismo ya ha comenzado y realizado. En nosotros la unión con Cristo, la resurrección, es imperfecta, pero para la Virgen María ya es perfecta, a pesar del camino que también la Virgen tuvo que hacer. Ella ya entró en la plenitud de la unión con Dios, con su Hijo, y nos atrae y nos acompaña en nuestro camino.
La Visitación a su prima Santa Isabel.
Retablo del Santuario de Torreciudad 
 Así pues, en María elevada al cielo contemplamos a Aquella que, por singular privilegio, ha sido hecha partícipe con alma y cuerpo de la victoria definitiva de Cristo sobre la muerte. “Terminado el curso de su vida en la tierra —dice el concilio Vaticano II—, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores (cf. Ap 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte” (Lumen gentium, 59). En la Virgen elevada al cielo contemplamos la coronación de su fe, del camino de fe que ella indica a la Iglesia y a cada uno de nosotros: Aquella que en todo momento acogió la Palabra de Dios, fue elevada al cielo, es decir, fue acogida ella misma por el Hijo, en la “morada” que nos ha preparado con su muerte y resurrección (cf. Jn 14, 2-3).
 La vida del hombre en la tierra —como nos ha recordado la primera lectura— es un camino que se recorre constantemente en la tensión de la lucha entre el dragón y la mujer, entre el bien y el mal. Esta es la situación de la historia humana: es como un viaje en un mar a menudo borrascoso; María es la estrella que nos guía hacia su Hijo Jesús, sol que brilla sobre las tinieblas de la historia (cf. Spe salvi, 49) y nos da la esperanza que necesitamos: la esperanza de que podemos vencer, de que Dios ha vencido y de que, con el bautismo, hemos entrado en esta victoria. No sucumbimos definitivamente: Dios nos ayuda, nos guía. Esta es la esperanza: esta presencia del Señor en nosotros, que se hace visible en María elevada al cielo. “Ella (…) —leeremos dentro de poco en el prefacio de esta solemnidad— es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra”.
La Visitación de Ntra. Sra.
Santo Rosario en Santuario deTorreciudad
Con san Bernardo, cantor místico de la santísima Virgen, la invocamos así: “Te rogamos, bienaventurada Virgen María, por la gracia que encontraste, por las prerrogativas que mereciste, por la Misericordia que tú diste a luz, haz que aquel que por ti se dignó hacerse partícipe de nuestra miseria y debilidad, por tu intercesión nos haga partícipes de sus gracias, de su bienaventuranza y gloria eterna, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén” (Sermo 2 de Adventu, 5: pl 183, 43).



domingo, 28 de mayo de 2017

ASCENCIÓN DEL SEÑOR

ASCENSIÓN DEL SEÑOR




VENCIENDO AL PECADO Y A LA MUERTE, AL DIABLO Y AL MUNDO

Cristo asciende gloriosamente al cielo en cuerpo y alma

«No se turbe vuestro corazón… En la Casa de mi Padre hay muchas moradas. Cuando yo me haya ido y os haya preparado el lugar, de nuevo volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy estéis también vosotros» (Jn 14,1-3)

(InfoCatólica) Hoy celebramos gozosamente la Solemnidad de la Ascensión del Señor, y con tal motivo reproducimos la reflexión de San Agustín sobre este día tan especial.

San Agustín, Sermón sobre la Ascensión del Señor (Mai 98, 1-2)

Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón ascienda también con él.
Escuchemos al Apóstol: «Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Y así como él ascendió sin alejarse de nosotros, nosotros estamos ya allí con él, aun cuando todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que nos ha sido prometido».
Él fue ya exaltado sobre los cielospero sigue padeciendo en la tierra todos los trabajos que nosotros, que somos sus miembros, experimentamos. De lo que dio testimonio cuando exclamó: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Así como también dijo, tuve hambre, y me disteis de comer».
¿Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que gracias a la fe, la esperanza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras él está allí, sigue estando con nosotros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con él allí. Él realiza aquello con su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como él con la divinidad, sí que podemos por el amor hacia él.
No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta él. Él mismo es quien asegura que estaba allí mientras estaba aquí: «nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo».
Esto se refiere a la unidad, ya que es nuestra cabeza, y nosotros su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios [...] Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros.
Bajó, pues, del cielo por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también en él por la gracia. Así, pues, Cristo descendió él solo, pero ya no ascendió él solo. No es que queramos confundir la dignidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza.

viernes, 26 de mayo de 2017

SIEMPRE CONTRA EL ABORTO

Mataron a su amigo ante ella: ahora María San Gil explica la relación entre aborto y terrorismo


María San Gil


El 23 de enero de 1995, María San Gil era una simple asesora de Gregorio Ordóñez, 
concejal del Partido Popular en San Sebastián.

Estaban comiendo juntos en un restaurante cuando el terrorista "Txapote" entró y 
mató de unos disparos, disparando desde muy cerca, a Ordóñez, delante de ella.
Ahí María San Gil cobró conciencia de la necesidad de dar un paso y significarse en política, 
pese al peligro para su vida. 

María San Gil llegó a ser presidenta del PP vasco de 2004 a 2008
Ese año, después de superar un cáncer de mama, dejó el Partido Popular por diferencias 
serias con Mariano Rajoy. Luego se vio que el PP de Rajoy asumía todas las leyes 
ideológicas de Zapatero, desde el divorcio exprés hasta el aborto

Fuera de la política, esta donostiarra católica ya se expresó con firmeza contra el aborto en
el libro Aborto Cero de 2014 (editorial Stella Maris). Ahora vuelve a hacerlo con motivo del 
Foro Europeo por la Vida organizado por la Federación One of Us 
(www.oneofus.eu/es), con delegados de toda Europa. 
Y ella, que sabe mucho de amenazas bajo el terror y las armas, 
dice que Santa Teresa de Calcuta tenía razón al llamar al aborto 
"el mayor destructor de la paz". 

Este es su texto, en el que señala cómo la defensa de la vida requiere coraje, 
sea contra el terrorismo o contra el aborto
En el libro El descarte del aborto, el obispo de San Sebastián, Monseñor Munilla, 
relata como la Madre Teresa de Calcuta hizo un fortísimo alegato en contra del aborto en 
1979, cuando recogió el premio Nobel de la Paz:
 “Estamos hablando de la paz… El mayor destructor de la paz hoy es el aborto, 
porque es una guerra directa, un asesinato directo por la madre misma”. 

A pesar de que, para algunos, estas palabras puedan resultar inadecuadas o inoportunas, 
no puedo por menos que aplaudirlas y compartirlas. 
Y quizá aún más desde “mi contexto social vasco”, que me ha hecho ser “más 
sensible” en la defensa de la vida y en el amparo a los más débiles.

En el País Vasco asimilamos pronto el incalculable valor de la vida humana, aprendimos 
con el terrorismo lo injusto, intolerable e indecente que es que un ser humano 
decida arrebatar la vida a otro, que actúe como un “deus ex máquina” sentenciando 
quién vive y quién muere, que se otorgue la potestad de disponer de la vida de los demás. 

Durante 50 años hemos vivido sometidos al terror de una banda terrorista que ha 
asesinado a casi 900 personas, generando una sociedad enferma de miedo, cobardía 
y doble moral. 

Debe de ser ese mismo miedo y esa misma cobardía los que nos hacen estar callados antes 
los más de 3.500 abortos que se producen al año en el País Vasco.  

Silentes ante el aborto, pero preocupados por los asesinos. Bonito comportamiento.

¿Cómo puede una sociedad como la mía, la sociedad vasca, 
liderada por sus políticos, 
pasarse el día hablando de proceso de paz, de reconciliación, 
de artesanos de la paz, 
cuando son absolutamente insensibles hacia los más 
indefensos de nuestra sociedad, los nonatos

¿Cómo pueden mostrar tanta sensibilidad, piedad y sentimiento 
a la hora de reintegrar en la sociedad a quienes han formado parte
de una banda terrorista o han colaborado con ella, a quienes han
matado, herido, extorsionado o amenazado y tan poca empatía, 
solidaridad, en definitiva, tan poca humanidad, con esos 
seres tan indefensos que necesitan del cordón umbilical de su madre 
para poder sobrevivir? 

Sinceramente me parece de una profunda hipocresía e inmoralidad, un doble rasero 
intolerable.

En el País Vasco algunos argumentábamos que la defensa de la Libertad era algo pre político, 
y que no era ni de derechas ni de izquierdas. Creo firmemente que la defensa de la vida y
de su dignidad son también valores pre políticos y que, por ello, todas las 
sensibilidades deberían estar llamadas a tutelar la vida del no nacido y, además, 
sentirse orgullosas de hacerlo.

He aprendido que hay que ser “radicales” en la defensa de la vida y 
en la solidaridad con los indefensos, con los que más sufren.                 

Durante mi vida política, mi objetivo fue siempre la defensa de las víctimas del terrorismo, 
la exigencia de la memoria, verdad y justicia, el amparo del más débil y, sobre todo, 
la defensa de la vida frente a la brutalidad del terrorismo. 
Brutalidad basada en las mentiras, las mismas que se utilizan para argumentar 
en contra del derecho a la vida del nonato.

Pero quiero decir algo más, porque si el aborto es en sí mismo un crimen infame que mata un 
millón de niños cada año en Europa, sirve además de punta de lanza a una estrategia de 
erradicación de la cultura cristiana sobre la que se construyó la sociedad 
occidental, para instalar otra puramente relativista que pretende destruir pieza por pieza 
todos los cimientos de aquélla.

Piensen en los estragos que la ideología de género está causando en el matrimonio,
la familia y la educación, o en la degradación moral que produce en la conciencia de la 
persona la sustitución de la idea de obligación por falsos derechos o de la verdad por la 
mentira, y comprenderán fácilmente el perverso alcance de esa estrategia.

Y todo ello impulsado por ese conglomerado de intereses económicos, políticos y mediáticos 
que se conoce como Nuevo Orden Mundial, del que hablaremos otro día.

Por eso me siento honrada de haber sido invitada a participar el 26 y 27 de mayo en el 
2º Foro Europeo por la Vida organizado por la Federación One of Us.  

Frente al debate económico y financiero, en Budapest pondremos el “dedo en la llaga” 
al hablar, por ejemplo, de la defensa de la familia como la mejor manera de 
defender la vida; centraremos el debate en las nefastas consecuencias del relativismo 
que están llevándonos a perder de vista lo importante para fijarnos en lo superfluo o 
superficial. 
Hoy lo complicado es ir contracorriente, luchar contra el relativismo. 
Vivimos hoy buscando lo cómodo, lo fácil, lo material, lo que me interesa a mí 
ahora (como el aborto o la eutanasia), lo que no requiere esfuerzo ni físico ni intelectual. 
Es lo que se denomina el pensamiento débil o pensamiento líquido de Bauman.

Para mí es un orgullo estar en Budapest, en Hungría, marcando el camino que -estoy segura- 
con el tiempo, seguirán otros países europeos, porque este debate lo tenemos que ganar. 
La injusticia, la inmoralidad y el egoísmo no pueden triunfar. 

La defensa del no nacido, del ser humano, del ser más indefenso será un logro de las 
sociedades avanzadas, cultas y, sobre todo, sensibles y respetuosas con la vida.

(Artículo publicado en
 http://www.valoresysociedad.org/derecho-a-la-vida/)
 

 

sábado, 13 de mayo de 2017

13 DE MAYO 2017. CENTENARIO DE LA APARICIÓN DE LA VIRGEN EN FÁTIMA. CANONIZACIÓN DE LOS BEATOS FRANCISCO MARTO Y JACINTA MARTO

El Papa canoniza a Francisco y Jacinta 
en el Centenario de la Aparición de la Virgen en Fátima

Centenario Apariciones de la Virgen en Fátima

Santos Francisco y Jacinta Marto

La Iglesia Católica ha Canonizado en este día  13 de Mayo de 2017, a los Beatos de más cortad edad de dicha Iglesia, los hermanos Francisco y Jacinta Marto, testigos admirables y escogidos de las Apariciones de la Virgen en Fátima, junto a su prima Lucía Do Santos..
La santidad de estos hermanos ha quedado manifiesta con el segundo milagro necesario y reconocido por el Papa Francisco y la Canonización, tan esperada, ha tenido lugar esta mañana,  en la que se cumple el Centenario de la primera Aparicion de la Virgen a estos niños, Ntra. Sra. del Rosario de Fátima.

Mañana luminosa, radiante de espíritualidad y con la Alegría de las emotivas lágrimas de agradecimiento por estos dos nuevos Santos de la Iglesia.
Y allí, junto al Altar, acompañándonos, y en silencio, rodeada de flores blancas, Ntra. Sra. de Fátima, observándonos complacida por estos momentos de felicidad que vivíamos junto a ella, celebrando su venida a Fátima , a ayudar y advertir de nuestros comportamientos.
Y el Papa estaba  contento... ¡Misión cumplida , Madre!...
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Y yo, gracias a la TV. he podido asistir desde lejos a esta ceremonia. Gracias a 13tv
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video
Procesión de Antorchas con la Virgen





En el mismo lugar donde hace exactamente cien años se les apareció por sorpresa «una Señora más resplandeciente que el sol», el Papa Francisco ha canonizado el sábado a Francisco y Jacinta Marto, dos de los tres pastorcillos que, junto con su prima Lucia dos Santos, cuidaban las ovejas y jugaban a construir una casita con piedras el mediodía del 13 de mayo de 1917.
Ante más de medio millón de peregrinos venidos de todo el mundo- muchos de los cuales habían pasado la noche al raso en la explanada y otros ni siquiera pudieron entrar-, el Santo Padre ha comentado que «tenemos ante los ojos, como ejemplo para nosotros, a san Francisco Marto y santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios para que lo adoraran».
El Papa se refería a los dos grandes retratos de los chiquillos que -en una preciosa mañana soleada- miraban hacia la inmensa multitud de peregrinos desde la fachada de la basílica. Con 10 y 9 años de edad en el momento de su fallecimiento por enfermedad, son los dos santos no mártires más jóvenes en la Iglesia.
Francisco ha centrado su homilía en el ejemplo de santidad de los dos hermanos, quienes recibían de Dios «la fuerza para superar las contrariedades y sufrimientos».
Las primeras fueron la incredulidad, a veces hostil, de su familia, vecinos e incluso de las autoridades, molestas por la afluencia de gente a Cova da Iría, donde la Virgen les había dado cita a la misma hora el día 13 de cada mes, y donde el número de personas que acudía era cada vez mayor. Llegarían a 70.000 el día de la última aparición, el 13 de octubre de 1917, cuando todos ellos vieron el espectacular «milagro del sol».
En un intento de cortar en seco el fenómeno de devoción, el prefecto de Ourem mantuvo el 13 de agosto bajo arresto e interrogatorio a los tres pastorcillos, amenazándoles con freírlos vivos si no confesaban que todo era mentira.
Ese mediodía, los cientos de personas que estaban en el lugar vieron un relámpago, escucharon un trueno y vieron una pequeña nubecilla blanca en el lugar donde solía aparecer la Virgen, que en cambio visitaría a los tres chiquillos en Valinhos el día 19.
A esas dificultades se unieron las enfermedades que llevaron al fallecimiento de Francisco en 1919, con 10 años cumplidos, y de Jacinta en 1920 poco antes de llegar a esa edad.
Pero lo más importante, según el Papa es que «la presencia divina se fue haciendo más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y el deseo permanente de estar junto a "Jesús oculto" en el sagrario».
Francisco ha recordado también que la Virgen les advirtió de los peligros del infierno. Tuvo lugar en la tercera aparición, la del 13 de julio, en que María les reveló un secreto de tres partes. En primer lugar, la visión del infierno. Después la advertencia de que si Rusia no se convertía, extendería sus errores a muchos países. En tercer lugar, la persecución contra la Iglesia y el atentado contra Juan Pablo II, ocurrido el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro.
Aunque recordaba el pasado, la mirada del Papa se dirigía al futuro y, continuaba en cierto modo la oración realizada ante la Virgen la noche anterior, asegurando que «de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y la humanidad».
La referencia a «todos mis hermanos en la humanidad» era un nuevo recuerdo de la unicidad de la familia humana, con independencia de religión o raza, un punto que menciona desde hace diez días en todas sus discursos relativos a Fátima, a donde ha venido como «Pastor universal», para poner a los pies de la Virgen “el destino temporal y espiritual de la humanidad”.
En esa línea, Francisco ha pedido en su homilía «que el cielo active aquí una autentica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía».
En cuanto a los católicos, el Papa ha concluido sus palabras pidiendo a la Virgen que «descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, pobre de medios y rica de amor».
Poco después, en el ofertorio, un matrimonio brasileño -João Batista y Lucila Yurie-, llevaron algunas de las ofrendas al Papa. Les acompañaba su hijo Lucas, quien intercambió un gran abrazo con Francisco. En 2013, cuando tenía seis años y jugaba con su hermanita, el pequeño se cayó por una ventana y sufrió fractura craneal con pérdida de masa encefálica. El pronóstico era muerte, coma vegetativo o, en caso de despertar, graves daños irreversibles.
Unos días después de que los padres y las carmelitas de la ciudad de Campo Mourao pidieron el milagro a los dos pastorcillos, Lucas se despertó «sin ningún síntoma ni secuela, y es el mismo de antes: su inteligencia, su carácter, todo igual», en palabras del padre a su llegada al santuario el pasado jueves.
Justo antes de iniciar la misa en la explanada, el Papa rezó ante las tumbas de los tres pastorcillos en la basílica que domina el santuario. Además de san Francisco y santa Jacinta Marto, allí reposa también la tercera y más longeva de los tres videntes, Lucia dos Santos, que fue religiosa carmelita y extendió la devoción a la Virgen de Fátima durante una larga vida hasta su fallecimiento en 2005. Su causa de beatificación se encuentra en estudio en Roma.