SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

martes, 20 de diciembre de 2016

AGRADECER AL PAPA EMÉTRITO RATZINGUER TODA SU OBRA

Ratzinger y esos “conservadores” que sabotean la Tradición

19 de dic de 2016
El primer volumen de los escritos del Papa profesor sobre y en el Concilio Vaticano II; 726 páginas llenas de sugerencias para el presente de la Iglesia
Para Joseph Ratzinger, el Concilio Vaticano II fue un destino. Como asesor teológico del cardenal Frings, vivió las cuatro sesiones de aquella gran aventura sumergido en el ritmo intenso de las sesiones de trabajo, iniciativas, reuniones y elaboraciones de documentos, en contacto con los mayores obispos y teólogos del siglo XX, desde Congar hasta Rahner, pasando por Frings, Volk, De Lubac y Danièlou. Cuando era ya cardenal y Prefecto del ex Santo Oficio, vinculó su nombre al Catecismo de la Iglesia católica, publicado en 1992, para volver a proponer sistemáticamente el «depositum fidei» a la luz del Vaticano II. Como Pontífice, trató de subsanar el cisma con los tradicionalistas lefebvrianos, exponiéndose a las acusaciones de haber abierto el camino a la Iglesia del «anticoncilio». El entusiasta defensor de la reforma conciliar, al convertirse en Sucesor de Pedro, también reivindicó una apropiada «hermenéutica» del Concilio Vaticano II, indicando que esa reforma no implicaba ninguna alteración genética en la Iglesia. Pero justamente la centralidad del Vaticano II en el camino recorrido por Joseph Ratzinger se convirtió en algunas ocasiones en un dato enigmático. Muchas personas, durante varios años, se pusieron a medir la «coherencia» del recorrido ratzingeriano, acaso para reprocharle vergonzosos cambios de «partido», que habrían indicado arrepentimiento tardío, o (en el otro frente) con la intención de insinuar una perdurante pulsión «modernista» activa bajo decisiones atormentadas asumidas cuando era custodio de la ortodoxia católica.
Finalmente, la publicación del primer tomo de los escritos de Joseph Ratzinger en y sobre el Vaticano II, reunidos en el VII volumen de la «Opera omnia» editada por la Libreria Editrice Vaticana, permite consultar, «sine glossa», la intensidad con la que el Papa emérito vivió el Concilio y todas sus consecuencias. Frente a los ríos de palabras incandescentes que surgieron «en vivo», mientras estaba sumergido en ese gran evento eclesial, desaparecen muchas agotadoras discusiones sobre la hermenéutica (sobre el Concilio y sobre el pensamiento de Ratzinger). Y, sobre todo, se encuentran diseminadas en las 726 páginas del volumen muchísimas intuiciones y muchos descubrimientos llenos de sugerencias para el presente de la Iglesia.
La consoladora actualidad eclesial de los textos conciliares de Joseph Ratzinger no se agota en las asonancias profundas que hay entre las intuiciones y los entusiasmos del entonces joven profesor de teología y el «sensus Ecclesiae» del octogenario Papa Francisco. La frescura y la actualidad de las páginas surgen de esa que Ratzinger definía entonces como la auténtica fuente de la reforma conciliar. La misma que nutre hoy la «conversión pastoral» que ha sugerido el actual Sucesor de Pedro, y que sigue suscitando nuevas resistencias sordas y sabotajes organizados.
Hay un pasaje de los escritos sobre el Concilio que acaban de ser publicados en el que Joseph Ratzinger advierte y describe con una intuición nítida y muy actual los rasgos reales de la reunión conciliar. Y las dinámicas que describió entonces se parecen mucho a las que mueven y agitan los escenarios eclesiales del presente. La feliz intuición se encuentra en su resumen del tercer periodo conciliar, en las páginas dedicadas a la «Nota explicativa previa», el texto firmado por el cardenal Pericle Felici con el que se explicaban los criterios con los que había que interpretar los pasajes sobre la colegialdiad episcopal contenidos en la Constitución apostólica «Lumen Gentium»: esos que la minoría del Concilio nunca dejó de criticar, aduciendo que eran un posible factor de «debilitamiento» de la autoridad papal.
Según Ratzinger, se habían delineado claramente dos opciones de fondo que se enfrentaban en el Concilio a la sombra de la «Nota previa» (que él no apreciaba para nada): por una parte, «un pensamiento que parte de toda la vastedad de la Tradición cristiana, y con base en ella trata de describir la constante amplitud de las posibilidades eclesiales». Por otra, «un pensamiento puramente sistemático, que admite solo la presente forma jurídica de la Iglesia como criterio de sus reflexiones, y, por lo tanto, necesariamente teme que cualquier movimiento fuera de ella sea caer en el vacío» (471).
El «conservadurismo» de la segunda opción, según Ratzinger, estaba arraigado «en su extraneidad a la historia y, por tanto, en el fondo, en una “carencia” de Tradición, es decir de apertura hacia el conjunto de la historia cristiana» (471). La descripción de los hechos que hizo Ratzinger le daba la vuelta al ya entonces existente esquema prefabricado que describía el Concilio en curso como un conflicto entre «conservadores» ansiosos por los posibles «desgarres» de la Tradición y los «progresistas» condicionados por las pulsaciones modernistas. La situación, explicaba Ratzinger, era completamente al revés: los que eran catalogados como «progresistas», o, por lo menos, «la parte más consistente de ellos» que estaba trabajando para favorecer una «vuelta a la amplitud y a la riqueza de lo que ha sido transmitido». Ellos volvían a encontrar las fuentes de la renovación que esperaban justamente en la «intrínseca amplitud propia de la Iglesia» (471).
Lo mismo sucede hoy, en la Iglesia, en la que los que despliegan las banderas de la doctrina y de la Tradición son justamente los que se resisten a la Iglesia que camina en la sencillez de la Tradición.
El deseo de volver a las fuentes para disfrutar de toda «la amplitud y la riqueza de lo que ha sido transmitido», es la filigrana tenaz que se aprecia en todos los textos que Ratzinger dio al gran trabajo del Concilio: desde sus intervenciones sobre la Divina Revelación hasta los textos sobre la misión, desde los escritos (críticos) sobre cierto «optimismo» en la Constitución «Gaudium et Spes» sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo hasta los textos (de enorme riqueza) que escribió sobre la «batalla crucial» sobre la colegialidad episcopal en la Iglesia, con los cuales pretendía demostrar y documentar que la doctrina de la colegialidad no era una novedad teológica, sino parte de la Tradición. A los que seguían sosteniendo que los términos Colegio y colegialidad no aparecían en los Evangelios, Ratzinger (con sus colegas teólogos Karl Rahner y Gustave Martelet), hacía notar que lo mismo se podía decir sobre los términos «Primado» e «Infalibilidad». «La Tradición y el magisterio», escribía el entonces futuro Papa Benedicto, «siempre deben desarrollar el germen contenido en la Escritura» (210). Porque la Iglesia, Esposa de Cristo, no es una entidad sacra autosuficiente, fuera del tiempo y del espacio, que hay que defender a como dé lugar de cualquier tipo de crítica. Ella se reconoce a sí misma como una realidad que camina en la historia, sin dejar de depender, paso a paso, de la gracia de Cristo, «continuamente necesitada de renovación», situada «bajo el signo de la debilidad y del pecado», por lo que «siempre necesita la ternura de Dios que la perdona».
por Gianni Valente
fuente: Vatican Insider

FALLECIÓ D JAVIER, PRELADO DEL OPUS DEI . 12 DE DICIEMBRE VIRGEN DE GUADALUPE


Gracias, Padre

Fallece Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei

13 de dic de 2016
A las 21.10 del 12 de diciembre, en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, ha fallecido Mons. Javier Echevarría, obispo y segundo sucesor de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

A las 21.10 del 12 de diciembre, en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, ha fallecido Mons. Javier Echevarría, obispo y segundo sucesor de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. El vicario auxiliar de la prelatura, Mons. Fernando Ocáriz, pudo administrarle los últimos sacramentos esta misma tarde.
El prelado del Opus Dei había sido hospitalizado el pasado 5 de diciembre en el policlínico Campus Bio-Medico de Roma a causa de una leve infección pulmonar.
Mons. Echevarría estaba recibiendo un antibiótico para combatir la infección. Fuentes del centro médico han señalado que el cuadro clínico se complicó hace tres días, agravándose en las últimas horas y provocando una insuficiencia respiratoria que ocasionó el fallecimiento.
Como prevé el derecho de la prelatura, el gobierno ordinario de la prelatura recae ahora sobre vicario auxiliar y general Mons. Fernando Ocáriz. Según los estatutos de la Prelatura, a él compete convocar en el plazo de un mes un congreso electivo que elija al nuevo prelado. El congreso ha de celebrarse en el plazo de 3 meses. La elección debe ser posteriormente confirmada por el Papa.
El Prelado ha fallecido a los 84 años de edad. Nació en Madrid en 1932, y en esa misma ciudad conoció a san Josemaría, de quien fue secretario desde 1953 hasta 1975.
Más adelante, fue nombrado secretario general del Opus Dei. En 1994 fue elegido prelado. Recibió de manos de san Juan Pablo II la ordenación episcopal el 6 de enero de 1995 en la basílica de San Pedro.
A lo largo de esta noche se han celebrado diversas misas corpore insepulto en la capilla del centro hospitalario. Mons. Fernando Ocáriz celebró la primera hacia la 1 de la madrugada.
Al comunicar la noticia, Mons. Fernando Ocáriz, vicario auxiliar y general de la prelatura del Opus Dei, ha comentado que se trata de un momento “de oración, de serenidad y de unidad”.


Y ha añadido: “A la pena por la marcha de un padre, se une el agradecimiento por el cariño y el buen ejemplo que nos ha dado en estos 22 años como prelado”.
El vicario auxiliar ha explicado que justamente el pasado 3 de diciembre, fecha de su santo, Mons. Echevarría decía a las personas del Opus Dei que le acompañaban: “Quiero apoyarme en vosotros. Os necesito. Yo ya estoy de paso. La prelatura del Opus Dei está en vuestras manos. Sostened al prelado, sea quien sea”.
Mons. Ocáriz también ha relatado que en sus últimos momentos, el prelado “rezaba a la Virgen de Guadalupe. Quienes le acompañaban, le preguntaron: -¿Quiere que pongamos la imagen de la Virgen de Guadalupe a la vista? Y él respondió: -No hace falta, aunque no vea el cuadro, la siento conmigo”.

fuente: Opus Dei

martes, 13 de diciembre de 2016

HNA MARY PREMA SUCESORA DE MADRE TERESA

La Hermana Mary Prema enmarca la figura de la santa

La sucesora de Madre Teresa revela su fuerza: ella reconocía en cada persona el hambre de Dios

La sucesora de Madre Teresa revela su fuerza: ella reconocía en cada persona el hambre de Dios
La Hermana Mary Prema, sucesora de la Madre Teresa al frente de las Misioneras de la Caridad, ora ante su tumba

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9 septiembre 2016
La Hermana Mary Prema, actual superior de las Misioneras de la Caridad, habló sobre la Madre Teresa en el Simposio internacional de 2016 celebrado en la India sobre la vida y la misión de Santa Teresa de Calcuta. La sucesora de Madre Teresa señaló los factores que la hicieron fecunda: un cierto sentido común, entrega, fe y la convicción de que había que mostrar que el hombre no sólo tiene hambre de pan y pobreza material.

A continuación reproducimos el mensaje íntegro recogido en AsiaNews por su interés.

***

Nuestra Madre vivió  y obró sobre sólidas convicciones. El don del “buen sentido común” le fue donado en medida increíble. Aquello que la Madre reconoció como voluntad de Dios en favor de ella, lo abrazó libremente y con todo el corazón, sin ninguna dilación.

El día que entré en las Misioneras de la Caridad todo estaba listo para que yo y otra candidata fuésemos a Londres para unirnos a las “aspirantes”. Poco después de haber partido llegó una llamada telefónica con las instrucciones de la madre: “No vayan a Londres. La Madre las espera en Essen”.

Recién llegadas fuimos guiadas por ella a la capilla para una pequeña y simple ceremonia. La Madre besó con reverencia un pequeño crucifijo, me lo dio para besarlo y lo puso cerca de mi corazón. Con su voz baja y firme, la Madre pronunció las palabras que contienen el programa de nuestra vida como Misioneras de la Caridad.

En aquella primera mañana no lo comprendí en su sentido pleno, pero estas palabras entraron en lo profundo de mi corazón: “Hija mía, recibe el símbolo de nuestro Esposo crucificado. Sigue sus Huellas, en busca de almas. Lleva a Él y a Su luz a las casas de los pobres, en modo particular en aquellas de las almas más necesitadas. Difunde la caridad de Su corazón donde vayas y así calma Su sed de almas".

La Madre era devota en guiarnos en el camino de la santidad. Veía en nuestras dos pequeñas almas, ansias de dejar todo para seguir a Jesús.

Cada día a las cinco de la mañana, antes de entrar a la capilla renovamos nuestras intenciones: “Te di mi libertad, amado Jesús, yo te seguiré. Adonde Tú quieras iré en busca de almas, a toda costa, sobre la base del puro amor en Tus encuentros”.

Hasta en su edad avanzada y con la salud cada vez más débil, la Madre era la primera en la capilla para confirmar su amor por Él.



Desde su tierna edad la Madre Teresa fue formada por el Sagrado Corazón de Jesús, que fue su primer amor. Su amor por Jesús creció a través de los años y el Amor la empujó a confiarse y a rendirse a Él en modo tan completo que Cristo ha podido llevarla a la obscuridad de nuestro mundo para ser Su presencia, Su amor y Su compasión.

La Madre era un instrumento dócil en las manos de Dios. Perseveró en el permanecer totalmente a disposición de Jesús, para poder ser usada por Él sin preguntar.

La Madre enfrentó situaciones que habrían podido repeler a su naturaleza humana con la misma firme convicción con la que enfrentó enormes dolores y persecuciones.

Citando sus palabras: “de mi elección, mi Dios y llena de amor por ti estoy lista -aunque tuviera que sufrir aún más- para seguirte y cumplir tu Santa Voluntad”. La Madre tenía sus ojos fijos en Jesús, que seguía con el ardiente deseo de amarlo como Él no había sido amado antes. Esta voluntad suya se expresaba con la gran sonrisa que tenía para cada uno.

Un día vio a una hermana saliendo hacia el apostolado con cara triste. La llamó a su habitación y le preguntó: “¿Qué dijo Jesús: llevar la Cruz o esquivarla? “Llevar la Cruz y seguirlo", respondió la hermana. Y la Madre: Entonces ¿por qué tratas de superarlo?”. Con alegría aquella hermana aprendió la lección: el modo de predicar a Cristo es a través de la alegría. 

Esto significa amor humilde y gentileza en la sonrisa y alegría que sale de los ojos. “Quizás no estaremos en grado de dar mucho, pero podemos siempre dar la alegría que florece de un corazón que ama a Dios”.

“Querido Jesús, quiero seguirte siempre en busca de almas”.

La Madre siguió al Buen Pastor en busca de almas, dispuesta a pagar el precio que Jesús mismo pagó. En 1947, durante una de sus visiones, Madre Teresa se ve rodeada por una enorme multitud de personas pobres de todo tipo, también niños, que tenían marcados en los rostros dolor y sufrimiento. Éstos la llamaban: “Ven, ven sálvanos. Llévanos a Jesús”.

La Virgen preguntó a Jesús cómo responder a este pedido desesperado de los pobres y se le revelaron los medios para lograr hacerlo. La Madre estaba dispuesta a ofrecer todo por un solo niño inocente, para que permaneciese puro para Jesús; por un solo moribundo, para que pudiese morir en paz con Dios; por una sola familia infeliz, para que pudiesen recibir la alegría de amarse y ocuparse los unos de los otros.

Estaba aferrada por el dolor de Jesús y por el dolor que viven en la obscuridad porque ignoran a Dios y a Su amor misericordioso para ellos. Escribió: “¡Cuántas personas mueren sin Dios, solo porque no hay nadie que les hable de Su misericordia!”.

No hay duda de que dejar la seguridad del convento de Loreto para seguir a Jesús en los barrios pobres fue la voluntad de Dios. Estar junto a los pobres para redimirlos, llevando a Dios a sus vidas. Impulsada por el amor, la Madre siguió al Casto Esposo en el ardiente amor por el Padre y por toda la humanidad. Estaba “llena de ardiente deseo de calmar la sed infinita de Cristo en la Cruz, sed de amor y sed de almas”.

Impulsada por el amor siguió al Esposo obediente, que ha escuchado cada manifestación de la voluntad del Padre en las personas, en los eventos y en modo particular en el llanto de los pobres. Siguió a Jesús, que fue consagrado y enviado por el Padre para guiar a cada uno hacia la plena unión con Él.

Mirando con los ojos de Jesús vio más allá de las apariencias, derecho hacia el alma,siempre magnificando la dignidad de un hijo de Dios.

Casta, religión, nacionalidad, grado social - también comportamientos ofensivos- no lograron distraerla de la verdad: cada alma está creada a imagen y semejanza de Dios y cada alma es creada para amar y ser amada.

La Madre amaba contemplar a Nuestra Señora -después de la Anunciación- cuando con toda rapidez fue a su prima Isabel para ayudarla en el momento de necesidad. La Virgen María, Madre de Dios, llevó la presencia de Jesús a la casa de Isabel; la Madre llevó la presencia de Jesús a todos los lugares donde ha llevado a las hermanas para servir a los pobres, aquellos de los cuales nadie se ocupaba.

Ningún problema era demasiado complicado, si las circunstancias daban a Jesús un “nuevo tabernáculo”: así Madre Teresa definía el nacimiento de una nueva comunidad.

Siempre insistió sobre el hecho de que el trabajo debe hacerse en el espíritu del sacrificio Eucarístico, o sea en espíritu de total rendimiento y ofrecimiento de sí mismo.

En 1971, Madre Teresa y sus hermanas comenzaron una misión en Nueva York, en el Bronx. Alguno preguntó: “¿Por qué viene a EEUU? ¿No hay pobres en India?”. Ella respondió: “¿No nos dijo Jesús, vayan por todo el mundo, y proclamen la Buena Noticia a toda la creación?”.



Mirando el mapamundi, la Madre señalaba los lugares donde todavía no estaban presentes. Su deseo era llegar a los confines de la Tierra y más allá. Como dijo una vez. “Si hay pobres en la Luna, entonces tendremos que ir a la Luna”. Esto porque el verdadero amor no se mide: se dona y basta.

En la vida de la Madre cada cosa tenía que ver con el amor por Jesús y el deseo de hacerlo presente, conocido y amado por todos. No se necesitan proyectos, calificaciones, fondos: basta un corazón lleno de amor por Jesús y el deseo de donar por completo la propia vida en el servicio a los pobres.

En sus instrucciones a las novicias la Madre siempre decía: “Si no quieres ser santa, toma tus cosas y vete a casa. No necesito números, necesito hermanas santas”.

La Madre fue siempre compasiva con nosotras en los momentos de fracaso, debilidad y error. Nos ha enseñado y nos ha corregido con firmeza y gentileza. Creía en nuestras buenas intenciones y confiaba en el hecho de que Dios nos usaría para Su trabajo. Nos dio la conciencia del hecho de que cada uno de nosotros necesita hacer de lo suyo lo mejor, porque el deseo y la hosquedad hieren el Corazón de Jesús, que encontramos es las hermanas y en los pobres.

Cuando un obispo pide que se establezca una comunidad de hermanas en su diócesis, el acuerdo es que el mismo obispo se comprometa a permitir a la comunidad tener una capilla en el propio convento; de modo que se celebre misa todos los días y que esté expuesto el Señor a la adoración eucarística. También debe garantizar la posibilidad de confesarse cada semana . "Buscad primero que en el Reino de Dios y su justicia . Todo lo demás vendrá " .

Inflamada por el amor, consciente de la propia pequeñez pero convencida de que gracias a la fe invencible para Dios es todo posible, la Madre fue a lugares donde Jesús no era conocido o amado. Peligro, rechazo y fronteras cerradas son desafíos a los que se enfrentó y que -con la ayuda de Nuestra Señora- logró superar.

Madre Teresa trataba con los líderes de las naciones que no conocían su necesidad de Dios. Cuando los encontraba, apelaba a su amor por sus pueblos, diciendo: “oro y plata no tengo, pero aquello que tengo quiero donárselo. Aquí tiene, tome cuatro de mis hermanas para llevar amor y tierno cuidado a su pueblo”.

En 1981 se abrió una comunidad en el Berlín Oriental. El ardiente deseo de la Madre era honrar a la Virgen dándole 15 santuarios en la Unión Soviética, tantos como los Misterios del Rosario.

En Cuba estamos presentes con 11 comunidades. En 1977 el gobierno comunista de Etiopía expulsó a los misioneros y extranjeros del país, pero le dijeron a la Madre. “No se irá muy lejos porque ama a nuestro pueblo”.

Los líderes de las naciones con tradiciones no cristianas, que no conocían su necesidad de Jesús, aceptaron la oferta de la madre acerca de ofrecer sus servicios a los pobres, sin distinción de castas o religiones.

El presidente de Yemen invitó a la Madre y sus hermanas y aceptó darle un visado al sacerdote que las habría acompañado. Cuando la Madre vio las condiciones de los leprosos de aquel lugar, vio en ellos a Jesús: Jesús, ¿cómo? ¿Cómo podemos dejarte en este estado?”.

Las hermanas están a cargo de sus muchas necesidades, llevando esperanza a sus vidas y la alegría de ser amado.

A un rico benefactor local, la Madre Teresa le dijo: “Estas personas son todas de fe musulmanas. Necesitan rezar. Por favor constrúyales una mezquita para ellos donde puedan rezar”.

Madre Teresa siempre reconoció el hambre más profundo en cada uno de nosotros: el hambre de Dios. Y hoy miles de personas de todas las naciones, de todas las religiones y de todas las razas vinieron para agradecer a alabar a Dios por su Madre: santa Teresa de Calcuta. Dios os bendiga.

lunes, 12 de diciembre de 2016

SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE. PATRONA DE AMÉRICA LATINA



VIRGEN DE GUADALUPE

Bienaventurada Virgen María de Guadalupe
fecha: 12 de diciembre

Elogio: Bienaventurada Virgen María de Guadalupe en México, cuyo gran maternal auxilio implora con humildad el pueblo en la colina de Tepeyac, cerca de la ciudad de México, donde apareció. Ella brilla como una estrella que invita a la evangelización de los pueblos, y es invocada como protectora de los indígenas y de los pobres.


Patronazgos: el Papa Benedicto XIV la proclama Patrona de México en 1754, recibe la coronación pontificia en 1895, y en 1945 el Papa Pío XII la proclama Patrona de América Latina.
Oración: Dios, Padre de misericordias, que constituiste a tu pueblo bajo el singular patrocinio de la Santísima Madre de tu Hijo, concede a todos los que invocan a la Bienaventurada Virgen de Guadalupe, que con más alegre fe busquen el progreso de los pueblos por caminos de justicia y de paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica)
Sin duda que la aparición de la Virgen María como Nuestra Señora de Guadalupe de México es un gran acontecimiento; «El gran suceso» se llama originalmente el relato del milagro que conocemos habitualmente como «Nican mopohua», del que luego hablaremos. Es un gran suceso para México, para la iglesia de toda América, y por lo tanto también para Iglesia universal. Lo que tenemos como vestigios del milagro son:
·el contundente testimonio de la tilma de Juan Diego con la bella imagen de la Virgen admirablemente impresa,
·el relato del milagro en lengua nahuatl, en el texto conocido como «Nican mopohua»,
·y un aspecto fundamental en cualquier milagro, que es la recepción, la conversión obrada en el corazón de los hombres y de los pueblos por la presencia transformadora de lo Divino. El milagro es siempre «milagro para alguien», Dios no habla ni desde el vacío ni al vacío, sino a unos hombres concretos que están atravesando situaciones concretas, y en esas situaciones el milagro trae una palabra que es de Dios y que nos alienta a continuar.
Si sólo tuviéramos la tilma, se trataría de una curiosidad, si sólo el Nican mopohua, se trataría de literatura folclórica para analizar las ideas y creencias de una época, pero a uno y otro les faltaría el corazón, que es que el acontecimiento guadalupano se perpetúa en la fe de México y de toda la Iglesia de América de que el destino de esa tierra es cosa de Dios. Puede que algunas veces lo percibamos como un destino escondido: tierra castigada por la ambición de hombres despreciables. Pero sabemos que lo escondido es a menudo cosa de Dios, y no lo sabemos sólo con la mente sino porque allí está «el gran suceso» que da una esperanza viva a esta tierra, la esperanza de que finalmente lo que parece débil resulta lo auténticamente fuerte, lo despreciado es quien recibe la corona, y una Virgen es quien da por completo a luz a quien es la Luz.
El relato de los hechos ocurridos en 1531, de las sucesivas apariciones de la Virgen a Juan Diego en la ladera del Tepeyac, las entrevistas con el obispo Zumárraga y la milagrosa impresión de la tilma del indio, se nos ha transmitido en principio por tradición oral (el propio Juan Diego era iletrado), aunque al poco tiempo comenzó a ponerse por escrito. No es posible establecer exactamente cuándo, ya que no se sabe quién fue el autor, si Antonio Valeriano (1520-1605) o Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (1568-1648); los dos fueron personas de vasta cultura: de Antonio Valeriano se sabe que dominaba el nahuatl, por ser su lengua nativa, pero también el español y el latín académico, y Fernando de Alva, por su parte, era historiador indigena comisionado por la propia España para recopilar la historia indígena. Lo cierto es que de Nican Mopohua tenemos una primera edición publicada en 1649 por el bachiller Luis Lasso de la Vega, vicario de la capilla de la Virgen. Ésa es la edición que es base para las traducciones hasta la actualidad, y que lleva por título «Huei tlamahuizoltica», «por un gran suceso». No obstante la obra se conoce habitualmente como «Nican mopohua», que son las dos primeras palabras del texto y que significan «aquí se cuenta».
Reproducimos a continuación algunos fragmentos del Nican mopohua, pero invitando a todos a continuar leyendo el texto en alguno de los proyectos guadalupanos que con mucha devoción y no menor seriedad se están desarrollando en internet en relación a este texto, sus contexto histórico, traducciones, etc.:
Nican mopohua, motecpana, in quenin yancuican hueytlamahuizoltica monexiti in cenquizca ichpochtli Sancta Maria Dios Inantzin tocihuapillatocatzin, in oncan Tepeyacac, motenehua Guadalupe.
Acattopa quimottititzino ce macehualtzintli itoca Juan Diego; Auh zantenpan monexiti in Itlazoixiptlatzin in ixpan yancuican Obispo Don Fray Juan de Zumárraga.

Aquí se cuenta, se ordena, cómo hace poco, en forma por demás maravillosa, el amor de la perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, nuestra venerable Señora y Reina, la hizo visible allá en el Tepeyac, que se conoce [ahora] como Guadalupe. En un principio se dignó dejarse ver de un indito de nombre Juan Diego, y, al final, su amor nos entregó su preciosa y amada imagen en la presencia del reciente Obispo Don Fray Juan de Zumárraga.


[..]
164.- Le dijo con gran respeto: «-Mi Señor, Gobernante, ya hice, ya cumplí lo que tuviste a bien mandarme,
165.- y así tuve el honor de ir a comunicarle a la Señora, mi Ama, la Reina del Cielo, venerable y preciosa Madre de Dios, que tú respetuosamente pedías una señal para creerme, y para hacerle su templecito, allí donde tiene la bondad de solicitarte que se lo levantes.
 
166.- Y también tuve el honor de decirle que me había permitido darte mi palabra de que tendría el privilegio de traerte algo como señal, como prueba de su venerable voluntad, conforme a lo que tú te dignaste indicarme».
167.- «Y tuvo a bien oír tu venerable aliento, tu venerable palabra y se prestó gustosa a tu solicitud de alguna cosa como prueba, como señal, para que se haga, se ejecute su amada voluntad.
 
168.- Y hoy, siendo aún noche cerrada, se sirvió mandarme que tuviera el honor de venir de nuevo a verte.
 
169.- Y yo me honré pidiéndole algo como su señal para que fuera creído, conforme a lo que me había dicho que me daría, y de inmediato, pero al instante, condescendió en realizarlo,
 
170.- y se sirvió enviarme a la cumbre del cerrito, donde antes había tenido el honor de verla, para que fuera a cortar flores diferentes y preciosas».
 
171.- «Y luego que tuve el privilegio de ir a cortarlas, se las llevé abajo.
 
172.- Y se dignó tomarlas en sus manecitas,
 
173.- para de nuevo dignarse ponerlas en el hueco de mi tilma,
 
174.- para que tuviera el honor de traértelas y sólo a ti te las entregara».
175.- «Pese a que yo sabía muy bien que la cumbre del cerrito no es lugar donde se den flores, puesto que sólo abundan los riscos, abrojos, espinas, nopales escuálidos, mezquites, no por ello dudé, no por eso vacilé.
 
176.- Cuando fui a alcanzar la cumbre del montecito, quedé sobrecogido: ¡Estaba en el paraíso!.
 
177.- Allí estaban reunidas todas las flores preciosas imaginables, de suprema calidad, cuajadas de rocío, resplandecientes, de manera que yo -emocionado- me puse en seguida a cortarlas.
 
178.- Y se dignó concederme el honor de venir a entregártelas, que es lo que ahora hago, para que en ellas te sirvas ver la señal que pedías, para que te sirvas poner todo en ejecución.
 
179.- Y para que quede patente la verdad de mi palabra, de mi embajada,
 
180.- ¡Aquí las tienes, hazme el honor de recibirlas!»

181.- Y en ese momento desplegó su blanca tilma, en cuyo hueco, estando de pie, llevaba las flores. 
182.- Y así, al tiempo que se esparcieron las diferentes flores preciosas,
 
183.- en ese mismo instante se convirtió en señal, apareció de improviso la venerada imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios, tal como ahora tenemos la dicha de conservarla,
 
184.- guardada ahí en lo que es su hogar predilecto, su templo del Tepeyac, que llamamos Guadalupe.
 
185.- Y tan pronto como la vio el señor Obispo, y todos los que allí estaban, se arrodillaron pasmados de asombro,
 
186.- se levantaron para verla, profundamente conmovidos y convertidos, suspensos su corazón, su pensamiento.
187.- Y el señor Obispo, con lágrimas de compunción le rogó y suplicó le perdonara por no haber ejecutado de inmediato su santa voluntad, su venerable aliento, su amada palabra.
 
188.- Y poniéndose de pie, desató del cuello la vestidura, el manto de Juan Diego,
 
189.- en donde se dignó aparecer, en donde está estampada la Señora del Cielo,
 
190.- y en seguida, con gran respeto, la llevó y la dejó instalada en su oratorio.
 
191.- Y todavía un día entero pasó Juan Diego en casa del Obispo, él tuvo a bien retenerlo.
 
192.- Y al día siguiente le dijo: «-¡Vamos! para que muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templecito».
 
193.- De inmediato se convidó gente para hacerlo, para levantarlo.

Para continuar leyendo: Hay muchos proyectos guadalupanos en internet. Para conocer mejor el Nican Mopohua, en esta página está el texto completo en la muy difundida traducción del P. Mario Rojas, editada en 1978, que es de donde hemos tomado los fragmentos que presentamos. esta página forma parte del magnífico ProyectoGuadalupe.com, que viene creciendo desde hace 5 años, y ofrece no sólo el texto del Nican mopohua original y diversas traducciones con numeración comparable, mención de fuentes, etc... sino además textos valiosísimos que contextualizan el milagro, por ejemplo una carta al rey felipe II de los indios de México pidiéndole ciertas exenciones de servicios comunitarios por la necesidad de dedicar tiempo a la construcción del templo, carta enviada mucho antes de que el milagro comenzara a tomar su forma narrativa fija; y esto por citar sólo alguna de las auténticas golosinas guadalupanas que ofrece ese sitio. También, por supuesto, la propia Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe ofrece información detallada sobre el milagro, el Nican mopohua, y también sobre aspectos actuales de la devoción guadalupana, en particular deseo recoger y recomendar un apartado dentro de ese mismo sitio de la Basílica que muestra en una presentación «flash» muy bien hecha todos los detalles de la imagen, y aspectos de su posible simbolismo. Nota de 2013: lamentablemente, el Proyecto Guadalupe parece haber cerrado como sitio de internet, pero alguien recogió aquí la lista de documentos, y aunque no son inmediatamente accesibles, sirven como inicio de una búsqueda.
Las imágenes mostradas aquí son, en orden: la portada de la primera edición, en nahuatl, del Nican mopohua, realizada en 1649; luego dos fragmentos que contienen dos momentos del milagro: la recogida de las rosas y la antrevista con el Obispo en el que se produce el milagro de la tilma; esos dos fragmentos provienen del cuadro mostrado entero al final, obra del siglo XVIII, titulada «Virgen de Guadalupe con San Miguel y San Gabriel», óleo sobre tela de autor anónimo mexicano, de 60 X 85 cm. Este conjunto pictórico de la imagen, los dos arcángeles y momentos escogidos de la narración parecen formar una constante en la iconografía guadalupana; he escogido este cuadro porque es de hechura rústica y difícil de conseguir en internet, pero en la iconografía de la Virgen que puede recorrerse en los proyectos mencionados se encontrarán varios de los siglos XVII a XIX con similar composición.
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4485


domingo, 11 de diciembre de 2016

IIIDOMINGO DE ADVIENTO DOMINGO GAUDETE. DOMINGO DE LA ALEGRÍA

HOY ENCENDEMOS LA VELA ROSA DE LA CORONA  DE ADVIENTO



Este Domingo, es DOMINICA GAUDETE, llamado así por la primera palabra del Introito de la Misa (Gaudete: Regocíjense).
Los rigores de la penitencia en los tiempos litúrgicos que la Iglesia celebra en el año, el Adviento y la Cuaresma, quedan digamos suavizados, ralentizados, tal vez un poco apagados, en dos domingos del año muy particulares. Son exactamente el III Domingo de Adviento, llamado Domingo Gaudete (hoy), y el IV Domingo de Cuarema  llamado Domingo Laetare.
Gaudete es el imperativo del verbo latino “gaudeo” que significa gozar íntimamente, complacerse en algo. Por tanto “gaudete” significa regocijaos. Regocijo en Adviento porque pronto nacerá el Salvador.

El color litúrgico para estos dos domingos es el rosa, que es como un morado (el color del Adviento y la Cuaresma), pero atenuado. Es decir, un domingo para la penitencia, pero atenuada, en referencia a ese regocijo “Gaudete” que preside la liturgia de hoy.  El rosa se utiliza en esos dos domingos (el III de Adviento y el IV de Cuaresma). 
Sólo se usa este color estos dos domingos del año. En muchas iglesias encontrarán hoy los ornamentos de color rosa. Incluso los sacerdotes en muchas iglesias dirán la misa con casullas de este color.

La liturgia actual de la Iglesia ha hecho que el rosa deje de usarse. Así en muchas iglesias (sobre todo las más modernas) no disponen de ornamentos rosas y usan el morado. El rosa no
está en desuso, y es de gran riqueza litúrgica, el patrimonio de las antiguas parroquias en ornamentos y casullas de este color, reflejan la esperanza y énfasis propios de la celebración de la Santa Misa de ese día.


jueves, 8 de diciembre de 2016

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA. PAPA BENEDICTO XVI


La Inmaculada Concepción de María: Benedicto XVI


Don Pablo Blanco es, probablemente, el mayor especialista (como mínimo divulgador) de Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) en España. Suyo es el conocido libro “Benedicto XVI: el Papa alemán” que publicara Planeta en 2010 . Los enamorados del pontificado de B16 lo hemos leído y recomendamos su lectura siempre que podemos.
En esta ocasión, don Pablo se ha encargado de la edición de una colección de homilías del Pontífice. Se trata de un ejemplo por festividad o día solemne. Una para cada domingo de Adviento, de Cuaresma, homilias de la Navidad y de solemnidades como el del día de hoy, la Inmaculada.
Con Benedicto XVI ocurre que no hay homilia de la que no se puedan sacar cosas de mucho provecho. No le habrá sido fácil al editor escoger las que se han decidido publicar. Les extraigo algunos párrafos del del día de la Inmaculada como prueba de lo que este delicioso libro ofrece.
“Pero ahora debemos preguntarnos:  ¿Qué significa “María, la Inmaculada"? ¿Este título tiene algo que decirnos? La liturgia de hoy nos aclara el contenido de esta palabra con dos grandes imágenes. Ante todo, el relato maravilloso del anuncio a María, la Virgen de Nazaret, de la venida del Mesías.

El saludo del ángel está entretejido con hilos del Antiguo Testamento, especialmente del profeta Sofonías. Nos hace comprender que María, la humilde mujer de provincia, que proviene de una estirpe sacerdotal y lleva en sí el gran patrimonio sacerdotal de Israel, es el “resto santo” de Israel, al que hacían referencia los profetas en todos los períodos turbulentos y tenebrosos. En ella está presente la verdadera Sión, la pura, la morada viva de Dios. En ella habita el Señor, en ella encuentra el lugar de su descanso. Ella es la casa viva de Dios, que no habita en edificios de piedra, sino en el corazón del hombre vivo. 

Ella es el retoño que, en la oscura noche invernal de la historia, florece del tronco abatido de David. En ella se cumplen las palabras del salmo “La tierra ha dado su fruto” (Sal 67, 7). Ella es el vástago, del que deriva el árbol de la redención y de los redimidos. Dios no ha fracasado, como podía parecer al inicio de la historia con Adán y Eva, o durante el período del exilio babilónico, y como parecía nuevamente en el tiempo de María, cuando Israel se había convertido en un pueblo sin importancia en una región ocupada, con muy pocos signos reconocibles de su santidad. Dios no ha fracasado. En la humildad de la casa de Nazaret vive el Israel santo, el resto puro. Dios salvó y salva a su pueblo. Del tronco abatido resplandece nuevamente su historia, convirtiéndose en una nueva fuerza viva que orienta e impregna el mundo. María es el Israel santo; ella dice “sí” al Señor, se pone plenamente a su disposición, y así se convierte en el templo vivo de Dios.”
(…)
Precisamente  en  la  fiesta  de  la  Inmaculada Concepción brota en nosotros la sospecha de que una persona que no peca para nada, en el fondo es aburrida; que le falta algo en su vida:  la dimensión dramática de ser autónomos; que la libertad de decir no, el bajar a las tinieblas del pecado y querer actuar por sí mismos forma parte del verdadero hecho de ser hombres; que sólo entonces se puede disfrutar a fondo de toda la amplitud y la profundidad del hecho de ser hombres, de ser verdaderamente nosotros mismos; que debemos poner a prueba esta libertad, incluso contra Dios, para llegar a ser realmente nosotros mismos. En una palabra, pensamos que en el fondo el mal es bueno, que lo necesitamos, al menos un poco, para experimentar la plenitud del ser.

Pensamos que Mefistófeles —el tentador— tiene razón cuando dice que es la fuerza “que siempre quiere el mal y siempre obra el bien” (Johann Wolfgang von Goethe, Fausto I, 3). Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso que es necesario. 

Pero al mirar el mundo que nos rodea, podemos ver que no es así, es decir, que el mal envenena siempre, no eleva al hombre, sino que lo envilece y lo humilla; no lo hace más grande, más puro y más rico, sino que lo daña y lo empequeñece. En el día de la Inmaculada debemos aprender más bien esto:  el hombre que se abandona totalmente en las manos de Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la amplitud grande y creativa de la libertad del bien. El hombre que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios y junto con él se hace grande, se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo. El hombre que se pone en manos de Dios no se aleja de los demás, retirándose a su salvación privada; al contrario, sólo entonces su corazón se despierta verdaderamente y él se transforma en una persona sensible y, por tanto, benévola y abierta. 

Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Lo vemos en María. El hecho de que está totalmente en Dios es la razón por la que está también tan cerca de los hombres. Por eso puede ser la Madre de todo consuelo y de toda ayuda, una Madre a la que todos, en cualquier necesidad, pueden osar dirigirse en su debilidad y en su pecado, porque ella lo comprende todo y es para todos la fuerza abierta de la bondad creativa." 
BENEDICTO XVI
“Caminar con el resucitado: homilías de un pontificado”
Ediciones Cristiandad, 2016

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo. 
A los que predestinó, los llamó.
A los que llamó, los justificó.

En este día de la Inmaculada, pongamos en manos de María, toda nuestra historia, la vocación a la que estamos llamados, la Santidad, ya seamos clérigos, religiosos o laicos.
Recemos a nuestra Madre del Cielo, para que nos ayude y nos acompañe en estos tiempos confusos, y con nosotros, ruegue al Espíritu Santo por esta Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que tanto sufre en todo el mundo.

Ave María Purísima,
- Ruega por nosotros