SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

sábado, 14 de noviembre de 2015

ATENTADO EN PARÍS




13 DE NOVIEMBRE ATENTADO TERRORISTA EN PARÍS


128 MUERTOS, 
MAS DE 200 HERIDOS, 
MUCHOS, MUY GRAVES





miércoles, 11 de noviembre de 2015

Beata Teresa de Calcuta, la persona

Beata Teresa de Calcuta, la persona
Diez anécdotas que nos dibujan su carácter o la naturaleza de su misión


Por: Carmelo López-Arias | Fuente: Religion en Libertad y Catholic.net




La bibliografía sobre la Beata Teresa de Calcuta (1910-1997) es abundante y diversa, pero que puede aún enriquecerse con obras notables lo prueba la que publicó en 2014 Fernando López de Rego: "Teresa de Calcuta. La persona" (Freshbook).
Una aproximación valiosa porque, sin pretensión hagiográfica alguna, permite que la elocuencia intrínseca de los dichos y acciones de Agnes Gonxha Bojaxhiuproclame más su santidad que su misma valoración, en cualquier caso ya dictaminada por la Santa Sede al elevarla a los altares en 2003, pendiente ahora del proceso de canonización.
Valiosa porque deja un retrato muy verosímil de su protagonista, "la Teresa persona", objeto de búsqueda que confiesa el autor: "Una persona que dejó en vida una huella muy fuera de lo corriente y que provocó unas ondas de tal magnitud que, tras su muerte, siguen expandiéndose por prácticamente todos los países del mundo".
El autor entrevistó, para conocerla mejor, a nueve personas con mucho que decir sobre ella, y cuyos testimonios son una aportación sustanciosa de este volumen: Henry D´Souza, arzobispo emérito de Calcuta; Sunita Kumar, su amiga y portavoz hindú; Alfred Woodward, el cardiólogo que certificó su muerte, quien durante años se ha resistido a hablar de Madre Teresa; Anges Maity, su primera niña de las chabolas; un hermano misionero de la Caridad en Calcuta; Sajeda Khatoon, su vecina musulmana; Sor Gertrude, la segunda que la siguió; Lakshmi, Mongol, Jacob Das, Anil, Kalloo y Philip, sus huerfanitos; y Sor María Ruah, una doctora europea en la leprosería de Shantinagar y única de este elenco que no la conoció personalmente.

Encontramos aquí multitud de anécdotas que protagonizó, en ocasiones más útiles que mil discursos para dibujar un carácter o la naturaleza de una misión. He aquí diez de ellas.

1. La alegría de dar

En cierta ocasión, Madre Teresa supo de una familia hindú con ocho hijos que no tenía nada para comer. Cogió un poco de arroz y se lo llevó; los ojos de los niños brillaban de hambre. Su madre cogió el arroz, lo dividió y salió a la calle con la mitad del recibido. Cuando regresó y Madre Teresa le preguntó qué había hecho, contestó simplemente: "Ellos también tienen hambre". "Ellos" era una familia musulmana vecina. Madre Teresa comentó luego: "Aquella noche no les di más arroz, pues quería que ellos también pudiesen disfrutar de la alegría de dar".

2. La caridad, por encima del Papa

El 29 de noviembre de 1964, Madre Teresa estaba invitada a la ceremonia de apertura del XXXVIII Congreso Eucarístico Internacional, presidida por Pablo VI en Bombay. Pero de camino al acto, vio a dos moribundos junto a un árbol, marido y mujer. Se detuvo con ellos hasta que él murió en sus brazos. Entonces la religiosa cargó en hombros a la esposa y la llevó a un centro de su congregación. Para entonces, la ceremonia ya había concluido...

3. Un premio mayor que un millón de dólares

Cuando un periodista norteamericano la vio atendiendo a un enfermo con heridas hediondas, le dijo que él no haría eso ni por un millón de dólares. "Por un millón de dólares tampoco lo haría yo", respondió Madre Teresa.

4. A los del "rollo social"

A las misioneras de la Caridad, algunos tenían el cuajo de reprocharles la atención prestada a los más necesitados, alegando que eso les mantenía en la miseria. Y alegaban la manida comparación de qué es mejor, si regalar un pez o una caña de pescar.
La beata albanesa tenía clara la respuesta: "Lo que dicen ustedes me parece perfecto, pero los pobres con los que nosotros trabajamos están tan débiles que no tienen fuerza ni siquiera para sostener la caña entre sus manos. Si les parece, nosotras les alimentamos para que adquieran esa fuerza y luego ustedes les enseñan a manejar la caña".

5. Planchazo a un funcionario hostil

Un día la Madre Teresa acudió a solicitar una ayuda al edificio principal de la administración del estado de Bengala Occidental en Calcuta. El funcionario reaccionó de una manera muy hostil y humillante a la solicitud. Pero más tarde, el superior jerárquico de ese funcionario estudió la solicitud y decidió acogerla. Cuando ella fue a recibir la suma concedida, el funcionario displicente le espetó: "Este dinero es para usted". A lo que ella respondió inmediatamente: "No, este dinero es para los pobres.Para mí era su comportamiento del otro día".

6. "Sin María no hay Jesús"

Estando en Holanda, un protestante que la visitó junto con su esposa le comentó que, en su opinión, los católicos le daban excesiva importancia a María. "Sin María no hay Jesús", replicó ella muy en su línea, breve y de lógica elemental. Debió hacer pensar a su interlocutor, porque días después recibió una hermosa postal suya con el siguiente texto: "Sin María no hay Jesús".

7. Pasajera de lujo

En sus viajes por la India, llevaba consigo una gran imagen de la Virgen de Fátima, casi de tamaño natural, que le habían regalado. Una vez la colocó en el tren en el asiento contiguo, y el revisor quería hacerle pagar el billete a Nuestra Señora. Madre Teresa le explicó que su pase gratuito de los Ferrocarriles Indios era para ella y una acompañante... y que ésa era su acompañante ese día. El agente insistió: las estatuas no hablan, y por tanto no hacen compañía. "Pues yo le hablo y ella me escucha. Y a veces ella me habla y yo la escucho a ella". El revisor se dio por vencido.

8. Objetivo Berlín

Madre Teresa había hecho el voto de seguir inmediatamente la voluntad del Señor nada más conocida, de forma que no dejaba pasar ni un minuto. Así que, cuando en septiembre de 1980 se fue al Berlín Oriental a abrir la primera casa de la orden en un país comunista, la hermana que debía quedarse sólo tenía permiso para 24 horas. Ambas empezaron a recitar su oración de intercesión preferida (el Acordaos, dirigido a la Virgen María). Cuando llevaban ocho, sonó el teléfono: le habían concedido el visado para seis meses.

9. Novenas exprés

Una mujer de acción como la Madre Teresa no hacía las novenas en nueve días, sino en uno solo, repitiendo diez veces el Acordaos. ¿Por qué diez? Daba por descontado que la petición iba a ser atendida y añadía una repetición adicional, la décima, en concepto de acción de gracias anticipada.

10. Mucho más que preconciliar

Un teólogo que visitaba a las misioneras de la Caridad consideraba sus enfoques espirituales y pastorales propios de tiempos anteriores al Concilio Vaticano II. Al despedirse de ellas, no pudo reprimir el decírselo: "Lo que están haciendo ustedes es admirable, pero teológicamente están en hace doscientos años". La respuesta de Madre Teresa fue instantánea: "Peor aún. En hace dos mil años".

El artículo sobre la Beata Teresa de Calcuta en nuestro santoral te ofrece más información sobre ella.


viernes, 6 de noviembre de 2015

MÁRTIRES DEL SIGLO XX EN ESPAÑA



Pléyade santa y noble de mártires insignes,
testigos inmortales del Cristo victimado;
dichosos, pues sufristeis la cruz de vuestro Amado
Señor, que a su dolor vuestro dolor ha unido.

Bebisteis por su amor el cáliz de la sangre,
dichosos cireneos, camino del Calvario,
seguisteis, no dejasteis a Jesús solitario,
elevasteis vuestra cruz junto a su cruz unida.

Rebosa ya el rosal de rosas escarlatas,
la luz del sol tiñe de rojo el cielo,
la muerte estupefacta contempla vuestro vuelo,
enjambre de profetas y justos perseguidos.

Vuestro valor intrépido deshaga cobardías
de cuantos en la vida persigue la injusticia;
siguiendo vuestras huellas, hagamos milicia,
sirviendo con amor la paz de Jesucristo. Amén.

En el aniversario de la beatificación en 2007 del grupo de 498 mártires de España en época de la Guerra Civil, se conmemoran litúrgicamente en esta fecha todos los mártires, santos y beatos, que dieron en España, en el siglo XX, su testimonio de fe.




Esta celebración es propia de la Iglesia española; por tratarse de una celebración de carácter exclusivamente local, figura al final de la lista del 6 de noviembre.
Aunque la fecha hace alusión a la beatificación realizada en Roma en 2007 de 498 mártires, litúrgicamente agrupa a todos los mártires de la misma persecución que no son celebrados en otra fecha, lo que hace que de los 1523 mártires elevados a los altares entre 1987 y 2013, la mayor parte (más de mil), sean conmemorados hoy.
Transcribimos la homilía del Card. Angelo Amato pronunciada en Tarragona el 13 de Octubre de 2013 con ocasión de la beatificación del último grupo de 522 mártires de diversas partes de España, en la que el Cardenal hace también un breve recuento de los distintos prcesos que se han realizado. 
Nota provisoria: se van realizando las incorporaciones individuales de mártires a sus respectivas fechas (es decir, a la de la muerte de cada uno de ellos), mientras tanto se coloca tras la homilía el listado de los 498 beatificados en Roma, y el de los 522 de Tarragona, ya que todavía la mayoría de ellos no estarán en otras partes del Santoral.

lunes, 2 de noviembre de 2015

MADRE TERESA Y JUAN PABLO II IN MEMORIAM




Homilía Papa Francisco, Todos los Santos, Cementerio Campo Verano Roma, 1-11-2015

Papa cementerio Roma
Homilía Papa Francisco, Todos los Santos, Cementerio Campo Verano Roma, 1-11-2015
En el Evangelio hemos escuchado a Jesús que enseñaba a sus discípulos y a la gente reunida sobre la colina del lago de Galilea (Cfr. Mt 5,1-12). La palabra del Señor resucitado y vivo indica también a nosotros, hoy, el camino para alcanzar la verdadera felicidad, el camino que conduce al Cielo. Es un camino difícil de comprender por qué va contra corriente, pero el Señor nos dice que quien va por este camino es feliz, tarde o temprano alcanza la felicidad.
“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Podemos preguntarnos, ¿cómo puede ser feliz una persona pobre de corazón, cuyo único tesoro es el Reino de los cielos? Pero la razón esta propio aquí: que teniendo el corazón vacío y libre de tantas cosas mundanas, esta persona está en “espera” del Reino de los Cielos.
“Bienaventurados los que ahora lloran, porque serán consolados”. ¿Cómo pueden ser felices aquellos que lloran? Es más, quién en la vida nunca ha experimentado la tristeza, la angustia, el dolor, no conocerá jamás la fuerza de la consolación. En cambio, pueden ser felices cuantos tienen la capacidad de conmoverse, la capacidad de sentir en el corazón el dolor que hay en sus vidas y en la vida de los demás. ¡Ellos serán felices! Porque la compasiva mano de Dios Padre los consolará y los acariciará.
“Bienaventurados los mansos”. Y nosotros al contrario, ¡cuántas veces somos impacientes, nerviosos, siempre listos a lamentarnos! Hacia los demás tenemos tantas pretensiones, pero cuando nos tocan, reaccionamos alzando la voz, como si fuéramos dueños del mundo, mientras que en realidad todos somos hijos de Dios. En cambio, pensemos en aquellas mamas y en aquellos papas que son tan pacientes con sus hijos, que “los hacen enloquecer”. Este es el camino del Señor: el camino de la humidad y de la paciencia. Jesús ha recorrido este camino: desde pequeño ha soportado la persecución y el exilio; y después, de adulto, las calumnias, los engaños, las falsas acusaciones en los tribunales; y todo lo ha soportado con humildad. Ha soportado por amor a nosotros incluso la cruz.
“Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia, porque serán saciados”. Si, aquellos que tienen un fuerte sentido de la justicia, y no solo hacia los demás, sino sobre todo hacia ellos mismos, estos serán saciados, porque están listos para recibir la justicia más grande, aquella que solo Dios puede dar.
Y luego, “bienaventurados los misericordiosos, porque encontraran misericordia”. Felices los que saben perdonar, que tiene misericordia por los demás, que no juzgan todo ni a todos, sino que buscan ponerse en el lugar de los otros. El perdón es la cosa de lo cual todos tenemos necesidad, nadie está excluido. Por eso al inicio de la Misa nos reconocemos por aquello que somos, es decir pecadores. Y no es un modo de decir, una formalidad: es un acto de verdad. “Señor, aquí estoy, ten piedad de mi”. Y si sabemos dar a los demás el perdón que pedimos para nosotros, somos bienaventurados. Como decimos en el “Padre Nuestro”: Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
“Bienaventurados los constructores de paz, porque serán llamados hijos de Dios”. Miremos el rostro de aquellos que van por ahí sembrando cizaña: ¿son felices? Aquellos que buscan siempre la ocasión para engañar, para aprovecharse de los demás, ¿son felices? No, no pueden ser felices. En cambio, aquellos que cada día, con paciencia, buscan sembrar la paz, son artesanos de paz, de reconciliación, ellos son bienaventurados, porque son verdaderos hijos de nuestro Padre del Cielo, que siembra siempre y solo paz, al punto que ha enviado al mundo su Hijo como semilla de paz para la humanidad.
Queridos hermanos y hermanas, este es el camino de la santidad, y es el mismo camino de la felicidad. Es el camino que ha recorrido Jesús, es más, es Él mismo este camino: quien camina con Él y pasa a través de Él entra en la vida, en la vida eterna. Pidamos al Señor la gracia de ser personas sencillas y humildes, la gracia de saber llorar, la gracia de ser humildes, la gracia de trabajar por la justicia y la paz, y sobre todo la gracia de dejarnos perdonar por Dios para convertirnos en instrumentos de su misericordia.
Así han hecho los Santos, que nos han precedido en la patria celestial. Ellos nos acompañan en nuestra peregrinación terrena, nos animan a ir adelante. Su intercesión nos ayude a caminar en la vía de Jesús, y obtenga la felicidad eterna para nuestros hermanos y hermanas difuntos, para los que ofrecemos esta Misa. Así sea.

(Traducción del italiano, Renato Martínez – Radio Vaticana)

domingo, 1 de noviembre de 2015

ORACIÓN A TODOS LOS SANTOS



Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte,
rogadle por nosotros.

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas,
rogadle por nosotros.

Almas cándidas, santos inocentes,
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado,
rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario,
rogadle por nosotros.

Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los combates,
rogadle por nosotros.

Vírgenes, semejantes a azucenas
que el verano vistió de nieve y oro,
al que es fuente de vida y hermosura,
rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas,
rogadle por nosotros.

Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es caudal de ciencia inextinguible,
rogadle por nosotros.

Soldados del ejército de Cristo,
santas y santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a aquel que vive y reina entre nosotros. Amén.

LOS SANTOS NOS ESPERAN

Apresurémonos hacia los hermanos que nos esperan
San Bernardo, abad
Sermón 2 (Opera Omnia, ed. cisterc, 5 [1968], 364-368)
¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta misma solemnidad que celebramos? ¿De qué les sirven los honores terrenos, si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo? ¿De qué les sirven nuestros elogios? Los santos no necesitan de nuestros honores, ni les añade nada nuestra devoción. Es que la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.
El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención.
SANTOS TODOS , BENDECID AL SEÑOR
Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos los bienes de arriba, pongamos nuestro corazón en los bienes del cielo. Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma. Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos. Y esta ambición no es mala, ni incluye peligro alguno el anhelo de compartir su gloria.
El segundo deseo que enciende en nosotros la conmemoración de los santos es que, como a ellos, también a nosotros se nos manifieste Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria. Entretanto, aquel que es nuestra cabeza se nos representa no tal como es, sino tal como se hizo por nosotros, no coronado de gloria, sino rodeado de las espinas de nuestros pecados. Teniendo a aquel que es nuestra cabeza coronado de espinas, nosotros, miembros suyos, debemos avergonzarnos de nuestros refinamientos y de buscar cualquier púrpura que sea de honor y no de irrisión. Llegará un día en que vendrá Cristo, y entonces ya no se anunciará su muerte, para recordaros que también nosotros estamos muertos y nuestra vida está oculta con él. Se manifestará la cabeza gloriosa y, junto con él, brillarán glorificados sus miembros, cuando transfigurará nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante a la cabeza, que es él.
Deseemos, pues, esta gloria con un afán seguro y total. Mas, para que nos sea permitido esperar esta gloria y aspirar a tan gran felicidad, debemos desear también, en gran manera, la intercesión de los santos, para que ella nos obtenga lo que supera nuestras fuerzas.
R/. Alabad al Señor, sus siervos todos, los que le teméis, pequeños y grandes; porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
V/. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
R/. Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, que nos has otorgado celebrar en una misma fiesta los méritos de todos los santos, concédenos, por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS



Celebración del 1 de Noviembre, Solemnidad de todos los Santos.
Apocalipsis 7,2-4.9-14; 1Juan 3,1-3; Mateo 5,1-12a

Esta fiesta se remonta al S. VIII, cuando el Papa Gregorio III (731-741) erigió en San Pedro un oratorio en honor de Cristo y de su santa Madre, así como de “todos los santos mártires y confesores y justos llegados a la perfección que reposan en el mundo entero”, y ordenó a los monjes de servicio en la basílica que acudieran allí todas las tardes para celebrar un breve oficio votivo en su honor. Pronto comenzó a difundirse la fiesta de Todos los Santos, relacionada en Oriente con las solemnidades pascuales, y fijada, en Inglaterra y en los países francos, para el 1 de noviembre.

Este es el origen de la solemnidad que hoy se celebra en toda la Iglesia, pero el culto de veneración, dado a los santos, se remonta al origen del cristianismo, que desde siempre ha reconocido a Jesucristo como el Santo (consagrado o Mesías); a los cristianos como al “pueblo santo” participando así, por medio del bautismo, del don de Cristo a su Iglesia y a cada uno de sus miembros (1Pe 2,9). Por eso el apóstol Pablo escribe “a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados Santos” (Rom 1,7; 12,13; 15,25). Con el tiempo el término pasa a referirse a aquellas personas que han vivido su identificación con Cristo de una manera eminente: “los mártires”. Una vez que el martirio se hace menos presente, los Obispos, padres en la fe de la comunidad, empiezan a relevarlos, junto con personas como, ascetas, vírgenes y viudas, que ocupan un puesto relevante en las comunidades cristianas. La visita a sus tumbas, en una primera instancia de los mártires, junto con la repartición de las reliquias y exhumación de sus cuerpos para repartirlos entre las basílicas de las ciudades grandes, es el origen de la celebración cultual de los mártires, que luego pasará a ser de los santos.

Las familias antiguas visitaban a sus difuntos, comían, bebían, celebraban de una forma u otra el recuerdo de sus seres queridos. La familia cristiana, también visitaba a sus difuntos, pero en la comunidad se recordaban por ser una referencia en su entrada en la fe (los padres en la fe). El libro del Apocalipsis los celebra hoy en una fiesta celestial; San Juan anuncia la grandeza inimaginable de los hijos de Dios que va a convertirse en la semejanza del Hijo, la visión cara a cara; y el evangelio nos muestra el camino de realización de una vida “beata”, feliz, realizada por el don de Dios.

Hoy celebramos a todos los que ya han realizado la vida “bienaventurada” pero también avivamos la esperanza de nuestro destino y meta. Hoy pedimos y recordamos a aquellos que nos han precedido, orando con ellos y por medio de ellos, pero también los miramos para aprender de sus vidas el ánimo inquebrantable. Hoy cantamos la alegría del día en que han nacido para el cielo, pero sobre todo nos alegramos, admirando y alentando nuestros deseos, mirándonos en el espejo de sus vidas.

Ser discípulos de Jesús fue “bienaventuranza” ayer, lo sigue siendo hoy y es la llamada permanente en mi vida. Las bienaventuranzas son para mí y me lanzan, dese la vida de los santos, a la necesidad de los demás; a elegir la pobreza y acompañar al pobre, a acoger el llanto llorando con el dolor ajeno, a oír el clamor del sufrimiento hodierno, a descubrir el hambre y la sed generadas por las nuevas formas de injusticia, a vivir de y con misericordia, a pedir y trabajar por la paz acogiéndola de Dios y entregándola desde el perdón. No sé si seremos o no perseguidos por ello, quizás nos persiguen por el anti testimonio que damos. Pero la alegría y el contento son los signos del cielo, así que desterremos la tristeza y la amargura porque hoy es la fiesta de todos los santos, incluyéndote a ti. Ayer fue Halloween, porque el Santo vence al mal. 
Feliz día de todos los Santos. RECEMOS
(copiado del blog de angelo (SIETE EN FAMILIA):  http://www.angelsanchezt.com
P. Nicolás Sánchez Toledano
TODOS LOS SANTOS