SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

viernes, 12 de febrero de 2016

LA ORACIÓN, LUZ DEL ALMA.


La oración es luz del alma
San Juan Crisóstomo
(Suplemento, Homilía 6 sobre la oración: PG 64,462-466)
El sumo bien está en la plegaria y en el diálogo con Dios, porque equivale a una íntima unión con Dios: y así como los ojos del cuerpo se iluminan cuando contemplan la luz, así también el alma dirigida hacia Dios se ilumina con su inefable luz. Una plegaria, por supuesto, que no sea de rutina, sino hecha de corazón; que no esté limitada a un tiempo concreto o a unas horas determinadas, sino que se prolongue día y noche sin interrupción.
Conviene, en efecto, que elevemos la mente a Dios no sólo cuando nos dedicamos expresamente a la oración, sino también cuando atendemos a otras ocupaciones, como el cuidado de los pobres o las útiles tareas de la munificencia, en todas las cuales debemos mezclar el anhelo y el recuerdo de Dios, de tal manera que todas nuestras obras, como si estuvieran condimentadas con la sal del amor de Dios, se conviertan en un alimento dulcísimo para el Señor. Pero sólo podremos disfrutar perpetuamente de la abundancia que de Dios brota, si le dedicamos mucho tiempo.
La oración es la luz del alma, el verdadero conocimiento de Dios, la mediadora entre Dios y los hombres. Hace que el alma se eleve hasta el cielo, que abrace a Dios con inefables abrazos apeteciendo, igual que el niño que llora y llama a su madre, la divina leche: expone sus propios deseos y recibe dones mejores que toda la naturaleza visible.
Pues la oración se presenta ante Dios como venerable intermediaria, ensancha el alma y tranquiliza su afectividad. Y me estoy refiriendo a la oración de verdad, no a las simples palabras. La oración es un deseo de Dios, una inefable piedad, no otorgada por los hombres, sino concedida por la gracia divina, de la que también dice el Apóstol: Nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables
El don de semejante súplica, cuando Dios lo otorga a alguien, es una riqueza inagotable y un alimento celestial que satura el alma; quien lo saborea se enciende en un deseo indeficiente del Señor, como en un fuego ardiente que inflama su alma.
Cuando quieras reconstruir en ti aquella morada que Dios se edificó en el primer hombre, adórnate con la modestia y la humildad, hazte resplandeciente con la luz de la justicia; adorna tu ser con buenas obras, como con oro acrisolado, y embellécelo con la fe y la grandeza de alma, a manera de muros y piedras; y por encima de todo, como quien pone la cúspide para coronar un edificio, coloca la oración, a fin de preparar a Dios una casa perfecta, y poderle recibir como si fuera una mansión regia y espléndida, ya que, por su gracia, es como si poseyeras su misma imagen colocada en el templo del alma.

miércoles, 10 de febrero de 2016

QUÉ ES LA CUARESMA? IGUAL NO LO SABEMOS

¿Qué es la Cuaresma?



La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.
La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
40 días
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

MIERCOLES DE CENIZA.AÑO 2016. OFICIO DE LECTURAS PARA MEDITAR, CAMINAR HACIA NUESTRO INTERIOR Y ENCONTRARNOS CON EL DIOS QUE NOS ESPERA






V/. Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos.
R/. Estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
El ayuno agradable a Dios
Is 58,1-12
Así dice el Señor Dios:
«Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados.
Consultan mi oráculo a diario, muestran deseo de conocer mi camino, como un pueblo que practicara la justicia y no abandonase el mandato de Dios. Me piden sentencias justas, desean tener cerca a Dios.»
«¿Para qué ayunar, si no haces caso?, ¿mortificarnos, si tú no te fijas? »
«Mirad: el día de ayuno buscáis vuestro interés y apremiáis a vuestros servidores; mirad: ayunáis entre riñas y disputas, dando puñetazos sin piedad. No ayunéis como ahora, haciendo oír en el cielo vuestras voces.
¿Es ése el ayuno que el Señor desea, para el día en que el hombre se mortifica?, mover la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor?
El ayuno que yo quiero es éste: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne.
Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: "Aquí estoy."
Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.
El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña; reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño; te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas.»
R/. El ayuno que yo quiero es éste -dice el Señor-: Partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy.»
V/. Cuando venga el Hijo del hombre, dirá a los de su derecha: «Venid, tuve hambre, y me disteis de comer.»
R/. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy.»

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Convertíos
San Clemente Romano
Carta a los Corintios 7,4-8,3; 8,5-9; 13,1-4; 19,2

Fijemos con atención nuestra mirada en la sangre de Cristo, y 
reconozcamos cuán preciosa ha sido a los ojos de Dios, su Padre, 
pues, derramada por nuestra salvación, alcanzó la gracia de la 
penitencia para todo el mundo.
Recorramos todas las generaciones y aprenderemos cómo el Señor, de generación en generación, concedió un tiempo de penitencia a los que  
deseaban convertirse a él.
 Jonás anunció a los ninivitas la destrucción de su ciudad, y ellos, arrepentidos de sus pecados, pidieron perdón a Dios y, a fuerza desúplicas, alcanzaron la indulgencia, a pesar de no ser del pueblo elegido.
De la penitencia hablaron, inspirados por el Espíritu Santo, los que       fueron ministros de la gracia de Dios. Y el mismo Señor de todas las cosas habló también con juramento de la penitencia, diciendo: Por mi vida, oráculo del Señor, juro que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de   conducta; y añade aquella hermosa sentencia: Cesad de obrar mal, casa    de Israel. Di a los hijos de mi pueblo: «Aunque vuestros pecados lleguen         hasta el cielo, aunque sean como púrpura y rojos como escarlata, si os  convertís a mí de todo corazón y decís: «Padre», os escucharé como a mi pueblo santo».
Queriendo, pues, el Señor que todos los que él ama tengan parte en la penitencia, lo confirmó así con su omnipotente voluntad.
Obedezcamos, por tanto, a su magnífico y glorioso designio,                         e implorando con súplicas su misericordia y benignidad, recurramos a su misericordia y convirtámonos, dejadas a un lado las vanas obras, las     contiendas y la envidia que conduce a la muerte.
Seamos, pues, humildes, hermanos, y deponiendo toda jactancia, ostentación, insensatez y los arrebatos de la ira, cumplamos lo que está   escrito, pues lo dice el Espíritu Santo: No se gloríe el sabio de su sabiduría, no se gloríe el fuerte de su fortaleza, no se gloríe el rico de su riqueza; el que se gloríe, que se gloríe en el Señor, para buscarle a él y practicar el derecho y la justicia; especialmente si tenemos presentes las palabras del Señor Jesús, aquellas que pronunció para enseñarnos la benignidad y la longanimidad.
Dijo, en efecto: Sed misericordiosos, y alcanzaréis misericordia;                      perdonad, y se os perdonará; como vosotros hagáis, así se os hará  a vosotros; dad, y se os dará; no juzguéis, y no os juzgarán; como usareis           la benignidad, así la usarán con vosotros; la medida que uséis la usarán               con vosotros.
Que estos mandamientos y estos preceptos nos comuniquen firmeza        para poder caminar, con toda humildad, en la obediencia de sus santos consejos. Pues dice la Escritura santa: En ése pondré mis ojos: en el        humilde y el abatido, que se estremece ante mis palabras.
Como quiera, pues, que hemos participado de tantos, tan grandes y          tan ilustres hechos, emprendamos otra vez la carrera hacia la meta de            paz  que nos fue anunciada desde el principio y fijemos nuestra mirada            en el Padre y Creador del universo, acogiéndonos a los magníficos y sobreabundantes dones y beneficios de su paz.
R/. Que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad. Porque es comprensivo y misericordioso, se arrepiente de las amenazas, el Señor, nuestro Dios.
V/. El Señor no quiere la muerte del pecador, sino que cambie de conducta y viva.
R/. Porque es comprensivo y misericordioso, se arrepiente de las amenazas, el Señor, nuestro Dios.


COMENZAR EL TIEMPO DE CUARESMA

Agradezco a Angelo, bloggero espiritual excelente, su esfuerzo por llevarnos a Dios en los post que escribe y nos regala en su blog. Nada mejor que éste, para meditar la cuaresma diaria en la que nuestra vida se encuentra, aún en los momentos de mayor Gloria de Dios, en este mundo.

GRACIAS ANGELO


Olvidado

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El lunes, asistí a una más de mis visitas rutinarias al hospital. Llegué mucho antes del tiempo previsto y decidí pasarme por la capilla, para tener un momento de oración antes de la cita prevista con el médico. Al salir del oratorio, me encontré formando parte del numeroso gentío que en su trajín acudía a los diversos consultorios donde estaban convocados. Me sentí un poco agobiado y busqué con apremio mi sección para poder sentarme y reponerme. Instantes después, una pregunta me asaltó de improviso sin motivación alguna contemplando ese flujo de personas desconocidas para mí: “¿Han pensado hoy en Dios?”…

Una cuestión fácil de plantearnos también a nosotros mismos: "¿Nos acordamos de Dios?"…Pero algo más punzó mi inquietud en la consulta hospitalaria. El tiempo de espera no dejaba de ofrecerme planteamientos que no buscaba. En esta sociedad que estamos construyendo en el siglo XXI, empieza a percibirse de forma tangible el olvido de Dios. Muchos ya no le tienen  en cuenta, le esconden, se avergüenzan, ya no aparece siquiera en su lista de prioridades, ya lo han desechado… y muchos se atreven a  pregonar orgullosos que" lo han matado".

La impotencia, el desazón de no saber cómo actuar, la impresión de caminar en soledad, la sensación de que solo unos pocos se han quedado acompañando a Jesús en la Via dolorosa, puede conseguir que nos repleguemos, cargados con la losa del desaliento en nuestro rinconcito privado, lamentándonos, convirtiendo nuestra esperanza en abatimiento. Nuestra alegría se transforma en la más triste faceta de nuestro vivir cristiano, por esta congoja que nos produce "ser los excéntricos de turno" por no hacer ni  seguir lo que dictan las mayorías. Una sensación de derrota desbarata nuestro entusiasmo.

Es verdad que a veces nos paralizamos, que no sabemos seguir al creernos solos en el camino, al aceptar “nuestro aparente fracaso”  pensando que nuestra fe es cosa de cuatro gatos, que se esfuerzan en ser fieles luchando contra corriente en un mundo que cada vez quiere engañarnos más. Y en medio de toda esa consideración, me topo con una cita de Mons. Rubén Oscar Frassia que me ha interpelado fuertemente. “Si no tienes entusiasmo, si no tienes pasión, tienes poca convicción. ¡Búscala porque la has perdido! Si la encuentras, estarás convertido. “

Es fácil percatarse que mucho está hablando este mundo y mucho callamos los que deberíamos estar con nuestra antorcha en lo alto de la cima, gritando a los cuatro vientos aquellas palabras de San Francisco de Asís: “El Amor no es amado”. Caigo en la cuenta de que este mensaje cae  como agua de lluvia deslizándose sutilmente en el inicio de la Cuaresma. Demasiadas pistas está dejándome mi razonamiento, para entender por donde debe ir mi camino cuaresmal . Si a ello le añado el mensaje que el papa Francisco nos ha dejado para vivir este tiempo litúrgico  en el ambiente del año de la  misericordia, consigue que me atreva también a invitarte a entrar en esta senda llena de ilusión, recuperando el entusiasmo, pasión y convicción que Mons. Rubén nos anima a buscar para convencernos de nuestra conversión.

Tal vez no podamos gritar, pero podemos rezar,  susurrarle a Dios desde lo más profundo de nuestro interior,  que no se canse de nadie, que dé la luz de la fe a todos, que atraiga de nuevo a los que se marcharon, a los que le dejaron, a los que supieron reconocerle en algún momento de su vida, a todos los que dudan, a los que están llenos de respetos humanos, a los que se han rendido.

Existen numerosas ocasiones durante la jornada en las que podemos emprender esta tarea, convertirla en una oración continua.  Existe una fórmula,  que a mí me está funcionando muy bien que se elaboró en mis largas esperas durante las numerosas visitas médicas a las que me toca acudir mensualmente y que es fácilmente aplicable a cuantiosos lugares de índole diversa . ¿Queréis ejemplos? Ahí van:

Cada persona que encontramos por la calle desde que salimos de casa hasta que volvemos a ella, puede ser presentada a Dios para que le abra su corazón, cada hombre, mujer y niño que nos topamos en el transporte que usamos, cada uno que encontramos en nuestro trabajo, cada individuo que está esperando en la misma sala que nosotros, cada corredor con el que nos tropezamos en nuestro recorrido de footing o deportista en nuestro entrenamiento, en las colas de los espectáculos, en la entrada de los grandes almacenes, en el interior del banco o en la peluquería... ¡Tantas ocasiones..., tanta gente, tantas almas para ser presentadas a Dios! ¿Habéis pensado alguna vez con cuántas personas os habéis cruzado a lo largo de toda la jornada?... Cuántos pueden recuperar la luz con nuestro susurro a Dios: “Señor abre su corazón”. ¡A cuántos les puede llegar ese "cambio" por haberlos presentado ante el Creador! ¡Quién lo sabe!...

El papa nos anima a vivir  en esta Cuaresma de una forma especial, las obras de misericordia que la Iglesia nos propone y hay una de ellas, que a mí me atrae mucho y que me demanda una atención particular a ponerla en práctica, tal vez porque  pasa más desapercibida ante aquellas que puedan parecer como más “vistosas hacia el exterior”. Quizá en su sencillez, no sea precisamente la que resulte más fácil vivir, pero que nos puede ayudar a ser constantes en nuestra intercesión por los demás: “Sufrir con paciencia los defectos del prójimo”. 

Que el entusiasmo, la pasión y la convicción se apoderen cada vez más de todos nosotros en esta Cuaresma. Ten la certeza de que la oración toca el corazón de todo aquel por quien oramos.

domingo, 7 de febrero de 2016

IMPRTANCIA DEL SILENCIO EN LA LITURGIA. CARDENAL ROBERT SARAH

Cardenal Robert Sarah exalta importancia del silencio en la Liturgia

Ciudad del Vaticano (Miércoles, 03-02-2016, Gaudium Press) El Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, publicó un artículo en el diario vaticano L'Osservatore Romano en el cual destaca la importancia del silencio como parte de la Liturgia. El purpurado afirmó que "el silencio externo es un ejercicio ascético de la maestría en el uso de la palabra" y comparó los momentos de silencio de la liturgia con el silencio de la Santísima Virgen descrito en los Evangelios.
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Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Foto: Gustavo Kralj / Gaudium Press.
El título del texto del Cardenal es "Per dire sí al Signore" (Para decir sí al Señor) y en él el purpurado afirma que muchos fieles se lamentan justamente cuando existe ausencia de silencio en la liturgia, ya que es "condición necesaria para una oración profunda y contemplativa" y se encuentra prescrito explícitamente dentro de la celebración de la Eucaristía. Más que la simple ausencia de ruido, el Card. Sarah destacó el silencio como una disposición espiritual que retira los obstáculos para el contacto con Dios y la comunicación de la gracia divina.
El Prefecto relató cómo la Sagrada Escritura recomienda hacer control de la lengua y describe el silencio como "expresión del temor reverencial a Dios" y una "preparación a la teofanía de Dios". Este silencio, en el cual se desarrolla la meditación de la Palabra de Dios, es el propio de la Santísima Virgen cuando guardaba en su corazón los misterios de su Hijo. "Dios actúa en el silencio", afirmó el Cardenal, citando a San Juan de la Cruz: "El Padre dice una sola palabra : es su Verbo, su Hijo. La pronuncia en un eterno silencio y es sólo en el silencio que el alma puede entenderlo".
En contraste con la vida cotidiana, en la cual estamos en constante conversación con los demás, la oración "es una conversación, un diálogo con Dios uno y trino: si , en ciertos momentos, nos dirigimos a Dios, en otros hay silencio para escuchar", explicó el purpurado. "No sorprende que se deba considerar el silencio como un componente importante de la liturgia". El Card. Sarah destacó este carácter activo del silencio litúrgico y recordó que en el templo debe mantenerse el ambiente de adoración, sin permitir que se transforme en "una sala de espectáculo a donde se va a aplaudir a actores en función de su mayor o menor capacidad de comunicar, según una expresión que se oye a menudo en los medios de comunicación".
Con información de L'Osservatore Romano.


PESCADOR DE HOMBRES.

Pescadores de hombres


Es así como debemos concebir la tarea de pescadores de hombres: como echar un bote salvavidas a quienes se debaten en el mar, frecuentemente tempestuoso, de la vida.




6 febrero 2016


Isaías 6, 1-2a.3-8; I
Corintios 15, 1-11;
Lucas 5, 1-11
La pesca milagrosa era la prueba que hacía falta para convencer a un pescador, como era Simón Pedro. Al llegar a tierra, se arroja a los pies de Jesús diciendo: «¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!». Pero Jesús le respondió con estas palabras que representan la cima del relato y el motivo por el cual el episodio ha sido recordado: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres».

Jesús se sirvió de dos imágenes para ilustrar la tarea de sus colaboradores. La de pescadores y la de pastores. Las dos imágenes requieren actualmente de explicación, si no queremos que el hombre moderno las encuentre poco respetuosas de su dignidad y las rechace. ¡A nadie le gusta hoy ser «pescado» por alguien, o ser una oveja del rebaño!

La primera observación que hay que hacer es ésta. En la pesca ordinaria, el pescador busca su provecho, no ciertamente el de los peces. Lo mismo el pastor. Él apacienta y custodia el rebaño no por el bien de éste, sino por el suyo, porque el rebaño le proporciona leche, lana y corderos. En el significado evangélico sucede lo contrario: es el pescador el que sirve al pez; es el pastor quien se sacrifica por las ovejas, hasta dar la vida por ellas. Por otro lado, cuando se trata de hombres, ser «pescados» o «recuperados» no es desgracia, sino salvación. Pensemos en las personas a merced de las olas, en alta mar, tras un naufragio, de noche, en el frío; ver una red o una chalupa que se les lanza no es una humillación, sino la suprema de sus aspiraciones. Es así como debemos concebir la tarea de pescadores de hombres: como echar un bote salvavidas a quienes se debaten en el mar, frecuentemente tempestuoso, de la vida.

Pero la dificultad de la que hablaba reaparece bajo otra forma. Supongamos que tenemos necesidad de pastores y de pescadores. ¿Pero por qué algunas personas deben tener el papel de pescadores y otros el de peces, algunos el de pastores y otros el de ovejas y rebaño? La relación entre pescadores y peces, como entre pastores y ovejas, sugiere la idea de desigualdad, de superioridad. A nadie le gusta ser un número en el rebaño y reconocer a un pastor por encima.

Aquí debemos acabar con un prejuicio. En la Iglesia nadie es sólo pescador, o sólo pastor, y nadie es sólo pez u oveja. Todos somos, a título diverso, una y otra cosa a la vez. Cristo es el único que es sólo pescador y sólo pastor. Antes de ser pescador de hombres, Pedro mismo fue pescado y recuperado varias veces. Literalmente repescado cuando, caminando sobre las aguas, tuvo miedo y comenzó a hundirse; fue recuperado sobre todo después de su traición. Tuvo que experimentar qué significa encontrarse como una «oveja perdida» para que aprendiera qué significa ser buen pastor; tuvo que ser repescado del fondo del abismo en el que había caído para que aprendiera qué quiere decir ser pescador de hombres.

Si, a título diverso, todos los bautizados son pescados y pescadores a la vez, entonces aquí se abre un gran campo de acción para los laicos. Los sacerdotes estamos más preparados para hacer de pastores que para hacer de pescadores. Hallamos más fácil alimentar, con la Palabra y los sacramentos, a las personas que vienen espontáneamente a la iglesia, que ir nosotros mismos a buscar a los alejados. Queda por lo tanto en gran parte desasistido el papel de pescadores. Los laicos cristianos, por su inserción más directa en la sociedad, son los colaboradores insustituibles en esta tarea.

Una vez echadas las redes por la palabra de Jesús, Pedro y los que estaban con él en la barca capturaron tal cantidad de peces que las redes se rompían. Entonces, está escrito, «hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarlos». También hoy el sucesor de Pedro y cuantos están con él en la barca –los obispos y los sacerdotes- hacen señas a los de la otra barca –los laicos- para que vayan a ayudarlos.

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

PREPARANDO LA CUARESMA QUE COMIENZA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES, MIÉRCOLES DE CENIZA.
Tiempo de preparación y penitencia para vivir la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.