SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

sábado, 8 de octubre de 2016

SAN GREGORIO MAGNO y LA RESPONSABILIDAD DE LOS OBISPOS


Nuestro ministerio pastoral
San Gregorio Magno
Homilías sobre los evangelios 17,3.14
Escuchemos lo que dice el Señor a los predicadores que 
envía a sus campos: La mies es abundante, 
pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor 
de la mies 
que mande trabajadores a su mies. Por tanto, para una 
mies abundante son pocos los trabajadores; al escuchar 
esto, no podemos dejar de sentir una gran tristeza, 
porque hay que reconocer que, si bien hay personas 
que desean escuchar cosas buenas, faltan, en 
cambio, quienes se dediquen a anunciarlas. 

Mirad cómo el mundo está lleno de sacerdotes, 
y, sin embargo, es muy difícil encontrar un trabajador 
para la mies del Señor; porque hemos recibido el 
ministerio sacerdotal, pero no cumplimos con los 
deberes de este ministerio.
Pensad, pues, amados hermanos, pensad bien en lo que 
dice el Evangelio: Rogad al Señor de la mies que 
mande trabajadores a su mies. Rogad también por 
nosotros, para que nuestro trabajo en bien vuestro sea              fructuoso y para que nuestra voz no deje nunca de 
exhortaros, no sea que, después de haber 
recibido el ministerio de la predicación, seamos 
acusados ante el justo Juez por nuestro silencio. 

Porque unas veces los predicadores no dejan oír su 
voz a causa de su propia maldad, otras, en cambio, 
son los súbditos quienes impiden que la palabra de 
los que presiden nuestras asambleas llegue al pueblo.

Efectivamente, muchas veces es la propia maldad 
la que impide a los predicadores levantar su voz, 
como lo afirma el salmista: Dios dice al pecador: 
«¿Por qué recitas mis preceptos?» 

Otras veces, en cambio, son los súbditos quienes 
impiden que se oiga la voz de los predicadores, 
como dice el Señor a Ezequiel: Te pegaré la 
lengua al paladar, te quedarás mudo y no podrás 
ser su acusador, pues son casa rebelde. Como si 
claramente dijera: «No quiero que prediques, 
porque este pueblo, con sus obras, me irrita hasta 
tal punto que se ha hecho indigno de oír la exhortación 
para convertirse a la verdad.» 
Es difícil averiguar por culpa de quién deja de llegar al 
pueblo la palabra del predicador, pero, en cambio, 
fácilmente se ve cómo el silencio del predicador 
perjudica siempre al pueblo y, algunas veces, 
incluso al mismo predicador.
Y hay aún, amados hermanos, otra cosa, en la vida 
de los pastores, que me aflige sobremanera; pero, 
a fin de que lo que voy a decir no parezca injurioso 
para algunos, empiezo por acusarme yo mismo de que, 
aun sin desearlo, he caído en este defecto, arrastrado
sin duda por el ambiente de este calamitoso tiempo 
en que vivimos.
Me refiero a que nos vemos como arrastrados a vivir de 
una manera mundana, buscando el honor del 
ministerio episcopal y abandonando, en cambio,
las obligaciones de este ministerio. 
Descuidamos, en efecto, fácilmente el ministerio 
de la predicación y, para vergüenza nuestra, 
nos continuamos llamando obispos; nos place el prestigio
que da este nombre, pero, en cambio, no poseemos la 
virtud que este nombre exige. 
Así, contemplamos plácidamente cómo los que están 
bajo nuestro cuidado abandonan a Dios, y nosotros
no decimos nada; se hunden en el pecado, y nosotros 
nada hacemos para darles la mano y sacarlos del abismo.

Pero, ¿cómo podríamos corregir a nuestros 
hermanos, nosotros, que descuidamos incluso nuestra 
propia vida? 

Entregados a las cosas de este mundo, nos vamos 
volviendo tanto más insensibles a las realidades del 
espíritu, cuanto mayor empeño ponemos en interesarnos
por las cosas visibles.
Por eso, dice muy bien la Iglesia, refiriéndose a 
sus miembros enfermos: Me pusieron a guardar sus viñas;
y mi viña, la mía, no la supe guardar. 
Elegidos como guardas de las viñas, no custodiamos ni 
tan sólo nuestra propia viña, sino que, entregándonos
a cosas ajenas a nuestro oficio, descuidamos los deberes 
de nuestro ministerio. 

La mies es abundante, y los obreros pocos:rogad, pues,
al dueño de la mies que mande obreros a su mies
Pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él, 
vuestro  corazón. Que mande obreros a su mies.

Final

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso 
desbordas los méritos y deseos de los que te 
suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, 
para que libres nuestra conciencia de toda inquietud 
y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos 
a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que 
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo 
y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 7 de octubre de 2016

NTRA SRA DEL SANTO ROSARIO




Rezar el santo Rosario
no sólo es hacer memoria
del gozo, el dolor, la gloria,
de Nazaret al Calvario.
Es el fiel itinerario
de una realidad vivida,
y quedará entretejida, la vida,
siguiendo al Cristo gozoso,
crucificado y glorioso,
luminoso y misericordioso
en el rezo del Santo Rosario. Amén

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.






miércoles, 5 de octubre de 2016

DROGADICTO Y DELINCUENTE, HOY SACERDOTE, PROMUEVE EL REZO DEL SANTO ROSARIO



Inicio / Personajes
El padre Calloway dedica un libro a 26 grandes «campeones» de esta devoción mariana

Fue drogadicto y delincuente, hoy es sacerdote y promueve el rezo del rosario «para ir al Paraíso»

Fue drogadicto y delincuente, hoy es sacerdote y promueve el rezo del rosario «para ir al Paraíso»
El padre Calloway ha escrito un libro para evidenciar el respaldo de santos y Papas al rezo del rosario.

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5 octubre 2016
El padre Donald Calloway, MIC nació en 1972 en Dearborn (Michigan, Estados Unidos), y se ordenó sacerdote en 2003 como miembro de la congregación de los padres Marianos de la Inmaculada Concepción. Tiene una historia detrás, porque antes de convertirse al catolicismo y de pensar en la vida religiosa llevó una vida más que complicada, con consumo de drogas y un paso por la cárcel incluidos. Además de ser conocido por su afición al surf, lo es por su apostolado del rosario, que culmina con la reciente publicación de Champions of the Rosary. The History and Heroes of an Spiritual Weapon [Campeones del rosario. Historia y héroes de un arma espiritual].



El libro consta de tres partes: una historia del rosario como arma espiritual que nos ha dado Dios mismo, las frases más contundentes de los 26 santos y Papas "héroes del rosario" y una guía práctica de cómo y por qué rezar el rosario. Cierra el volumen un apéndice con muestras de arte vinculado al rosario.

Anabelle Hazard entrevistó al padre Calloway para Catholic Stand, de donde reproducimos las correspondientes preguntas y respuestas, según la traducción de Cari Filii:

-¿Con qué frecuencia reza el rosario?
-Rezo el rosario todos los días. Lo hago así desde mi conversión al catolicismo en 1992. Muy pocos días lo habré dejado de hacer. En mi congregación religiosa estamos obligados a rezar un grupo de misterios todos los días. Yo rezo el rosario dominico (gozosos, luminosos, dolorosos, gloriosos).

-¿Qué le aconsejaría a las familias a las que les cuesta rezar el rosario juntos? 
-Si se trata de niños pequeños, quizá es más aconsejable rezar una decena por la noche. Los domingos y festivos pueden rezarse las cinco decenas. También recomiendo mucho que sea el padre quien reúna a la familia para el rosario y quien lo guíe. Este ejemplo paterno tiene un efecto duradero. Hay estudios que demuestran que cuando es el padre quien conduce las oraciones y se encarga de que la familia participe en las actividades religiosas, es más probable que los niños lo hagan cuando sean jóvenes y como adultos. Todo el mundo se distrae rezando el rosario. Es normal. Sugiero que la familia no deje el rosario para última hora del día porque es garantía de somnolencia.

-Hay una parte de los católicos que son escépticos ante las revelaciones privadas. Sin embargo, en la primera parte de su libro las revelaciones privadas están muy presentes en momentos fundamentales en los que intervino Nuestra Señora. ¿Cuál es la forma más sabia de discernir una revelación privada?
-Ningún católico está obligado a aceptar una revelación privada. Sin embargo, el Catecismo de la Iglesia católica reconoce que en ocasiones el cielo nos habla a través de hecho de esa naturaleza. Cuando las revelaciones privadas reciben la aprobación de la Iglesia, es un signo de que el cielo nos está hablando sobre un asunto específico para nuestro tiempo. Así ha sido el caso de incontables revelaciones privadas aprobadas, muchas de las cuales condujeron a nuevas formas de devoción a Dios y a Nuestra Señora y contribuyeron a establecer en la Iglesia nuevas fiestas litúrgicas.

-Su libro presupone que el rosario es un arma. ¿Es correcto decir que esa devoción al rosario es también un arma necesaria para la santidad?
-Técnicamente, la devoción al rosario no es necesaria para la salvación. Sin embargo, nadie que crea realmente en Jesucristo y en la plenitud de la verdad tal como la enseña el catolicismo puede oponerse al rosario o ir contra él. Con toda sinceridad: quien esté contra el rosario nunca será elevado a los altares.  ¿Cómo podría ser eso? Rezar el rosario es rezar el Nuevo Testamento. Rezar el rosario es meditar sobre el misterio redentor de Jesucristo y coronar con rosas espirituales la hermosa cabeza de la Reina del Cielo. Quien se opone a ambas cosas no puede ser santo.


El padre Calloway firmando uno de sus libros. 

-Su experiencia de conversión fue a través de la intercesión de Nuestra Santísima Madre y de su propia madre.  ¿Cuál fue el secreto de su madre sobre su conversión? ¿Tiene usted algún consejo para las madres que queremos que nuestros hijos amen a la Santísima Virgen y a la Santa Madre Iglesia?
-El secreto que usó mi madre fue el secreto del que escribió San Luis María Grignon de Montfort, a saber, el secreto del rosario. El rosario es poderoso. Cuando mi madre se convirtió al catolicismo, comenzó a rezar el rosario a diario para la salvación de su matrimonio y la conversión de su hijo delincuente (yo). ¡Y funcionó! Cuando una persona se deja someter a una conversión diaria del corazón de Jesús, participación en la vida sacramental de la Iglesia, adhesión a las enseñanzas de la Iglesia y rezo diario del rosario, el cielo responde con una efusión de gracia y misericordia.

-¿Sintió la presencia y la intercesión de Nuestra Señora y de los adalides del rosario (también de sus enemigos) mientras se documentaba para el libro y lo escribía?
-En cierto modo, considero que partes de este libro son milagrosas. Realmente no soy muy bueno escribiendo. Soy capaz de llevar a cabo una investigación eficazmente, pues tengo estudios marianos y soy capaz de leer en varias lenguas, y sé dónde están todas las fuentes marianas. Sin embargo, redactar un libro de 445 páginas no es tarea fácil. Al inicio del proyecto, no tenía ni idea de cómo iba a conseguirlo. Me llevó más de dos años escribir el libro y durante ese tiempo recé una novena continua a Nuestra Señora y a unos doscientos santos, pidiéndoles que me ayudaran. Durante estas oraciones se me ocurrió dividir el libro en tres secciones: historia, campeones y aspectos prácticos. A veces escribía un capítulo y luego me iba a la cama muy disgustado con la forma en la que lo había escrito, me despertaba y volvía a leer lo que había escrito... y me asombraba de lo que había en las hojas. Suena raro, pero una buena parte de mí piensa que Jesús y María trabajaban por la noche en el texto para mejorarlo.


Los 26 "campeones del Rosario", según el padre Calloway: en la columna de la izquierda, Santo Domingo Guzmán, San Pío V, San Luis María Grignon de Montfort, San Antonio María Claret, León XIII, Pío XII, San Juan XXIII, Joseph Kentenich, San Pío de Pietrelcina, Fulton Sheen, Beato Pablo VI, San Josemaría Escrivá y Patrick Peyton; en la columna de la derecha, Beato Alan de la Roche, San Alfonso María de Ligorio, Beato Pío IX, Beato Bartolo Longo, Pío XI, Dolindo Ruotolo, Beato Santiago Alberione, Frank Ruff, San Maximiliano Kolbe, Benedicto XVI, San Juan Pablo II, Santa Teresa de Calcuta, Sor Lucía.

-Usted ha peregrinado a lugares sagrados en todo el mundo. ¿Cuál es su lugar preferido de peregrinación mariana y por qué?
-Mis dos lugares favoritos de peregrinación son Lourdes y el Santuario de Nuestra Señora del Rosario en Pompeya (Italia). ¡Son dos lugares tan impresionantes en su belleza y recogimiento! Lourdes parece un castillo  medieval donde vive una princesa, ¡y es tan fácil escaparse a la capillita y perderse en oración y soledad! Y debo decir que el Santuario de Nuestra Señora del Rosario en Pompeya es probablemente la iglesia más hermosa que he visto nunca. No cambiaría nada en ella, y sólo mirar en el interior de la iglesia recrea al alma en la belleza de Dios. San Juan Pablo II, el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco también han estado allí.



-¿Ha regresado a Japón desde que fue deportado para predicar como sacerdote marianista?
-Tras mi experiencia de ser expulsado de Japón en 1988, no he regresado a Japón más que al aeropuerto internacional de Narita, en Tokio, para alguna conexión con algún vuelo internacional. Para quienes no conozcan mi historia: en mi juventud fui un mal tipo. Dejé el instituto y fui deportado de Japón por consumo de drogas y actividad criminal, acudí a centros de rehabilitación de drogodependientes en Pennsylvania y cuando cumplí los 18 fui a la cárcel en Louisiana. Tenía el pelo largo hasta la cintura, tatuajes, pendientes y la peor lengua que hayan ustedes escuchado nunca. Sin embargo, Dios tenía otros planes. Al cumplir 21, tuve una conversión radical tras leer un libro sobre apariciones marianas. Tras hacerme católico entre en una congregación religiosa y pasé diez años estudiando para ser sacerdote. Soy sacerdote desde hace 14 años.



-¿Cuál es la más importante de las promesas a los devotos del rosario, o su favorita?
-Según una antigua tradición, Nuestra Señora le dijo a Santo Domingo y al Beato Alan de la Roche que quienes promuevan el rosario alcanzarán la salvación. Para mí, ésa es la mejor promesa. Quiero estar con Jesús en el Paraíso para siempre. Realmente lo demás no importa.

Traducción de la entrevista: Carmelo López-Arias para Cari Filii.

TÉMPORAS DE ACCION DE GRACIAS


Témporas de acción de gracias y de petición, fiesta
Días de acción de gracias y de petición que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual. Son una ocasión que presenta la Iglesia para rogar a Dios por las necesidades de los hombres, principalmente por los frutos de la tierra y por los trabajos de los hombres, dando gracias a Dios públicamente (OGMR 45).
Se celebrarán al menos en este día y, siempre que sea posible, es aconsejable celebrarlo también en otros dos días de la misma semana.


Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría, 
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que El nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades»

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.




Gracias, Señor, por esta agua que llega
del aire hasta los campos, hasta el bosque y el huerto;
gracias por tu palabra que riega este desierto
del alma, prometiendo las horas de la siega.

Gracias por tanta gracia, tanta cuidada entrega,
por el sol que calienta este corazón yerto;
gracias por estas flores primeras que han abierto
ojos de luz a tanta claridad honda y ciega.

Gracias porque te he visto latiendo en los bancales,
favoreciendo, urdiendo los tiernos esponsales
del verdor con la tierra, la rosa con la rama.

Gracias porque nos enseñas a ser en lo que era
al olvidar mis estiajes en esta primavera;
gracias porque es llegado el tiempo del que ama. Amén



domingo, 2 de octubre de 2016

FUNDACIÓN DEL OPUS DEI . 2 DE OCTUBRE DE 1928

1928: Fundación del Opus Dei

“Tenía yo veintiséis años, la gracia de Dios y buen humor, y nada más. Y tenía que hacer el Opus Dei”.
                                 Campanas de N. Sra. de los Ángeles que sonaban cuando San Josemaría vió el Opus Dei
El 2 de octubre de 1928 Josemaría Escrivá de Balaguer se encontraba en la Casa Central de los Paúles de Madrid, participando en unos ejercicios espirituales junto con otros sacerdotes de la diócesis. Era un día más del otoño madrileño. Por la mañana, a primera hora, celebró la Santa Misa. Luego, se retiró a su habitación, donde comenzó a releer las notas en las que había ido recopilando durante los últimos años: mociones de Dios, inspiraciones y propósitos de su oración.

Fue entonces cuando vio con total claridad lamisión que Dios le encomendaba, aquello por lo que venía rezando desde su juventud.
Usaba siempre el verbo ver para referirse a aquella inspiración divina del 2 de octubre, aquella visión intelectual del querer divino, tal como Dios lo quería y tal como debía ser a lo largo de los siglos.
San Josemaría


El Opus Dei

¿Qué fue lo que vio? Vio, de modo inefable, a personas de toda raza y nación, de todas las culturas y mentalidades, buscando y encontrando a Dios en su vida ordinaria, en su familia, en su trabajo, en su descanso, en el círculo de sus amistades y conocidos. Personas con el afán de vivir en Cristo, de dejarse transformar por Él, de luchar por la santidad en medio de sus ocupaciones habituales en el campo, en la fábrica o en el despacho, en todas las profesiones honradas de la tierra. 
Vio a cristianos corrientes que vivirían con plenitud la vocación recibida en el bautismo. Apóstoles de Cristo, que hablarían de Él con sencillez y naturalidad, esforzándose por ponerlo en la cumbre de las actividades humanas
Vio a multitudes aspirando a la santidad. A miles de santos en medio del mundo. Personas que se esforzarían por santificar su trabajo, por santificarse en su trabajo y por santificar a los demás con su trabajo; que lucharían por cristianizar su ambiente con el calor de su cercanía con Cristo; que serían, entre sus parientes y amigos, Cristo que pasa. Personas con un afán grande por llevar la fe y el mensaje cristiano a todos los sectores de la sociedad.

Vio a cristianos corrientes que vivirían con plenitud la vocación recibida en el bautismo. Apóstoles de Cristo, que hablarían de Él con sencillez y naturalidad, esforzándose por ponerlo en la cumbre de las actividades humanas, viviendo gozosamente su participación en el sacerdocio de Cristo y ofreciendo a Dios cada día el sacrificio santificante de su propia existencia.

Vio un camino de santidad y de apostolado para servir a la Iglesia. Eso, que no tenía nombre aún, era Iglesia y para la Iglesia. La Voluntad de Dios estaba clara: Dios quería abrir un panorama vocacional en medio de la calle para su Iglesia, dirigido a personas de todas las edades, estados civiles y condiciones sociales. Era un nuevo horizonte eclesial que prometía frutos abundantes de santidad y de apostolado en toda la tierra.

Don Josemaría, emocionado, se arrodilló mientras las campanas de la cercana iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles repicaban en el día de su fiesta. “Tenía yo veintiséis años, la gracia de Dios y buen humor, y nada más. Y tenía que hacer el Opus Dei”.

Un nuevo camino en la Iglesia
Se informó prudentemente sobre otras realidades de la Iglesia para comprobar si existía ya alguna con las características que Dios le había hecho ver. Hizo pesquisas, escribió pidiendo información sobre otras iniciativas eclesiales..., pero al fin, ante la evidencia de la originalidad del mensaje que había recibido, se rindió. Dios quería que fuese él quien abriera ese nuevo camino dentro de la Iglesia.

Comenzó a reunir personas —estudiantes, profesionales, sacerdotes— a las que fue transmitiendo ese ideal, esa misión que Dios le había encomendado. Les aseguraba con una fe sin fisuras que aquello se haría realidad. Con tanta fe hablaba, que uno de los que le escucharon durante aquel tiempo comentaría años después:
“Pero, ¿tú crees que eso es posible?— le decía yo.
Y él me contestaba: —Mira, esto no es una invención mía, es una voz de Dios—.
Y, fiel a esa voz, aquel sacerdote, pobre, humilde, sencillo y desconocido, se entregaba con su alma y con su vida a un empeño gigantesco, alentado sólo por una fuerza sobrenatural que le impulsaba poderosamente”.

Solicitaba oraciones a todas las personas que conocía, porque se daba cuenta de la desproporción abismal que mediaba entre la Voluntad de Dios y sus cualidades personales. Para llevar a cabo su misión —lo sabía bien— debía identificarse totalmente con la Voluntad divina; no bastaba con que fuera un sacerdote bueno: debía ser un sacerdote ¡santo!

Durante ese tiempo, estuvo atendiendo espiritualmente en el lecho de muerte a una dama apostólica, se llamaba Mercedes Reyna y falleció con fama de santidad. “Sin haberlo pensado de antemano —escribió en sus Apuntes íntimos—, se me ocurrió pedirle lo siguiente: Mercedes, pida al Señor, desde el cielo, que si no he de ser un sacerdote, no bueno, ¡santo!, me lleve joven, cuanto antes. Después, la misma petición he hecho a dos personas seglares —una señorita y un muchacho—, que todos los días en la Comunión renuevan ante el buen Jesús esa aspiración”.

Las instituciones católicas de aquella época solían ser femeninas o masculinas, y el joven fundador pensaba que debía llevar a cabo aquel empeño de Dios sólo con hombres. Pero el 14 de febrero de 1930 recibió una nueva gracia interior que le hizo profundizar en la luz fundacional del 2 de octubre. Comprendió, mientras celebraba la Santa Misa, que debía comenzar el apostolado del Opus Dei también entre las mujeres. Labor que sería fecundísima y trascendental, porque, como diría el fundador, “la mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico, que le es propio y que sólo ella puede dar: su delicada ternura, su generosidad incansable, su amor por lo concreto, su agudeza de ingenio, su capacidad de intuición, su piedad profunda y sencilla, su tenacidad...”

Nuevos horizontes apostólicos

Soñaba con inmensos horizontes de apostolado y evangelización, convencido de que la Voluntad de Dios se haría realidad, y de que muy pronto miles de cristianos se esforzarían por poner a Cristo en el corazón de los afanes humanos. Dios quiso confirmarle en su esperanza con nuevas y repetidas mociones interiores. Una de ellas tuvo lugar el 7 de agosto de 1931, cuando celebraba la Santa Eucaristía: 

“Creo que renové el propósito de dirigir mi vida entera al cumplimiento de la Voluntad divina: la Obra de Dios (propósito que, en este instante, renuevo también con toda mi alma). Llegó la hora de la Consagración: en el momento de alzar la Sagrada Hostia, sin perder el debido recogimiento, sin distraerme —acababa de hacer in mente la ofrenda del Amor Misericordioso—, vino a mi pensamiento, con fuerza y claridad extraordinarias, aquello de la Escritura: et si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad me ipsum (Jn 12, 32). Ordinariamente, ante lo sobrenatural, tengo miedo. Después viene el ne timeas! , soy Yo. Y comprendí que serán los hombres y mujeres de Dios, quienes levantarán la Cruz con la doctrina de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana... Y vi triunfar al Señor, atrayendo a Sí todas las cosas.

A pesar de sentirme vacío de virtud y de ciencia (la humildad es la verdad, sin garabato), querría escribir unos libros de fuego que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y su calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas, para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey”.


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