SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

lunes, 29 de agosto de 2016

MADRE TERESA, EL DÍA MAS FELIZ

Así fue el día “más feliz” de la vida de la Madre Teresa de Calcuta


San Juan Pablo II y Madre Teresa en el Ciudad del Vaticano (1983) / L’Osservatore Romano
San Juan Pablo II y Madre Teresa en el Ciudad del Vaticano (1983) / L’Osservatore Romano

VATICANO, 27 Ago. 16 / 03:20 pm (ACI).- Se dice que los santos a menudo “vienen de a dos” como en los casos de la Virgen María y San José, San Pedro y San Pablo, San Francisco y Santa Clara o los franceses San Luis y Santa Celia Martin.
Quizá la dupla de santos y amigos contemporánea más conocida es la de la Madre Teresa Calcuta y San Juan Pablo II, cuyos caminos se entrelazaron muchas veces en el tiempo que la religiosa era Superiora de las Misioneras de la Caridad y Juan Pablo II era Obispo de Roma.
En 1986, cuando el Papa visitó la casa de la Madre Teresa en el corazón de los barrios pobres de Calcuta, la Beata llamó a la ocasión “el día más feliz de mi vida”.
Tras la llegada del Santo Padre al lugar, la Madre Teresa subió al papamóvil blanco y besó su anillo, conocido como el anillo del pescador. Luego el Pontífice besó la frente de la Beata, un saludo que intercambiaban cada vez que se encontraban.
Después de un cálido “hola” la Madre Teresa llevó a Juan Pablo II a su hogar llamado Nirmal Hriday (Sagrado Corazón), que era un hospicio para enfermos, indigentes y moribundos, que fundó en la década de 1950.
El material fotográfico de la visita muestra a la religiosa llevando al Papa de la mano a varias locaciones del hospicio mientras se detenía a abrazar, bendecir y saludar a los pacientes. También bendijo cuatro cadáveres, entre ellos el de un niño.
De acuerdo con informes de la visita proporcionados por la BBC, el Papa Wojtyla estaba "visiblemente emocionado" por lo visto durante el recorrido mientras ayudaba a las hermanas a alimentar y cuidar a enfermos y moribundos. En algunos momentos el Santo Padre estuvo tan sorprendido por lo que veía que no tenía palabras para responder a la Madre Teresa.
El entonces Obispo de Roma dio después un breve discurso fuera del hospicio, llamando al hogar Nirmal Hriday "un lugar que da testimonio de la primacía del amor".
"Cuando Jesucristo enseñaba a sus discípulos cómo podían mostrar mejor su amor por Él, dijo: De cierto os digo que cuanto hicisteis a uno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí'. A través de la Madre Teresa y las Misioneras de la Caridad, y través de muchos otros que han servido aquí, Jesús ha amado profundamente a las personas que la sociedad considera a menudo 'el más pequeño de nuestros hermanos'", comentó.
"Nirmal Hriday proclama la profunda dignidad de toda persona humana. El mimo que se muestra aquí es testimonio de la certeza de que el valor de un ser humano no se mide por su utilidad, con la salud o la enfermedad, con la edad, credo o raza. Nuestra dignidad humana viene de Dios nuestro creador, a cuya imagen fuimos creados. Ninguna privación o sufrimiento puede quitarnos nunca esa dignidad, porque siempre somos valiosos a los ojos del Señor”, añadió el Pontífice.
Después de su discurso, el Papa saludó a la multitud reunida, haciendo una parada especial para saludar a las sonrientes y cantoras hermanas Misioneras de la Caridad.
Además de llamar aquella visita “el día más feliz” de su vida, la Madre Teresa afirmó que “es una cosa maravillosa para el pueblo, porque su contacto es el contacto mismo de Cristo". Ambos santos siguieron siendo amigos cercanos y se visitaron varias veces a lo largo de los años.
Después de la muerte de Madre Teresa en 1997, San Juan Pablo II decidió no esperar el periodo de espera de cinco años para abrirse la causa de canonización de la religiosa. En su beatificación en 2003, el Pontífice polaco alabó el amor de la Madre Teresa hacia Dios, que se mostró a través de su amor a los pobres.
"Alabemos al Señor por esta pequeña mujer enamorada de Dios, humilde mensajera del Evangelio y un benefactora incansable de la humanidad. Honremos a una de las figuras más importantes de nuestro tiempo. Acojamos su mensaje y sigamos su ejemplo", resaltó.
Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en CNA.


MARTIRIO DE SAN JUAN BAUTISTA


La celebración de la fiesta del martirio de San Juan Bautista, que en la Iglesia Latina tiene orígenes antiguas (en Francia en el siglo V, y en Roma en el siglo VI), está vinculada a la dedicación de la Iglesia construida en Sebaste en la Samaria, en el supuesto túmulo del Precursor de Cristo.
La fiesta aparece ya en la fecha del 29 de agosto en los sacramentarios romanos, y conforme el Martirólogo Romano esa fecha correspondería a la segunda vez que encontrarán la cabeza de San Juan bautista, transportada a Roma.
Tenemos sobre San Juan Bautista las narraciones de los Evangelios, en particular de Lucas, que en ellos habla de su nacimiento, de la vida en el desierto, de su predicación, y de Marcos que nos refiere a su muerte.
Por el Evangelio y por la tradición podemos reconstruir la vida del precursor, cuya palabra de fuego parece en la verdad con el espíritu de Elías. Negó categóricamente ser el Mesías esperado, afirmando la superioridad de Jesús, que apuntó a sus seguidores por ocasión del bautismo en las orillas del Rio Jordán.
Su figura perece irse deshaciendo, a la medida que va surgiendo "el más fuerte", Jesús. Todavia, "el mayor de entre los profetas" no cesó de hacer oir su voz donde fuese necesaria para consertar los sinuosos caminos del mal. Reprobó públicamente el comportamiento pecaminoso de Herodes Antipas y de la cuñada Herodíades, mas la previsible susceptibilidad de él le costó la dura prisión en Maqueronte, en la orilla oriental del Mar Muerto.
Por ocasión de la fiesta celebrada en Maqueronte, la hija de Herodíades, Salomé, habiendo dado verdadero show de agilidad en la danza, entusiasmó a Herodes. Como premio pidió, por instigación de la madre, la cabeza de San Juan Bautista. Ultimo profeta y primer apóstol, dio la vida por su misión y por eso es venerado en la Iglesia como mártir.
Martirio de San Juan (Mc6, 17-29)
“En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
-«Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»
Y le juró:
-«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»
Ella salió a preguntarle a su madre:
-«¿Qué le pido?»
La madre le contestó:
-«La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
-«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron”.

Precursor del nacimiento y de la muerte de Cristo
San Beda el Venerable, presbítero
(Homilía 23: CCL 122,354.356-357)
El santo Precursor del nacimiento, de la predicación y de la muerte del Señor mostró                    en el momento de la lucha suprema una fortaleza digna de atraer la mirada de Dios,                     ya que, como dice la Escritura, la gente pensaba que cumplía una pena, pero él                             esperaba de lleno la inmortalidad.                                                                                             Con razón celebramos su día natalicio, que él ha solemnizado con su martirio y adornado               con fulgor purpúreo de su sangre; con razón veneramos con gozo espiritual la memoria de             aquel que selló con su martirio el testimonio que había dado del Señor.
No debemos poner en duda que san Juan sufrió la cárcel y las cadenas y dio su vida en testimonio de nuestro Redentor, de quien fue precursor, ya que, si bien su perseguidor no lo   forzó a que negara a Cristo, sí trató de obligarlo a que callara la verdad; ello es suficiente para afirmar que murió por Cristo.
Cristo, en efecto, dice: Yo soy la verdad; por consiguiente, si Juan derramó su sangre por        la verdad, la derramó por Cristo; y él, que precedió a Cristo en su nacimiento, en su      predicación y en su bautismo, anunció también con su martirio, anterior al de Cristo,                       la pasión futura del Señor.
Este hombre tan eximio terminó, pues, su vida derramando su sangre, después de un          largo y penoso cautiverio. Él, que había evangelizado la libertad de una paz que viene de        arriba, fue encarcelado por unos hombres malvados; fue encerrado en la oscuridad de un           calabozo aquel que vino a dar testimonio de la luz y a quien Cristo, la luz en persona, dio             el título de «lámpara que arde y brilla»; fue bautizado en su propia sangre aquel a quien           fue dado bautizar al Redentor del mundo, oír la voz del Padre que resonaba sobre Cristo y              ver la gracia del Espíritu Santo que descendía sobre él.                                                         Mas, a él, todos aquellos tormentos temporales no le resultaban penosos, sino más bien leves        y agradables, ya que los sufría por causa de la verdad y sabía que habían de merecerle un     premio y un gozo sin fin.
La muerte -que de todas maneras había de acaecerle por ley natural- era para él algo apetecible, teniendo en cuenta que la sufría por la confesión del nombre de Cristo y que con      ella alcanzaría la palma de la vida eterna. Bien dice el Apóstol: A vosotros se os ha concedido        la gracia de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él.                       El mismo Apóstol explica, en otro lugar, por qué sea un don el hecho de sufrir por Cristo:           Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.
R/. El rey Herodes mandó prender a Juan y lo metió en la cárcel encadenado, porque Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano.
V/. Mandó a un verdugo, y lo decapitó en la cárcel.
R/. Porque Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano.
Final



Oremos:


Señor, Dios nuestro, tú has querido que san Juan Bautista fuese el precursor del nacimiento y de la muerte de tu Hijo; concédenos, por su intercesión, que, así como él murió mártir de la verdad y la justicia, luchemos nosotros valerosamente por la confesión de nuestra fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

domingo, 28 de agosto de 2016

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO. SAN AGUSTIN

Nació en Tagaste (África) el año 354; después de una juventud algo desviada doctrinal y moralmente, se convirtió, estando en Milán, y el año 387 fue bautizado por el obispo Ambrosio. Vuelto a su patria, llevó una vida dedicada al ascetismo, y fue elegido obispo de Hipona. Durante treinta y cuatro años, en que ejerció este ministerio, fue un modelo para su grey, a la que dio una sólida formación por medio de sus sermones y de sus numerosos escritos, con los que contribuyó en gran manera a una mayor profundización de la fe cristiana contra los errores doctrinales de su tiempo. Murió el año 430.



Los vándalos sitiaron la ciudad en mayo de 430. El sitio se prolongó durante catorce meses. Tres meses después de establecido, san Agustín cayó presa de la fiebre y desde el primer momento, comprendió que se acercaba la hora de su muerte. Desde que había abandonado el mundo, la muerte había sido uno de los temas constantes de su meditación. En su última enfermedad, el santo habló de ella con gozo: «¡Dios es inmensamente misericordioso!» Con frecuencia recordaba la alegría con que san Ambrosio recibió la muerte y mencionaba las palabras que Cristo había dicho a un obispo que agonizaba, según cuenta san Cipriano: «Si tienes miedo de sufrir en la tierra y de ir al cielo, no puedo hacer nada por ti». El santo escribió entonces: «Quien ama a Cristo no puede tener miedo de encontrarse con Él. Hermanos míos, si decimos que amamos a Cristo y tenemos miedo de encontrarnos con Él, deberíamos cubrirnos de vergüenza». Durante su última enfermedad, pidió a sus discípulos que escribiesen los salmos penitenciales en las paredes de su habitación y los cantasen en su presencia y no se cansaba de leerlos con lágrimas de gozo. San Agustín conservó todas sus facultades hasta el último momento, en tanto que la vida se iba escapando lentamente de sus miembros. Por fin, el 28 de agosto de 430, exhaló apaciblemente el último suspiro, a los setenta y dos años de edad, de los cuales había pasado casi cuarenta consagrado al servicio de Dios. San Posidio comenta: «Los presentes ofrecimos a Dios el santo sacrificio por su alma y le dimos sepultura». Con palabras muy semejantes había comentado Agustín la muerte de su madre. Durante su enfermedad, el santo había curado a un enfermo, sólo con imponerle las manos. Posidio afirma: «Yo sé de cierto que, tanto como sacerdote que como obispo, Agustín había pedido a Dios que librase a ciertos posesos por quienes se le había encomendado que rogase y los malos espíritus los dejaron libres».
Las principales fuentes sobre la vida y carácter de san Agustín son sus propios escritos, especialmente las Confesiones, el De Civitate Dei, la correspondencia y los sermones. Existen numerosas ediciones y traducciones de dichas obras. Es imposible recorrer aquí toda la bibliografía agustiniana; simplemente la mención de las obras publicadas en los últimos años ocuparía muchas páginas. La edición clásica de las obras de san Agustín en castellano la constituye la monumental de la BAC, bilingüe en 41 volúmenes, permanentemente reeditada; aunque de sus obras más populares, como las Confesiones o La Ciudad de Dios, hay versiones editadas en forma más económica, fragmentarias o completas, de traducciones antiguas o nuevas. Existe una interesante iniciativa del Instituto Agustino que tiene en línea la totalidad de la obra en latín, según las más recientes ediciones críticas, además de la traducción completa al italiano y, por acuerdo con la BAC, la traducción castellana, que también se ha completado el presente año (2014). Con este link se accede al portal castellano, y de allí se puede ir con facilidad al latino, al italiano, y al motor de búsqueda, fundamental en una obra tan vasta.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


El Señor se ha compadecido de nosotros
San Agustín
Sermón 23 A,1-4
Dichosos nosotros, si llevamos a la práctica lo que escuchamos y cantamos. Porque cuando escuchamos es como si sembráramos una semilla, y cuando ponemos en práctica lo que hemos oído es como si esta semilla fructificara. Empiezo diciendo esto, porque quisiera exhortaros a que no vengáis nunca a la iglesia de manera infructuosa, limitándoos sólo a escuchar lo que allí se dice, pero sin llevarlo a la práctica. Porque, como dice el Apóstol, estáis salvados por su gracia,pues no se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. No ha precedido, en efecto, de parte nuestra una vida santa, cuyas acciones Dios haya podido admirar, diciendo por ello: «Vayamos al encuentro y premiemos a estos hombres, porque la santidad de su vida lo merece». A Dios le desagradaba nuestra vida, le desagradaban nuestras obras; le agradaba, en cambio, lo que él había realizado en nosotros. Por ello, en nosotros, condenó lo que nosotros habíamos realizado y salvó lo que él había obrado.

Nosotros, por tanto, no éramos buenos. Y, con todo, él se compadeció de nosotros y nos envió a su Hijo a fin de que muriera, no por los buenos, sino por los malos; no por los justos, sino por los impíos. Dice, en efecto, la Escritura: Cristo murió por los impíos. Y ¿qué se dice a continuación? Apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir. Es posible, en efecto, encontrar quizás alguno que se atreva a morir por un hombre de bien; pero por un inicuo, por un malhechor, por un pecador, ¿quién querrá entregar su vida, a no ser Cristo, que fue justo hasta tal punto que justificó incluso a los que eran injustos?
Ninguna obra buena habíamos realizado, hermanos míos; todas nuestras acciones eran malas. Pero, a pesar de ser malas las obras de los hombres, la misericordia de Dios no abandonó a los humanos. Y Dios envió a su Hijo para que nos rescatara, no con oro o plata, sino a precio de su sangre, la sangre de aquel Cordero sin mancha, llevado al matadero por el bien de los corderos manchados, si es que debe decirse simplemente manchados y no totalmente corrompidos. Tal ha sido, pues, la gracia que hemos recibido. Vivamos, por tanto, dignamente, ayudados por la gracia que hemos recibido y no hagamos injuria a la grandeza del don que nos ha sido dado. Un médico extraordinario ha venido hasta nosotros, y todos nuestros pecados han sido perdonados. Si volvemos a enfermar, no sólo nos dañaremos a nosotros mismos, sino que seremos además ingratos para con nuestro médico.
Sigamos, pues, las sendas que él nos indica e imitemos, en particular, su humildad, aquella humildad por la que él se rebajó a sí mismo en provecho nuestro. Esta senda de humildad nos la ha enseñado él con sus palabras y, para darnos ejemplo, él mismo anduvo por ella, muriendo por nosotros. Para poder morir por nosotros, siendo como era inmortal, la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Así el que era inmortal se revistió de mortalidad para poder morir por nosotros y destruir nuestra muerte con su muerte.
Esto fue lo que hizo el Señor, éste el don que nos otorgó. Siendo grande, se humilló; humillado, quiso morir; habiendo muerto, resucitó y fue exaltado para que nosotros no quedáramos abandonados en el abismo, sino que fuéramos exaltados con él en la resurrección de los muertos, los que, ya desde ahora, hemos resucitado por la fe y por la confesión de su nombre. Nos dio y nos indicó, pues, la senda de la humildad. Si la seguimos, confesaremos al Señor y, con toda razón, le daremos gracias, diciendo: Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias, invocando tu nombre.

jueves, 25 de agosto de 2016

MISIONERAS DE LA CARIDAD VERÁN LA CANONIZACIÓN DE MADRE TERESA POR TELEVISIÓN

Cientos de españoles viajarán a Roma para la canonización de la Madre Teresa y las misioneras lo verán por televisión
23/08/2016 - 14:31


Las misioneras de la Caridad de España seguirán por televisión la canonización de su fundadora, la Madre Teresa de Calcuta, debido a la imposibilidad de que todas las religiosas viajen a Roma para asistir a la ceremonia por la que el próximo 4 de septiembre subirá a los altares la beata Teresa de Calcuta. Mientras tanto, cientos de españoles partirán en peregrinación desde diferentes ciudades de España para presenciar este momento.
MADRID, 23 (EUROPA PRESS)
Las misioneras de la Caridad de España seguirán por televisión la canonización de su fundadora, la Madre Teresa de Calcuta, debido a la imposibilidad de que todas las religiosas viajen a Roma para asistir a la ceremonia por la que el próximo 4 de septiembre subirá a los altares la beata Teresa de Calcuta. Mientras tanto, cientos de españoles partirán en peregrinación desde diferentes ciudades de España para presenciar este momento.
En cuanto a las religiosas, solo viajarán dos por cada una de las provincias que tienen en el mundo. Concretamente, de la región que abarca Suiza, Francia, Portugal, Marruecos y España, acudirán dos hermanas pero no son españolas, según explica a Europa Press una misionera de la caridad desde uno de los centros de Madrid donde atienden a las personas más necesitadas. En España viven una treintena de religiosas de esta congregación repartidas en las casas de Madrid, Barcelona, Badalona y Murcia.
"Veremos la misa por la televisión", asegura la religiosa al tiempo que muestra su emoción como "hijas" de la Madre Teresa de Calcuta por su próxima canonización. "Imagínese cómo lo vivimos, lo esperábamos, para nosotras ya era santa", enfatiza.
En cualquier caso, aunque no puedan viajar a Roma para celebrarlo, sí asistirán a la misa de acción de gracias que tendrá lugar el próximo lunes 5 de septiembre --festividad litúrgica de la beata-- a las 19,00 horas en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, presidida por el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, y concelebrada por numerosos sacerdotes.
Mientras tanto, cientos de españoles partirán a partir del próximo viernes 2 de septiembre con destino a Roma para asistir a la ceremonia de canonización. Entre ellos, se encuentran las 200 personas que se han inscrito en el viaje organizado por la Delegación de Misiones del Arzobispado de Madrid. También hay previstos viajes desde Albacete, Pamplona y Castellón, entre otras ciudades.
EN UNA CAJA DE ZAPATOS
El delegado de Misiones del Arzobispado de Madrid y capellán de las Misioneras de la Caridad, José María Calderón, apunta en declaraciones a Europa Press que la canonización es "una bonita oportunidad para dar a conocer el trabajo escondido que realizan los misioneros" y concretamente de esta "gran misionera" que, a su juicio, es un ejemplo para la juventud y para todo el mundo.
En todo caso, Calderón se muestra convencido de que si viviera, la Madre Teresa guardaría este título de santa con el resto de reconocimientos que le otorgaron, como el Nóbel de la Paz, "en una caja de zapatos", pues no le gustaban los honores. En este sentido, recuerda unas palabras de la Madre Teresa: 'Si algún día soy santa, seré santa de la oscuridad'.
Las Misioneras de la Caridad fueron fundadas por la madre Teresa de Calcuta en 1950 con el compromiso de atender a los más pobres. La orden consta actualmente de más de 4.500 monjas en más de 133 países. Deben hacer los votos de pobreza, castidad y obediencia, más un cuarto voto de servicio libre y de todo corazón a los más pobres de entre los pobres.
En Madrid, las misioneras cuentan con una residencia y hogar para personas abandonadas y enfermos de sida, llamada Hogar Inmaculado Corazón de María, y con un comedor para pobres en Vallecas desde el que reparten más de 250 comidas diarias.


SAN JOSÉ DE CALASANZ

Desde que mi voluntad
está a la vuestra rendida,
conozco yo la medida
de la mejor libertad.
Venid, Señor, y tomad
las riendas de mi albedrío;
de vuestra mano me fío
y a vuestra mano me entrego,
que es poco lo que me niego
si yo soy vuestro y vos mío.

A fuerza de amor humano
me abraso en amor divino.
La santidad es camino
que va de mí hacia mi hermano.
Me di sin tender la mano
para cobrar el favor;
me di en salud y en dolor
a todos, y de tal suerte
que me ha encontrado la muerte
sin nada más que el amor. Amén.

Procuremos vivir unidos a Cristo y agradarle sólo a él
San José de Calasanz, presbítero
(Memorial al cardenal M.A. Tonti, 1621: Ephemerides Calasantiae 36,9-10, Roma 1967, pp. 473-474; L. Picanyol, Epistolario di S. Giuseppe Calasanzio, 9 volúmenes, edición calasancia, Roma 1951-1956, passim)
Nadie ignora la gran dignidad y mérito que tiene el ministerio de instruir a los niños, principalmente a los pobres, ayudándolos así a conseguir la vida eterna. En efecto, la solicitud por instruirlos, principalmente en la piedad y en la doctrina cristiana, redunda en bien de sus cuerpos y de sus almas, y, por esto, los que a ello se dedican ejercen una función muy parecida a la de sus ángeles custodios.
Además, es una gran ayuda para que los adolescentes, de cualquier género o condición, se aparten del mal y se sientan suavemente atraídos e impulsados a la práctica del bien. La experiencia demuestra que, con esta ayuda, los adolescentes llegan a mejorar de tal modo su conducta, que ya no parecen los mismos de antes. Mientras son adolescentes, son como retoños de plantas que su educador puede inclinar en la dirección que le plazca, mientras que, si se espera a que endurezcan, ya sabemos la gran dificultad o, a veces, la total imposibilidad que supone doblegarlos.
La Última Comunión de San José de Calasanz. Goya
La adecuada educación de los niños, principalmente de los pobres, no sólo contribuye al aumento de su dignidad humana, sino que es algo que merece la aprobación de todos los miembros de la sociedad civil y cristiana: de los padres, que son los primeros en alegrarse de que sus hijos sean conducidos por el buen camino; de los gobernantes, que obtienen así unos súbditos honrados y unos buenos ciudadanos; y, sobre todo, de la Iglesia, ya que son introducidos de un modo más eficaz en su multiforme manera de vivir y de obrar, como seguidores de Cristo y testigos del Evangelio.
Los que se comprometen a ejercer con la máxima solicitud esta misión educadora han de estar dotados de una gran caridad, de una paciencia sin límites y, sobre todo, de una profunda humildad, para que así sean hallados dignos de que el Señor, si se lo piden con humilde afecto, los haga idóneos cooperadores de la verdad, los fortalezca en el cumplimiento de este nobilísimo oficio y les dé finalmente el premio celestial, según aquellas palabras de la Escritura: Los que enseñaron a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por toda la eternidad.
Todo esto conseguirán más fácilmente si, fieles a su compromiso perpetuo de servicio, procuran vivir unidos a Cristo y agradarle sólo a él, ya que él ha dicho: Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

martes, 23 de agosto de 2016

SANTA ROSA DE LIMA


SANTA ROSA DE LIMA, PATRONA DE AMÉRICA, FILIPINAS Y PERÚ


Santa Rosa de Lima, terciaria dominica (1586-1617)
El suboficial de arcabuceros Gaspar Flores, español cacereño, desposó a María de Oliva en 1577. La tercera de nueve hijos, nacida ya en Lima (1586), fue bautizada como Isabel, aunque por el aspecto de su rostro fue siempre llamada Rosa. Fue confirmada por Santo Toribio de Mogrovejo en Quives (1597), a unos 70 kilómetros de Lima, donde su padre administraba una mina de plata. Y ya desde muy chica dio indicios claros de su fu­tura santidad.
En el Breviario antiguo se decía de ella: «Su austeridad de vida fue singular. Tomado el hábito de la Tercera Orden de Santo Domingo [en 1610], se propuso seguir en su arduo camino a Santa Catalina de Siena. Duramente atormentada durante quince años por la aridez y desolación espiritual, sobrellevó con fortaleza aquellas agonías espirituales. Gozó de frecuentes apariciones de su ángel custodio, de Santa Catalina de Siena y de la Virgen, Madre de Dios, y mereció escu­char de los labios de Cristo estas palabras: “Rosa de mi corazón, sé mi esposa”. Famosa por sus milagros antes y después de su muerte, el papa Clemente X la colocó en el catá­logo de las santas vírgenes».
Aún se conserva su casa en Lima, la habitación en que nació, hoy con­vertida en oratorio, y también la minúscula ermita, construida en la huerta de la casa por ella, ayudada por su hermano Fernando, en la que vivió una vida recogida, como terciaria dominica consagrada al amor de Cristo, y dedicada a la oración y a la penitencia. También se conserva junto a la casa la pequeña dependencia en la que ella recogía y atendía a enfermas reducidas a pobreza extrema. Su solicitud caritativa prestó atención preferente a la evangelización de indios y negros, y no pu­diendo realizarla personalmente, contribuía a ella con sus oraciones y sa­crificios, así como recogiendo limosnas para que pudieran formarse semi­naristas pobres. A veces era ayudada por San Martín de Porres.
Ella se negaba por humildad a aceptar el nombre de Rosa, hasta que la Virgen completó su nombre llamándola «Rosa de Santa María». Pero tam­bién hubiera podido ser su nombre «Rosa del Corazón de Jesús», pues el mismo Cristo la llamó «Rosa de mi corazón». Esta santa virgen dominica, aunque conservó su inocencia bautismal, se afligió con terribles peniten­cias, ayunos y vigilias, cilicios y disciplinas, como si hubiera sido la mayor pecadora del mundo, Y en ella se cumplió la palabra de Cristo, «los lim­pios de corazón verán a Dios» (Mt 5,8). Fue elevada a muy alta oración de contemplación mística.
En efecto, según declaró el padre Villalobos, Rosa «había alcan­zado una presencia de Dios tan habitual, que nunca, estando despierta, lo perdía de vista». Y el médico Castillo, íntimo confidente de la santa, ase­guró que Rosa se inició en la oración mental a los cinco años, y que a par­tir de los doce su oración fue ya siempre una contemplación mística uni­tiva. Tuvo éxtasis que duraban del jueves al sábado. No recibió de Dios Santa Rosa la misión de predicar a los hombres públicamente, pero su corazón ardió en este buen deseo, como se ve en este escrito dirigido a su amigo el doctor Castillo:
«Apenas escuché estas palabras [de Cristo, estando en oración], experimenté un fuerte impulso de ir en medio de las plazas, a gritar muy fuerte a toda persona de cualquier edad, sexo o condición: “Escuchad, pueblos, escuchad todos. Por mandato del Señor, con las mismas palabras de su boca, os exhorto: No podemos alcanzar la gracia, si no sopor­tamos la aflicción; es necesario unir trabajos y fatigas para alcanzar la íntima participa­ción en la naturaleza divina, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta felicidad del espí­ritu”.
«El mismo ímpetu me transportaba a predicar la hermosura de la gracia divina. Me sentía oprimir por la ansiedad y tenía que llorar y sollozar. Pensaba que mi alma ya no podría contenerse en la cárcel del cuerpo, y más bien, rotas sus ataduras, libre y sola y con mayor agilidad, recorrer el mundo, diciendo: “¡Ojalá todos los mortales conocieran el gran valor de la divina gracia, su belleza, su nobleza, su infinito precio, lo inmenso de los tesoros que alberga, cuántas riquezas, gozos y deleites! Sin duda alguna, se entregarían con suma diligencia a la búsqueda de las penas y aflicciones. Por doquiera en el mundo, antepondrían a la fortuna las molestias, las enfermedades y los padecimientos, incompa­rable tesoro de la gracia. Tal es la retribución y el fruto final de la paciencia. Nadie se quejaría de sus cruces y sufrimientos, si conociera cuál es la balanza con que los hombres han de ser medidos”».
Esta es la Rosa mística, la que a los treinta y un años de edad, en 1617, después de pedir la bendición de sus padres y de signarse con la señal de la cruz, invocó tres veces el nombre de Jesús, y diciendo «Jesús sea con­migo», entregó su espíritu. Toda la ciudad asistió a sus funerales, en la convicción de que había muerto una santa. Beatificada en 1668, fue canonizada por Clemente X en 1671, que al mismo tiempo la proclamó Patrona de América, Filipinas y las Indias Occidentales. Fue la primera santa de América canonizada.

Lima, Ciudad de Santos
Lima, la Ciudad de los Reyes, un siglo después de su fundación (1535), ya pudo mejor llamarse la Ciudad de los Santos, pues asistió en cuarenta años a la muerte de cinco santos: el arzobispo Mogrevejo (1606), el fran­ciscano Francisco Solano (1610), y los tres santos de la familia domini­cana, Rosa (1617), Martín (1639) y Juan Macías (1645).
Estos santos, y tantos otros, como Mariana de Jesús, nacida en Quito (1618-1645) o la dominica sierva de Dios, Ana de los Angeles Monteagudo (1606-1686), peruana de Arequipa, son quienes, con otros muchos buenos cristianos religiosos o se­glares, escribieron el Evangelio en el corazón de la América hispana meri­dional.


José María Iraburu, sacerdote

lunes, 22 de agosto de 2016

MADRE TERESA . MISIONERAS Y MISIONEROS DE LA CARIDAD

Misioneras de la Caridad



"La mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis, sino mas bien el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos. El mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad." (Madre Teresa)


Las Misioneras de la Caridad son un Instituto Religioso de Derecho Pontificio fundado por la Beata Teresa de Calcuta en 1950 (India). Su carisma consiste en servir a Cristo en los más pobres de entre los pobres. Además de la profesión de los tres Consejos Evangélicos, las Misioneras profesan un cuarto voto de servicio libre y de todo corazón a los más pobres.


"El aborto es un homicidio en el vientre de la madre. Una criatura es un regalo de Dios. Si no quieren a los niños, dénmelos a mí".

La misión apostólica de la Congregación consiste en cuidar material y espiritualmente de "los hambrientos, los desnudos, los sin hogar, los lisiados, los leprosos, toda esa gente que se siente indeseada, rechazada, sin cariño, para traerlos de vuelta a la sociedad, esa sociedad para la que se han vuelto una carga y los evita". La obra comenzó con tan sólo doce religiosas en Calcuta y hoy son más de 4.500, atendiendo orfanatos, hospicios de víctimas del sida, centros de caridad, refugiados, alcohólicos, impedidos, pobres, sin hogar, víctimas de inundaciones, epidemias y hambre por todo el mundo, con casas en Asia, África, América Latina, América del Norte, Europa y Australia.

Novicias Misioneras de la Caridad

Pero las Misioneras no son sin más unas activistas sociales. Saben que para que su labor dé verdaderamente frutos, deben llevar una vida de observancia conforme a lo que la Iglesia pide y exige a los religiosos, y que la Beata Teresa fue la primera en vivir dando ejemplo. Intensa vida de oración, con especiales momentos de adoración al Santísimo y práctica asidua de la penitencia y ascesis. La vida en las casas religiosas debe tener lo mínimo. Ante todo hay que dar ejemplo de amor a los pobres, viviendo como ellos. Uso de un sencillo hábito religioso con el que testimonian públicamente su consagración a Dios. Es lección para aquellas otras religiosas que se llenan la boca diciendo que el hábito las aleja y les impide acercarse a la gente para transmitirles el amor de Dios en Jesucristo. Para las Misioneras, el hábito no es una barrera, pura imaginación en algunas Congregaciones, sino un testimonio de pobreza y de presencia de la Iglesia de Jesucristo entre los más necesitados. Ni televisores, ni decoraciones superfluas, ni comidas copiosas, ni lujos, ni nada que no sea conforme a la pobreza profesada, tiene cabida en las casas de las Misioneras.

La familia religiosa de la Madre Teresa es aún más amplia:

Hermanos Misioneros de la Caridad (web): Fundados por la Madre Teresa y el Hermano Andrew en 1963. Se dedican a obras de caridad como leproserías para hombres, casas de acogida para toxicómanos, enfermos de sida, alcohólicos, jóvenes inadaptados, etc. Son unos 400 y no se promueven al sacerdocio.

Misioneras de la Caridad Contemplativas: Fundadas por la Madre Teresa y por Sor Nirmala (Superiora General) en 1976. Las hermanas no son de estricta clausura: son «contemplativas en el mundo». Dedican gran parte de la jornada y de la noche a la oración, y a la adoración Eucarística, ofreciendo diariamente entre tres y cinco horas de entrega a los más pobres. Con su oración constante, sostienen la labor de las Misioneras de vida activa. Son unas 150 contemplativas.


"El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz."

Misioneros de la Caridad Contemplativos (web): Fundados el día de San José de 1979 por la Madre Teresa y el Padre Sebastián Vazhakala. Los Hermanos, promovidos algunos al sacerdocio, viven la Palabra de Dios en la pobreza, la humildad y la alegría de la Adoración de Jesucristo Sacramentado, y en el servicio de los más pobres en las cárceles, los hospitales y las calles. Visten hábito religioso de color grisáceo con cruz en el pecho. Rondan los cincuenta religiosos y están presentes en Italia, India y Albania. Madre Teresa y P. Sebastián fundaron en 1984, e Movimiento de Laicos Misioneros de la Caridas, vivindo en la familia el carisma propio dede Madre eresa en el el servicio a los más Pobres de entre los Pobres, comenzando por la familia


Contacto

Via Di San Agapito, 8
00177 Roma
Italia
Email: mcbroscontemplative@tiscalinet.it 

Padres Misioneros de la Caridad (web): Fundados por la Madre Teresa y el Padre Joseph Langford en 1984. La Madre Teresa sabía que la pobreza más profunda de los hombres era la espiritual. Ésta sólo puede ser erradicada con el ministerio sacerdotal. Los Padres Misioneros desempeñan su ministerio en las calles, las barracas, en las afueras de las grandes ciudades y los lugares donde a la pobreza material va unida la indigencia espiritual. Son unos 50 religiosos, presentes en Italia, México, Guatemala, Kenia, Tanzania e India.

"Vivan el Espíritu de la entrega total, cariñosa confianza y alegría, y de esta manera, cumplirán el objetivo: saciar la sed de Jesús en la Cruz de amor por las almas." (Madre Teresa)