SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

sábado, 30 de junio de 2012

El CENTURIÓN , EVANGELIO DE SAN MATEO






 EL CENTURIÓN
El Evangelio de hoy, es especialmente emotivo para mí, y desde hace tiempo en muchos momentos recuerdo sus palabras, ante Dios, ante Su Caridad y Misericordia, ante Su Servicio a todos nosotros, enviándonos a Su Hijo, a Su Espíritu para que le conozcamos cada vez más.
Me atrevo a decir que Él, está a nuestra puerta, llamando, esperando que le abramos y el Centurión con toda humildad le ruega a Jesús la curación de su sirviente y el Centurión obedece ante la indicación de Jesús, que le manifiesta la gran Fe que tiene.
No quiero dejar pasar este día , en el que el Evangelio de hoy ha servido para dar título a este blog.
En la Santa Misa manifestamos las palabras del Centurión." Dómine, non sum dignus ut intres sub tectum meum..."
Palabras de Bondad, Caridad, Fe, Obediencia y Alabanza, que resumo en "Non sum dignus" con la Esperanza contenida del Amor a Dios, con la evidente realidad  de mis pecados y con el ruego de Su Perdón..
Non sum dignus






Evangelio según San Mateo 8,5-17. 
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole": 
"Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente". 
Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo". 
Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. 
Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: 'Ve', él va, y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: 'Tienes que hacer esto', él lo hace". 
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. 
Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; 
en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes". 
Y Jesús dijo al centurión: "Ve, y que suceda como has creído". Y el sirviente se curó en ese mismo momento. 
Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. 
Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. 
Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, 
para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades. 

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