SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

sábado, 11 de abril de 2015

CARTA A LOS PRESBÍTEROS Y A LOS FIELES

De la primera Carta del Apóstol San Pedro


Exhortaciones a los presbíteros y a los fieles
1P 4,12-5,14
Queridos hermanos, no os extrañéis de ese fuego abrasador que os pone a prueba,                como si os sucediera algo extraordinario. Estad alegres cuando compartís los 
padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo.
 Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu
 de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.
Que ninguno de vosotros tenga que sufrir por homicida, ladrón, malhechor o 
entrometido. Pero, si sufre por ser cristiano, que no se avergüence, 
que dé gloria a Dios por este nombre.
Ha llegado el momento de que el juicio empiece por la casa de Dios;
y, si nosotros somos los primeros, ¿cuál será el final de los que no han 
obedecido al Evangelio de Dios? Si el justo, a duras penas, se salva, 
¿qué sucederá con el impío y pecador? En consecuencia, los que padecen
 por designio de Dios practiquen el bien y pónganse en manos del Creador,
que es fiel.
A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los
 sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto:
 Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo 
no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia,
 sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, 
sino convirtiéndoos en modelos del rebaño.
 Y, cuando aparezca el supremo Pastor,
 recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
Igualmente, los jóvenes: someteos a las personas de edad. 
Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a 
los soberbios, pero da su gracia a los humildes. 
Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, 
os ensalce.
 Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros.
Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo, el diablo, 
como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. 
Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en 
el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos.
Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, 
que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará,
 os robustecerá. Suyo es el poder por los siglos. Amén.
Os he escrito esta breve carta por mano de Silvano, al que tengo por
 hermano fiel, para exhortaros y atestiguaros que ésta es la verdadera
 gracia de Dios. Manteneos en ella. Os saluda la comunidad de Babilonia, 
y también Marcos, mi hijo. Saludaos entre vosotros con el beso del amor 
fraterno. 
Paz a todos vosotros, los cristianos.
R/. Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Aleluya.
V/. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres por causa del Hijo del hombre.
R/. Para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Aleluya.

domingo, 5 de abril de 2015

DOMINGO DE GLORIA Y RESURRECCIÓN




Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

"¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?"
"A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua."

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa. Amén. Aleluya.

sábado, 4 de abril de 2015

EL DESCENSO DEL SEÑOR AL ABISMO. OFICIO DE LECTURAS SÁBADO SANTO

El descenso del Señor al abismo
Anónimo
Homilía antigua sobre el grande y santo Sábado
¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra temió sobrecogida, porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.
Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva.
El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos». Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu». Y tomándolo por la mano le añade: Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.
Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: «salid»; y a los que se encuentran en las tinieblas: «iluminaos»; y a los que dormís: «levantaos».
A ti te mando: despierta tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.
Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.
Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.
Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.
Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.
El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.

SÁBADO SANTO





¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!

Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero;
y un Redentor, que en trance de Cordero,
sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso 
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.

Y así dijo el Señor: «¡Vuelva la Vida,
y que el Amor redima la condena!»
La gracia está en el fondo de la pena,
y la salud naciendo de la herida.

¡Oh plenitud del tiempo consumado!
Del seno de Dios Padre en que vivía,
ved la Palabra entrando por María
en el misterio mismo del pecado.

¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,
y a Dios como el menor de los humanos?
Llorando en el pesebre, pies y manos
le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,
dio el paso hacia la muerte porque él quiso.
Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero.

Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.



miércoles, 1 de abril de 2015

MISA CRISMAL EN LA CATEDRAL SEVILLA 31.3.2015 MARTES SANTO

Mons. Asenjo Arzobispo de Sevilla



HOMILÍA EN LA MISA CRISMAL DEL 31 DE MARZO DE 2015

Martes, 31 de marzo de 2015
Texto íntegro de la homilía pronunciada por el arzobispo de Sevilla, mons. Juan José Asenjo, en la misa crismal que se ha celebrado la mañana del Martes Santo de 2015 en la Catedral:

1.       Pocas celebraciones litúrgicas tienen un simbolismo tan rico y un significado tan hondo como la Misa Crismal. En ella consagramos el santo crisma, bendecimos el óleo de los catecúmenos y de los enfermos, confesamos a Jesucristo como sumo y eterno sacerdote, profeta y rey, y revivimos la última cena del Señor. Jesús nos invita a sentarnos a la mesa con Él cuando nos dice:"Ardientemente he deseado comer con vosotros en esta Pascua antes de padecer" (Lc 22,15). Yo también os invito, queridos hermanos sacerdotes, a sentaros a la mesa con Jesús.
2.        En ella está nuestro comienzo. El Cenáculo es el solar bendito en el que nace el sacerdocio del que nosotros participamos por la acción del Espíritu Santo, el aceite que una vez más vamos a consagrar en esta Eucaristía, y la imposición de manos del obispo. Participemos con emoción en la sobremesa de Jesús. El Señor no tiene prisa y nos abre su corazón. Escuchad sus palabras: "Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor. A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre, os lo he dado a conocer" (Jn 15,15). Jesús nos hace esta confidencia alentadora en el mismo instante en que nace nuestro sacerdocio. Esto quiere decir que el don inmenso que el Señor nos ha regalado no se puede vivir responsablemente si los sacerdotes no somos los íntimos de Jesús, los mejores  amigos del Señor.
3.            Jesucristo, queridos hermanos sacerdotes, "el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra" (Apoc 1,5), debe ser nuestra única pasión, el centro de nuestros pensamientos, como os decía en el último retiro, el norte de nuestros anhelos, el bálsamo de nuestros sufrimientos, el nombre que nunca debería desaparecer de nuestros labios. Nuestro ministerio es Él, porque es Él quien bautiza cuando nosotros derramamos el agua sobre los neófitos, quien perdona los pecados cuando nosotros absolvemos y es su cuerpo el que hacemos presente con nuestra palabra cuando celebramos la Eucaristía. Sin Cristo, nuestro ser y nuestro ministerio se desvanece y carece de consistencia. Necesitamos tratarlo sin prisas cada día. En la oración serena de cada mañana, en  la adoración silenciosa ante el sagrario, Jesús aniquila nuestra soledad, rompe nuestro  individualismo y autosuficiencia, construye nuestra fraternidad, alienta nuestro ardor apostólico y llena hasta rebosar nuestro corazón y nuestra capacidad de amar.
4.            Como los Apóstoles, hemos sido elegidos para estar con Él y para enviarnos a predicar (Mc 3,14), para convivir con Él, para tocar con nuestras manos su Cuerpo sacrosanto, para compartir con Él la existencia, el camino, la tarea y el cansancio, para confesarlo delante de los hombres cada vez con mayor hondura y emoción. La misión sólo tiene garantía de eficacia si nace de la unión con Él. El sarmiento es estéril si se separa de la vid. Os lo decía también en el último retiro. Es la experiencia de san Pablo: "Todo lo puedo en Aquel que me conforta" (Fil 4,13). La calidad de nuestra misión arranca de nuestra comunión profunda con el Señor, mientras que la caída de nuestra tensión apostólica es signo de una amistad enferma, debilitada o mortecina. El papa Francisco en sus homilías de Santa Marta no cesa de instarnos a salir a las periferias, a fortalecer nuestro compromiso apostólico y misionero. Pero previamente nos exhorta a permanecer en el amor de Cristo, contemplado largamente en la Eucaristía, creída, celebrada y adorada, porque sería una locura prescindir de Él. 
5.            Queridos hermanos sacerdotes y diáconos, muy queridos seminaristas, que participáis en esta celebración que es también vuestra: en los tiempos duros que estamos viviendo no cabe el derrotismo ni la desesperanza si estamos arraigados en el amor y la amistad con el Señor. A pesar de la secularización que reseca las raíces cristianas de Europa; a pesar del desfondamiento moral que penetra por todas las rendijas de la vida social; a pesar del alejamiento y del nihilismo de una parte notable de nuestra juventud; a pesar de la crisis pavorosa del  matrimonio y de la familia; a pesar de las dificultades que el laicismo militante nos pueda crear en un futuro inmediato; a pesar del dolor y la impotencia que sentimos para salir al paso del sufrimiento y la pobreza de tantos hermanos nuestros excluidos inicuamente de la sociedad del bienestar, para el sacerdote amigo de Jesús también éste es un tiempo de gracia, de poner la mano en el arado con decisión y sin titubeos, de remar mar adentro y de echar las redes en el nombre del Señor.
6.            En estas circunstancias no fáciles, sólo la amistad con Jesús rompe la mediocridad y el encogimiento. En esta hora sólo la comunión con Jesús arranca de nuestros corazones la cobardía, la tibieza y el aburguesamiento espiritual, genera audacia y coraje evangelizador y en ella nos concede el Señor, por medio de su Espíritu, entrañas de misericordia para servir a los pobres, vendar los corazones destrozados, librar a los cautivos de tantas cadenas y devolver la esperanza a quienes carecen de motivos para seguir esperando (Is 61,1; Luc 4,16-18). En esta hora, sólo los sacerdotes amigos de Jesús pueden decir con el autor de la carta a los Hebreos: "Nosotros no somos cobardes, no somos de los que retroceden y terminan sucumbiendo" (Heb 10,39).
7.            Queridos hermanos sacerdotes: escuchemos lo que el Señor nos dice en la larga sobremesa del Jueves Santo: "Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando" (Jn 15,14). La fidelidad es la prueba de la amistad. Por ello, dentro de unos momentos, delante del Pueblo que el Señor nos ha confiado vamos a renovar nuestras promesas sacerdotales. Porque somos los amigos de Jesús, renovamos en esta mañana nuestro compromiso de vivir con finura y delicadeza el celibato apostólico por el reino de los cielos, a pesar del ambiente erotizado que ensalza y banaliza la sexualidad, un sinsentido para algunos, un imposible para otros, algo posible, sin embargo, con la ayuda de Dios, para quien está enamorado de Jesucristo y de su hermosísima misión en la Iglesia. Porque somos los amigos de Jesús, prometemos vivir con austeridad y modestia, algo no fácil cuando nos rodean tantos reclamos hedonistas, pero que nosotros vivimos como signo de nuestro amor solidario a los pobres, sin sucumbir ante los ídolos del dinero y de los bienes materiales, en esta civilización de la abundancia, que genera la miseria del Tercer Mundo.
8.            Porque somos los amigos del Señor, renovamos nuestra renuncia a ser señores de nuestra propia vida para ponerla al servicio de los fieles, obedeciendo a la Iglesia tanto en el plano doctrinal como disciplinar, especialmente en la administración de lo sacramentos de la Eucaristía y del perdón; obedeciendo también al obispo, aunque esto parezca incomprensible a los ojos de un mundo esencialmente individualista, en el que prima el afán por la realización personal. Porque somos los amigos de Jesús, renovamos nuestro compromiso de orar siempre sin desfallecer como una exigencia de nuestra amistad con el Señor, cultivando con especial asiduidad la oración apostólica. Porque somos los amigos de Jesús renovamos nuestro compromiso de amar gratuitamente, con entrañas de madre y corazón de padre, a nuestros fieles, particularmente a los  pobres y a los que sufren.
9.            En esta mañana renovamos también nuestra fraternidad cordial y sin fisuras, aunque nuestras sensibilidades y acentos sean distintos, porque nos une el fundamento último de la comunión, el Señor al que todos amamos y servimos en su Iglesia. No consintamos que nada ni nadie melle la unidad de nuestro presbiterio, la preocupación de unos por otros, la inserción y la ayuda mutua en el arciprestazgo, la búsqueda discreta de los que se aíslan, el acompañamiento cálido de los más débiles, de los que dudan, de los que yacen al borde del camino, como consecuencia del desánimo o del sufrimiento en el alma o en el cuerpo. En esta mañana tenemos muy presentes en la oración y el afecto a los sacerdotes enfermos y ancianos, al mismo tiempo que encomendamos a la piedad de Dios a los once sacerdotes diocesanos, tres religiosos y un diácono fallecidos desde el último Martes Santo. En esta mañana se unen a nosotros por los lazos invisibles de la comunión de los Santos los hermanos misioneros diocesanos, a los que también recordamos con afecto fraterno.
10.          Las ánforas rebosantes de aceite, que vamos a consagrar, tienen como destinatario al Pueblo santo de Dios al que servimos. Contienen el aceite para los enfermos y los catecúmenos y el crisma para los nuevos cristianos, para los confirmandos y para los siete diáconos que tendré la dicha de ordenar sacerdotes el día 28 de junio. A toda la rosa de los vientos de la geografía diocesana llegará el óleo santo para curar, liberar, sanar y santificar a nuestros hermanos. Vivid para ellos, desvivíos por ellos, entregaos con pasión a su servicio, anunciadles sin desmayo a Jesucristo, el único salvador y redentor, la única vía que garantiza la auténtica libertad, la comunión y la felicidad.
11.          Me dirijo ahora a los laicos y consagrados que nos acompañan con un ruego muy sentido: pedid al Señor la santidad para nuestros sacerdotes. Pedidle que nuestra vida sea una transparencia del Señor a quien representamos ante vosotros, el Pueblo de Dios al que tenemos la misión y el gozo de servir. Rezad también por la perseverancia de nuestros seminaristas. Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Os pido una vez más, queridos hermanos sacerdotes, que os empeñéis con todas vuestras fuerzas en la pastoral de las vocaciones. Que miréis como algo propio y muy querido a nuestros Seminarios. Que todos procuremos que nuestra vida sea el primer reclamo vocacional, un reclamo bello y atractivo para nuestros jóvenes, que tienen derecho a encontrarse con Cristo al encontrarse con nosotros. Os recuerdo una frase hermosa del papa Juan Pablo II dirigida a los sacerdotes: “No faltarán vocaciones si se eleva el nivel de la vida sacerdotal, si somos más santos, más alegres, más apasionados en el ejercicio de nuestro ministerio. Un sacerdote "conquistado" por Cristo (Fil 3,12) "conquista" más fácilmente a otros para que se decidan a compartir la misma aventura”.
12.          Os encomiendo a todos a la protección maternal de Santa María, la buena madre de los sacerdotes, que cuidó con solicitud de Jesús, el sumo y eterno sacerdote, y que ahora cuida con la misma solicitud de los hermanos de su Hijo. Ella es la madre, tesorera y guardiana de nuestro sacerdocio. Que ella proteja a nuestros laicos, a nuestros consagrados y seminaristas. Que ella guarde a los sacerdotes, al obispo auxiliar y al arzobispo. Que ella apoye y acompañe nuestro ministerio y custodie con su amor nuestra fidelidad. Así sea.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

martes, 24 de marzo de 2015

ORACIÓN POR LOS SACERDOTES. CUARESMA 2015



Oh Jesús!
Te ruego por tus fieles y fervorosos sacerdotes,

por tus sacerdotes tibios e infieles,

 por tus sacerdotes que trabajan cerca o en lejanas misiones,

por tus sacerdotes que sufren tentación, soledad o desolación,

por tus sacerdotes tocados por la ignorancia, por los que viven su ministerio, con falta de Fe, Esperanza o Caridad,

 por tus jóvenes sacerdotes, por tus sacerdotes ancianos,

 por tus sacerdotes enfermos, por tus sacerdotes agonizantes,

por los que padecen en el purgatorio.

Pero sobre todo, te encomiendo a los sacerdotes
que me son   más queridos:


 Al sacerdote que me bautizó,
a los que me absolvieron y absuelven de mis pecados,

 a los sacerdotes a cuyas Misas he asistido y asisto, ofreciéndome  tu  Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión,

a los sacerdotes que me enseñaron e instruyeron en la Doctrina de la Santa Madre Iglesia,
a los sacerdotes que me alentaron y aconsejaron servir al Señor, para realizar su Voluntad, y a los que me facilitaron recibir los Sacramentos de la Confirmación y del Matrimonio.

 Te ruego por todos los sacerdotes, en especial por los que
me liga una deuda de  gratitud.Ya conoces sus nombres pues todos los                                              días te los presento.
Igualmente te pido en mis oraciónes, Señor, por los sacerdotes apresados o encarcelados, ocultos por falta de libertad religiosa,  por los que sufren, por los despreciados y por los abandonados,
 por aquéllos por los que nadie reza,
por los que son maltratados y agredidos, martirizados.
 Por los que omiten sus funciones y no obedecen la Doctrina de la Iglesia, por los que sienten miedo y por aquellos en posible situación de pecado.

Imprescindible rezar, Señor,
 por los sacerdotes que son fieles, cumplen sus Votos o Promesas y buscan la Santidad,
son Servidores, arriesgan y entregan su vida por los demás, están Felices y Alegres por haber sido elegidos por Dios, y le alaban en los Sacramentos, fomentando la Piedad, que la Iglesia y los Santos han propuesto desde siempre a todos los fieles.

¡Oh Jesús, guárdalos a  todos junto a tu Corazón y concedeles   abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad!   Amén           Recemos     (19.11.11)

(Oración modificada y ampliada de Santa Teresa de Lisieux por los Sacerdotes)                                                                                                                       


sábado, 21 de marzo de 2015

TERESA DE CALCUTA


Santos laicos en la India

En la India llevan luchando contra el sistema de castas más o menos desde que el Mahatma (alma grande) Ghandi dejó las riendas del país. Buscaban ser un país con una imagen moderna, pero había dos espinas clavadas en el costado: el sistema de castas y la hoy santa Teresa de Calcuta.
El primero avergonzaba al gobierno por retrotraerles a una época medieval que contrastaba con la democracia tan moderna que se querían construir. Una democracia de la que la casta superior, los bramanes, recelaban. La segunda les recordaba que durante más de dos milenios la población india había vivido desatendida y si morías o vivías le importaba a bien poca gente.
El Imperio británico, fiel a su legado de saqueo pirata y tejer luego leyendas negras para los demás, hizo bien poco por ello, pero en esto llega en 1929 a la India Teresa y se da cuenta de que el país no puede salir adelante sin que se ayude a los más pobres porque la cosa clamaba al cielo. Unas décadas más tarde nacen las misioneras de la caridad.
Y ahora la acusan de proselitismo (la acusación no es nueva, pero resurge con frecuencia), y otros dicen que no, que solo quería ayudar a los pobres. Arreglan un roto con un descosido. Porque, recordemos, Juan Pablo II se pregunta en la beatificación de la Madre: “¿Dónde encontraba la Madre Teresa la fuerza y la perseverancia para ponerse totalmente al servicio de los demás? En la contemplación silenciosa de Jesucristo, su Santo Rostro, su Sagrado Corazón".
Ante la Verdad, hay quien se achica. Nos encontramos en la encrucijada y el camino parece difícil, pero es casi peor intentar apacigüar a los lobos. La Santa Madre Teresa quería ayudar, sí, el cuerpo y el alma de esa pobre gente. Si muriendo abrazaban a Cristo, tanto mejor, pues entonces encontrarían la plenitud. Si se quedaban con la fe de sus padres, estoy seguro que la Santa Madre no lo desaprobaría pero rezaría por sus almas, porque no era tonta. Era santa.
Ahora nos pretenden vender santos descafeinados, santos laicos, para apaciguar una ola de intolerancia, que en Pakistán ya es dramática, y en la India va camino de lo mismo. La gente, desesperada y azuzada por presuntos líderes religiosos, lobos con piel de cordero, es lanzada contra los de Cristo. Y en vez de coger el toro por los cuernos, curamos una herida con aspirinas.
El Siglo XXI está demostrando ser un nuevo momento de martirio para los cristianos. En Irak, por supuesto, pero no es de lejos el único sitio. Venir a intentar disminuir la figura de los grandes santos del Siglo XX es una estratagema en la que no podemos caer, porque son nuestro referente cercano. Por supuesto, sin olvidar a las legiones de santos que les precedieron, pero me niego a descafeinar a una Santa como la fundadora de las Misioneras de la Caridad.
Que la India pueda pronto reconocerla no solo por su labor humana, sino también por el tesoro que representa su espiritualidad.
+Pax et bonum+
Miguel Vinuesa