SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

miércoles, 17 de diciembre de 2014

ANTÍFONAS DE LA O

Las Antífonas de la O, compendio del Adviento

El rezo litúrgico de la tarde o “vísperas” incluye siempre el recitado o canto del Magnificat de María, su cántico de alabanza a Dios cuando va a visitar a su prima santa Isabel. Este cántico del Magníficat se introduce y concluye con una antífona que, los días anteriores a la Navidad, tiene categoría y características especiales. Son las llamadas “antífonas mayores” o “antífonas de la O”. “De la O” porque todas ellas empiezan con la exclamación “Oh”, que en latín se escribe sin hache. Esto mismo ha dado origen a la advocación de “Santa María de la O”, y al nombre “María de la O”.
Estas antífonas recorren la semana anterior a la Navidad. Son, por tanto, siete; desde el día 17 al 23 de diciembre. Se compusieron hacia los siglos VII-VIII, y t odas ellas cantan a Cristo esperado por todos los pueblos, así como las ansias con que la Iglesia anhela su venida.
“Son breves oraciones dirigidas a Cristo Jesús, que condensan el espíritu del Adviento y la Navidad. La admiración de la Iglesia ante el misterio de un Dios hecho hombre: «Oh». La comprensión cada vez más profunda de su misterio. Y la súplica urgente: «ven»
Cada antífona empieza por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del Antiguo Testamento, pero entendido con la plenitud del Nuevo. Es una aclamación a Jesús el Mesías, reconociendo todo lo que representa para nosotros. Y termina siempre con una súplica: «ven» y no tardes más” (José Aldazábal, Enséñame tus caminos. 1: Adviento y Navidad día tras día, Barcelona 1995, pp. 70-71).
El orden es el siguiente, según la exclamación inicial:
O Sapientia
O Adonai
O Radix
O Clavis
O Oriens
O Rex
O Emmanuel
Leyendo, a partir de la última antífona, las iniciales después de la exclamación “O”, se forma el acróstico “ERO CRAS”, esto es “seré mañana, vendré mañana”, que es como la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.
Por toda esta riqueza espiritual, las antífonas mayores han sido siempre muy del gusto de los religiosos y monjes, que con frecuencia las han rodeado de un auténtico folklore. Así ha sido también entre los agustinos recoletos. Es lo que hace José Antonio Ciordia que, con verso sencillo y vibrante, desentraña su riqueza teológica, bíblica y litúrgica.
De cada una de ellas reproducimos:
1º) El texto original latino.
2º) La versión litúrgica española.
3º) La paráfrasis poética del agustino recoleto José Antonio Ciordia.

Día 17 de diciembre

O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodiisti, attingens a fine usque ad finem fortiter, suaviterque disponens omnia: veni ad docendum nos viam prudentiae.
Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ¡ven y muéstranos el camino de la salvación!
¡Oh Sabiduria!
Saliste de la boca del Excelso
y engendras a tu voz las cosas todas,
ordenas en belleza el universo
y tejes con amor la humana historia.
Levanta en mi interior jardín de flores
con el calor que irradia tu Palabra:
en orden pon el caos de pasiones
que arrastran mi existencia hacia la nada.
Concédeme, Señor, gustar tu ciencia
y hallar en mí sabrosa tu presencia.

Día 18 de diciembre

O Adonai, et dux domus Israël, qui Moyse in igne flammae rubi apparuisti, et ei in Sina legem dedisti: veni ad redimendum nos in brachio extento.
Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!
¡Oh Adonai
La zarza del Horeb que, en luz y fuego,
al siervo Moisés de Dios hablara
se muestra imagen fiel de tu misterio:
de ser calor, espíritu y Palabra.
Voz eres celestial que a todos llama
y fuerza universal que todo eleva
y fuego abrasador que en viva llama
al mundo entero en torno a ti congrega.
Tu voz la nuestra sea, creadora,
y nuestra, la pasión que te devora.

Día 19 de diciembre

O Radix Jesse, qui stas in signum populorum super quem continebunt reges os suum, quem gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, jam noli tardare
Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ¡ven a librarnos, no tardes más!
Oh raíz de Jesé.
Volvió a reverdecer el trono antiguo;
de su raíz brotó la flor más bella:
gimieron consternados los Abismos
y el cielo despertó legión de estrellas.
Pastor de las naciones y los pueblos.
Enseña fulgurante, Vara enhiesta:
dirige poderoso hacia tu Reino
a cuantos ya se alegran con tu vuelta.
 Estrella tuya soy, lucirte quiero
y ser en ti, jugosa Vid, renuevo.

Día 20 de diciembre

O Clavis David et sceptrum domus Israël, qui aperis et nemo claudit, claudis et nemo aperit: veni, et educ vinctum de domo carceris, sedentem in tenebris et umbra mortis.
Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ¡ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte!
¡Oh llave de David!
Sagrado Cetro,
en donde Dios ejerce sus poderes:
recibes en herencia los misterios
y entregas sus riquezas al que quieres.
Si cierras Tú, cerrados permanecen,
y quedan manifiestos si los abres:
al hombre sin orgullo entrada ofreces
y ocultas su valor al arrogante.
Desata al pecador de su pecado
y da tu libertad al que es esclavo.

Día 21 de diciembre

O Oriens, splendor lucis aeternae et sol justitiae: veni et illumina sedentes in tenebris, et umbra mortis.
Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la Luz Eterna, Sol de justicia, ¡ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!
Oh sol naciente.
Tú, Luz de Luz y Sol de eterno brillo,
fulgor ardiente que ciegas las Tinieblas:
mantén tu curso fiel en el designio
de convertir en luz la obscura tierra.
Pues somos noche y hálito de barro,
cuán densas son las sombras en el alma
y cuántas las caídas en los pasos
si Tú no vienes pronto ¡y nos salvas!
¡Alumbre el resplandor de tu mirada
las niñas de mis ojos fatigadas!

Día 22 de diciembre

O Rex Gentium et desideratus earum lapisque angularis, qui facis utraque unum: veni, et salva hominem quem de limo formasti.
Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ¡ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!
¡Oh Rey de reyes!
Oh Rey de reyes, Fin de las edades;
Sillar fundamental del reino nuevo,
que rompes con tu cetro las ruindades
que hicieron enemigos a los pueblos.
Encanto de profetas y de sabios,
Anhelo de las islas más distantes,
que animas con el Soplo de tus labios
al hombre que del barro modelaste:
Renueva en tu poder al hombre viejo
y trae a tu redil a los dispersos

Día 23 de diciembre

O Emmanuel, Rex et legifer noster, expectatio gentium et Salvator earum: veni ad salvandum nos, Domine, Deus noster.
Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ¡ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!
¡Oh Enmanuel!
Y dijo nuestro Dios: “Iré con ellos:
pondré sobre mis hombros su destino,
seré su Hermano, Padre y compañero
y haré su corazón igual al mío!”
Seremos ‑como esposos‑ una carne;
en ellos grabaré mi Testamento;
mis venas llevarán la misma sangre:
tendremos en común el aposento.
Yo con vosotros; id, contadlo presto
¡que soy el Enmanuel, hermano vuestro!
El cielo dio su Rocío;
la tierra rompió su entraña,
la Virgen espera un Niño:
¡nacer lo veréis mañana!.
“Ven, señor, Jesús”



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