SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

sábado, 12 de noviembre de 2016

LA OBEDIENCIA Y LA MISERICORDIA DEL SEÑOR NOS LLEVAN AL CIELO

En las lecturas de la Santa Misa de hoy, el Señor nos presenta unos pasajes de las Escrituras para meditar con detenimiento, de como la diversidad de funciones indicadas a cada uno, conforman los distintos ministerios y actividades a realizar para que la Iglesia camine según su promesa.



La Obediencia a su llamada en total libertad, pienso que es lo fundamental en nuestro camino al Cielo. En este caminar, la infinita Misericordia del Señor fundamental ayuda en nuestras imperfecciones.
3Jn 5-8: Debemos sostener a los hermanos cooperando así en la propagación de la verdad.
Querido hermano:
Te portas con plena lealtad
en todo lo que haces por los hermanos,
y eso que para ti son extraños.
Ellos han hablado de tu caridad
ante la comunidad de aquí.
Por favor,
provéelos para el viaje como Dios se merece;
ellos se pusieron en camino para trabajar por Cristo,
sin aceptar nada de los paganos.
Por eso debemos nosotros sostener a hombres como éstos,
cooperando así en la propagación de la verdad.
Sal 111,1-2.3-4.5-6: Dichoso quien teme al Señor.
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
O bien se pueden tomar del propio (tomo V):
Ef 4,1-7.11-13: En función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo.
Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vinculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
Sal 1,1-2.3.4.6: Su gozo es la ley del Señor.
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos;
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos,
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón,
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así:
serán paja que arrebata el viento,
porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.

Lc 18,1-8: Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan.
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
-Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».
Y el Señor respondió:
-Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?
o bien:
Jn 17,20-26: Padre, éste es mi deseo: que estén conmigo donde yo estoy.
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús dijo:
- Padre santo:
no sólo por ellos ruego,
sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos,
para que todos sean uno,
como tú, Padre, en mí y yo en ti,
que ellos también lo sean en nosotros,
para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste,
para que sean uno,
como nosotros somos uno:
yo en ellos y tú en mí,
para que sean completamente uno,
de modo que el mundo sepa que tú me has enviado
y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo,
donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste,
porque me amabas antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido,
y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer
y les daré a conocer tu Nombre, para que el amor que me tenías
esté en ellos, como también yo estoy en ellos.

domingo, 6 de noviembre de 2016

MÁRTIRES DEL SIGLO XX EN ESPAÑA




Elogio: En el aniversario de la beatificación en 2007 del grupo de 498 mártires de España en época de la Guerra Civil, se conmemoran litúrgicamente en esta fecha todos los mártires, santos y beatos, que dieron en España, en el siglo XX, su testimonio de fe.
Oración: Oh Dios, que enviaste a tu Hijo, para que muriendo y resucitando nos diese su Espíritu de amor.
Nuestros hermanos, mártires del siglo XX en España, mantuvieron su adhesión a Jesucristo de manera tan radical y plena que les permitiste derramar su sangre por Él.
Danos la gracia y la alegría de la conversión para asumir las exigencias de la fe; ayúdanos, por su intercesión, y por la de María, Reina de los mártires, a ser siempre artífices de reconciliación en la sociedad y a promover una viva comunión entre los miembros de tu Iglesia en España; enséñanos a comprometernos, con nuestros pastores, en la nueva evangelización haciendo de nuestras vidas testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos.
Te lo pedimos por Jesucristo, el Testigo fiel y veraz, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Esta celebración es propia de la Iglesia española; por tratarse de una celebración de carácter exclusivamente local, figura al final de la lista del 6 de noviembre.
Aunque la fecha hace alusión a la beatificación realizada en Roma en 2007 de 498 mártires, litúrgicamente agrupa a todos los mártires de la misma persecución que no son celebrados en otra fecha, lo que hace que de los 1523 mártires elevados a los altares entre 1987 y 2013, la mayor parte (más de mil), sean conmemorados hoy.
Transcribimos la homilía del Card. Angelo Amato pronunciada en Tarragona el 13 de Octubre de 2013 con ocasión de la beatificación del último grupo de 522 mártires de diversas partes de España, en la que el Cardenal hace también un breve recuento de los distintos prcesos que se han realizado. 


Homilía del Card. Amato, SDB

l. La Iglesia española celebra hoy la beatificación de quinientos veintidós hijos mártires, profetas desarmados de la caridad de Cristo. Es un extraordinario evento de gracia, que quita toda tristeza y llena de júbilo a la comunidad cristiana. Hoy recordamos con gratitud su sacrificio, que es la manifestación concreta de la civilización del amor predicada por Jesús: «Ahora -dice el libro del Apocalipsis de San Juan- se cumple la salvación, la fuerza y el reino de nuestro Dios y la potencia de su Cristo» (Ap 12, 10). Los mártires no se han avergonzado del Evangelio, sino que han permanecido fieles a Cristo, que dice: «Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Quien quiera salvar la propia vida, la perderá, pero quien pierda la propia vida por mí, la salvará» (Lc 9, 23-24). Sepultados con Cristo en la muerte, con Él viven por la fe en la fuerza de Dios (cf. Col 2, 12).
España es una tierra bendecida por la sangre de los mártires. Si nos limitamos a los testigos heroicos de la fe, víctimas de la persecución religiosa de los años 30 del siglo pasado, la Iglesia en catorce distintas ceremonias ha beatificado más de mil. La primera, en 1987, fue la beatificación de tres Carmelitas descalzas de Guadalajara. Entre las ceremonias más numerosas recordamos la del 11 de marzo de 2001, con doscientos treinta y tres mártires; la del 28 de octubre de 2007, con cuatrocientos noventa y ocho mártires, entre los cuales los obispos de Ciudad Real y de Cuenca; y la celebrada en la catedral de la Almudena de Madrid, el 17 de diciembre de 2011, con veintitrés testigos de la fe.
Hoy, aquí en Tarragona, el Papa Francisco beatifica quinientos veintidós mártires, que «vertieron su sangre para dar testimonio del Señor Jesús» (Carta Apostólica). Es la ceremonia de beatificación más grande que ha habido en tierra española. Este último grupo incluye tres obispos: ­Manuel Basulto Jiménez, obispo de Jaén; Salvio Huix Miralpeix, obispo de Lleida y Manuel Borrás Ferré, obispo auxiliar de Tarragona, y además numerosos sacerdotes, seminaristas, consagrados y consagradas, jóvenes y ancianos, padres y madres de familia. Son todos víctimas inocentes que soportaron cárceles, torturas, procesos injustos, humillaciones y suplicios indescriptibles. Es un ejército inmenso de bautizados que, con el vestido blanco de la caridad, siguieron a Cristo hasta el Calvario para resucitar con Él en la gloria de la Jerusalén celestial.

2. En el periodo oscuro de la hostilidad anticatólica de los años 30, vuestra noble nación fue envuelta en la niebla diabólica de una ideología que anuló a millares y millares de ciudadanos pacíficos, incendiando iglesias y símbolos religiosos, cerrando conventos y escuelas católicas, detruyendo parte de vuestro precioso patrimonio artístico. El Papa Pío XI, con la encíclica Dilectissima nobis, del 3 de junio de 1933, denunció enérgicamente esta libertina política antirreligiosa.
Recordemos de antemano que los mártires no fueron caídos de la guerra civil, sino víctimas de una radical persecución religiosa, que se proponía el exterminio programado de la Iglesia. Estos hermanos y hermanas nuestros no eran combatientes, no tenían armas, no se encontraban en el frente, no apoyaban a ningún partido, no eran provocadores. Eran hombres y mujeres pacíficos. Fueron matados por odio a la fe, solo porque eran católicos, porque eran sacerdotes, porque eran seminaristas, porque eran religiosos, porque eran religiosas, porque creían en Dios, porque tenían a Jesús como único tesoro, más querido que la propia vida. No odiaban a nadie, amaban a todos, hacían el bien a todos. Su apostolado era la catequesis en las parroquias, la enseñanza en las escuelas, el cuidado de los enfermos, la caridad con los pobres, la asistencia a los ancianos y a los marginados. A la atrocidad de los perseguidores, no respondieron con la rebelión o con las armas, sino con la mansedumbre de los fuertes.
En aquel periodo, mientras se encontraba en el exilio, Don Luigi Sturzo, diplomático y sacerdote católico italiano, en un artículo de 1933, publicado en el periódico El Matì de Barcelona, escribía con intuición profética que las modernas ideologías son verdaderas religiones idolátricas, que exigen altares y víctimas, sobre todo víctimas, miles, e incluso millones. Y añadía que el aumento aberrante de la violencia hacía que las víctimas fueran con mucho más numerosas que en las antiguas persecuciones romanas.(1)

3. Queridos hermanos, ante la respuesta valiente y unánime de estos mártires, sobre todo de muchísimos sacerdotes y seminaristas, me he preguntado muchas veces: ¿cómo se explica su fuerza sobrehumana de preferir la muerte antes que renegar la propia fe en Dios? Además de la eficacia de la gracia divina, la respuesta hay que buscarla en una buena preparación al sacerdocio. En los años previos a la persecución, en los seminarios y en las casas de formación los jóvenes eran informados claramente sobre el peligro mortal en el que se encontraban. Eran preparados espiritualmente para afrontar incluso la muerte por su vocación. Era una verdadera pedagogía martirial, que hizo a los jóvenes fuertes e incluso gozosos en su testimonio supremo.

4. Ahora planteémonos una pregunta: ¿por qué la Iglesia beatifica a estos mártires? La respuesta es sencilla: la Iglesia no quiere olvidar a estos sus hijos valientes. La Iglesia los honra con culto público, para que su intercesión obtenga del Señor una lluvia beneficiosa de gracias espirituales y temporales en toda España. La Iglesia, casa del perdón, no busca culpables. Quiere glorificar a estos testigos heroicos del evangelio de la caridad, porque merecen admiración e imitación.
La celebración de hoy quiere una vez más gritar fuertemente al mundo, que la humanidad necesita paz, fraternidad, concordia. Nada puede justificar la guerra, el odio fratricida, la muerte del prójimo. Con su caridad, los mártires se opusieron al furor del mal, como un potente muro se opone a la violencia monstruosa de un tsunami. Con su mansedumbre los mártires desactivaron las armas homicidas de los tiranos y de los verdugos, venciendo al mal con el bien. Ellos son los profetas siempre actuales de la paz en la tierra.

5. y ahora una segunda pregunta: ¿por qué la beatificación de los mártires de muchas diócesis españolas adviene aquí en Tarragona?
Hay dos motivos. Ante todo el grupo más numeroso de los mártires es el de esta antiquísima diócesis española, con ciento cuarenta y siete mártires, incluido el obispo auxiliar Manuel Borrás Ferré y los jóvenes seminaristas Joan Montpeó Masip, de veinte años, y Josep Gassol Montseny de veintidós.
El segundo motivo nos viene del hecho de que, en los pnmeros siglos cristianos, aquí en Tarragona, ecclesia Pauli, sedes Fructuosi, patria martyrum, tuvo lugar el martirio del obispo Fructuoso y de sus dos diáconos, Augurio y Eulogio, quemados vivos en el 259 d.C. en el anfiteatro romano de la ciudad.
Recordemos brevemente el martirio de estos dos primeros testigos tarraconenses, porque repropone la dinámica esencial de toda persecución, que, por una parte, muestra la arbitrariedad de las acusaciones y la atrocidad de las torturas, y, por otra, la fortaleza sobrehumana de los mártires en el aceptar la pasión y la muerte con serenidad y con el perdón en los labios.
Tarragona, sede de una floreciente comunidad cristiana, en el siglo III d.C. fue objeto de una violenta persecución, por obra del emperador Valeriano. Fueron víctimas de ella el obispo Fructuoso y los diáconos Augurio y Eulogio. De su martirio tenemos las Actas, que nos transmiten los protocolos notariales del proceso, del interrogatorio, de las respuestas, de la condena y de la ejecución(2). La captura de Fructuoso y de sus diáconos tuvo lugar la mañana del domingo del 16 de enero del 259. Llevado a la cárcel, Fructuoso rezaba continuamente y daba gracias al Señor por la gracia del martirio. Además, también allí continuó su obra de pastor y de evangelizador, confortando a los fieles, bautizando y proclamando el Evangelio a los paganos. Después de algunos días, el 21 de enero, los tres fueron convocados por el cónsul Emiliano para el interrogatorio. Fructuoso y los dos diáconos se negaron a ofrecer sacrificios a los ídolos, reafirmando su fidelidad a Cristo. Los tres fueron entonces condenados a ser quemados vivos. Llevados al anfiteatro, el santo Obispo gritó con fuerza que la Iglesia no quedaría nunca sin pastor y que Dios mantendría la promesa de protegerla en el futuro.

6. ¿Qué mensaje nos ofrecen los mártires antiguos y modernos? Nos dejan un doble mensaje. Ante todo nos invitan a perdonar. El Papa Francisco recientemente nos ha recordado que «el gozo de Dios es perdonar!… Aquí está todo el Evangelio, todo el Cristianismo! No es sentimiento, no es “buenismo”! Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del “cáncer” que es el pecado, el mal moral, el mal espiritual. Sólo el amor colma los vacíos, la vorágine negativa que el mal abre en el corazón y en la historia. Sólo el amor puede hacer esto, y este es el gozo de Dios!»(3)
Estamos llamados pues al gozo del perdón, a eliminar de la mente y del corazón la tristeza del rencor y del odio. Jesús decía «Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre celestial» (Lc 6, 36). Conviene hacer un examen concreto, ahora, sobre nuestra voluntad de perdón. El Papa Francisco sugiere: «Cada uno piense en una persona con la que no esté bien, con la que se haya enfadado, a la que no quiera. Pensemos en esa persona y en silencio, en este momento, recemos por esta persona y seamos misericordiosos con esta persona».(4)
La celebración de hoy sea pues la fiesta de la reconciliación, del perdón dado y recibido, el triunfo del Señor de la paz.

7. De aquí surge un segundo mensaje: el de la conversión del corazón a la bondad y a la misericordia. Todos estamos invitados a convertirnos al bien, no sólo quien se declara cristiano sino también quien no lo es. La Iglesia invita también a los perseguidores a no temer la conversión, a no tener miedo del bien, a rechazar el mal. El Señor es padre bueno que perdona y acoge con los brazos abiertos a sus hijos alejados por los caminos del mal y del pecado.
Todos -buenos y malos- necesitamos la conversión. Todos estamos llamados a convertirnos a la paz, a la fraternidad, al respeto de la libertad del otro, a la serenidad en las relaciones humanas. Así han actuado nuestros mártires, así han obrado los santos, que -como dice el Papa Francisco- ­siguen «el camino de la conversión, el camino de la humildad, del amor, del corazón, el camino de la belleza».(5)
Es un mensaje que concierne sobre todo a los jóvenes, llamados a vivir con fidelidad y gozo la vida cristiana. Pero hay que ir contra corriente: «Ir contra corriente hace bien al corazón, pero es necesario el coraje y Jesús nos da este coraje! No hay dificultades, tribulaciones, incomprensiones que den miedo si permanecemos unidos a Dios como los sarmientos están unidos a la vid, si no perdemos la amistad con Él, si le damos cada vez más espacio en nuestra vida. Esto sucede sobretodo si nos sentimos pobres, débiles, pecadores, porque Dios da fuerza a nuestra debilidad, riqueza a nuestra pobreza, conversión y perdón a nuestro pecado.»(6)
Así se han comportado los mártires, jóvenes y ancianos, Sí, también jóvenes como, por ejemplo, los seminaristas de las diócesis de Tarragona y de Jaén y el laico de veintiún años, de la diócesis de Jaén. No han tenido miedo de la muerte, porque su mirada estaba proyectada hacia el cielo, hacia el gozo de la eternidad sin fin en la caridad de Dios. Si les faltó la misericordia de los hombres, estuvo presente y sobreabundante la misericordia de Dios.
Perdón y conversión son los dones que los mártires nos hacen a todos. El perdón lleva la paz a los corazones, la conversión crea fraternidad con los demás.
Nuestros Mártires, mensajeros de la vida y no de la muerte, sean nuestros intercesores por una existencia de paz y fraternidad. Será este el fruto precioso de esta celebración en el año de la fe.
María, Regina Martyrum, siga siendo la potente Auxiliadora de los cristianos.
Amén.

AYER, BEATIFICADOS 38 MÁRTIRES EN ALBANIA DURANTE EL RÉGIMEN COMUNISTA

La Iglesia beatifica a 38 mártires del régimen comunista en Albania
ROMA, 05 Nov. 16 / 02:18 pm (ACI).- La Iglesia Católica en Albania ha llevado a cabo este sábado, en la ciudad norteña de Shkodra, la ceremonia de beatificación de 38 mártires asesinados por su fidelidad a Dios durante el régimen comunista, uno de los más duros de Europa.
El acto se desarrolló en la catedral Shën Shtjefni de la localidad, centro del catolicismo albanés, y lugar de origen y de actividad de la mayoría de los 38 beatificados, y a él acudieron cinco cardenales del Vaticano, unos 10.000 peregrinos, algunos de ellos extranjeros, así como el jefe del Estado, Bujar Nishani, el presidente del parlamento, Ilir Meta, ministros y representantes de otras religiones.
También estaba presente Ernest Troshani, nombrado cardenal por el Papa Francisco el pasado 9 de octubre, y que pasó 28 años encarcelado por el régimen comunista. Los 38 beatos -dos arzobispos, 21 sacerdotes, 7 franciscanos, 3 jesuitas, 4 laicos y un seminarista- fueron asesinados entre los años 1945 y 1974, y no todos eran albaneses, sino que dos procedían de Alemania y uno de Italia.

Un país de mayoría musulmana
Ellos forman parte de los alrededor de 130 sacerdotes católicos que fueron ejecutados o murieron tras ser torturados en las cárceles comunistas hasta 1991 acusados de ser “espías” del Vaticano.
En 1967 el dictador estalinista Enver Hoxha abolió todas las prácticas religiosas, destruyó iglesias y mezquitas, y a otras les dio los más diversos usos, y esta abolición fue sancionada por la Constitución de 1976, declarando a Albania el primer país ateo del mundo.
La libertad religiosa regresó tras la caída de la dictadura en 1991.
Desde entonces dos Papas, San Juan Pablo II y Francisco, han visitado el país, donde históricamente ha vivido en paz la mayoría musulmana con las comunidades cristianas minoritarias católica y ortodoxa.
Publicado originalmente en Actuall.

Beatificación de 38 mártires albaneses del comunismo



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21 junio 2016
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Se genera tanta información desde el Vaticano que a menudo nos pueden pasar desapercibidos hechos realmente importantes.

Por ejemplo, estoy convencido de que la mayor parte de las proclamas, entrevistas, afirmaciones, discusiones, tomas de posición, declaraciones, etc. que llenan páginas y blogs caerán en el olvido. En muchos casos merecido.
 Todo lo contrario de las beatificaciones y canonizaciones que incorporan a nuevos cristianos a esa fuente de contemplación, enseñanza y vida cristiana que es el santoral de la Iglesia católica.

Así me entero, casi por casualidad, de que
 van a ser beatificados 38 albaneses mártires del comunismo, esa ideología intrínsecamente perversa que vuelve a estar de moda y con la que incluso algunos cristianos parecen tontear. Un recordatorio muy oportuno acerca de la naturaleza de esta ideología y de sus funestas consecuencias. Además, junto a otros,van a ser beatificados también 4 mártires españoles: el monje de Silos, José Antón Gómez, y los 3 compañeros presbíteros de la Orden de San Benito, asesinados en 1936 durante la Guerra civil española.

Leo que los mártires albaneses están encabezados por el siervo de Dios
 Vicente Prennushi, de la Orden de los Frailes menores, arzobispo de Dürres, y 37 compañeros asesinados entre 1945 y 1974 en Albania. ¡1974! O sea, hace cuatro días.

Este Mons. Vicente Prennushi, arzobispo de Dürres,
 fue conminado por el tirano comunista Enver Hoxha a separarse de la Santa Sede de Roma para fundar una iglesia nacional. Ante la negativa a romper con Roma, fue encarcelado, torturado y asesinado, el mismo destino que había seguido su predecesor, Mons. Gasper Thacia, también asesinado con la intención del régimen de borrar toda huella de fe. Otro obispo, esta vez de Lezhë, Monseñor Frano Gjini, respondió también con firmeza a la propuesta de Hoxha: "Jamás separaré mi rebaño de la Santa Sede", por lo que fue fusilado en 1948. Estos testimonios martiriales sirvieron para que ningún sacerdote aceptase el cisma, desencadenando una terrible persecución que llevó a la totalidad del clero a la cárcel.

Las historias de heroísmo en la confesión de la fe de estos albaneses son tremendas. Desde Don
 Lazër Shantoja, a quien le amputaron las manos y los pies antes de fusilarlo, hasta el padre Bernardin Palaj, quien tras ser torturado, murió a causa del tétanos, en el Convento de los Franciscanos, convertido en cárcel para más de 700 detenidos.

Recojo algunos datos de
 la entrada que escribió Jorge López Teulón al respecto hace un par de años:
"Don 
Lekë Sirdani y Don Pjetër Çuni, murieron sumergidos boca abajo en una fosa séptica. Más tarde serían fusilados el padre Giovanni Fausti y el padre Daniel Dajani, jesuitas; el padre Gjon Shllaku, O.F.M.; el seminarista Mark Çuni, los señores Gjelosh Lulashi, Qerim Sadiku y Fran Mirakaj y el padre Antón Harapi, superior provincial de los Hermanos Menores. Igual suerte corrió el padre Mati Prendushi, guardián del convento San Francisco de Gjuhadol en Shkodër.

El arzobispo de Shkodër, monseñor
 Gaspër Thaçi, el arzobispo de Durrës, monseñorVinçenc Prennushi, OFM y el padre Çiprian Nika fueron acusados, injustamente, de haber escondido armas debajo del altar de San Antonio, en su iglesia.

Alfons Tracki y Zef Maksem, sacerdotes alemanes, fueron fusilados. El padre Serafín Kodaexhaló su último suspiro con la laringe fuera de la garganta. Papa Josif, sacerdote católico de rito bizantino, quien cayó exhausto en el pantano de Maliq, fue sepultado vivo en el barro.

A Don
 Mark Gjani le pidieron que renegara de Cristo y su respuesta fue ¡Viva Cristo Rey!Fue asesinado y su cuerpo echado a los perros. Don Mikel Beltoja fue torturado en la sala del proceso, que se celebró a puerta cerrada. La policía le hirió gravemente con punzones y, unos días más tarde, le fusilaron.

Después de estos hechos, comenzó una terrible propaganda cultural antirreligiosa con la así llamada “
lucha de clases”. En todas las instituciones y en todas las conferencias, lecciones, discursos y conversaciones, se hacía propaganda de que Dios no existía y de que la religión era ilusión y explotación.

El 6 de febrero de 1967, el dictador dio inicio a la «
revolución cultural china». Dicha revolución se extendió, con idéntica intensidad y ferocidad,  hasta en los más remotos rincones del país, especialmente contra la Iglesia. Se cerraron todos los templos y las mezquitas.

La Catedral de Shkodër se transformó en un Palacio de los Deportes.
 La iglesia franciscana de Gjuhadol se convirtió en un cine.

El Santuario de la Virgen del Buen Consejo, en Shkodër, fue destruido. La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en Tirana, se convirtió en otro cine. El cierre de la iglesia de Lezha tuvo lugar el 26 de marzo de 1967, precisamente el día de Pascua. El Santuario de San Antonio de Laç Kurbini también fue destruido; en su lugar se construyó un campo militar.

La pequeña iglesia de 
Laç Vau i Dejës, del siglo XIII y de valor inestimable, se dinamitó. El resto de las iglesias que no se destruyeron fueron transformadas en graneros, salas de cultura, tribunales, establos, talleres, etcétera.

Esta terrible situación prosiguió hasta el 
4 de noviembre de 1990, día en que, con la celebración de una Santa Misa en el cementerio católico de Shkodër, dio inicio una nueva época para la religión y para la profesión de la fe”.

Tremendo es también el testimonio de la
 única mujer entre este grupo de mártires albaneses, Maria Tuci. Tras estudiar en el colegio de las Pobres Hijas de las Sagradas Llagas de San Francisco de Asís, llamadas «Estigmatinas», en Scutari, pidió ser admitida como postulante en la orden y fue enviada como profesora a Gozan y Sang en 1946. En un Estado que se declaraba ateo, ella se esforzaba por llevar el Evangelio a todos y enseñaba el catecismo a escondidas. Además, junto a otros amigos de la escuela y algunos seminaristas se dedicó a difundir volantes contra las primeras elecciones-farsa del régimen comunista. Para poder oír misa iba a pie hasta la vecina ciudad de Gezig, a siete kilómetros.

Entonces el régimen disolvió la congregación y las monjas y postulantes fueron obligadas a volver con sus familias, si bien algunas se escondieron en los bosques. El 11 de agosto de 1949 fue detenida y encarcelada a consecuencia del asesinato del secretario del Partido Comunista local, Bardhok Biba.
 Las condiciones de su prisión fueron inhumanas: estaba en una celda sin luz ni renovación de aire, donde el agua a veces lo inundaba todo y en las que el único modo de calentarse era que los prisioneros se apretujaran los unos contra los otros.

Además de estas privaciones, María fue torturada para que revelase el nombre del asesino, que ella desconocía. Fue metida, desnuda, en un saco junto a un gato mientras el saco era golpeado. Uno de los miembros de la policía secreta comunista albanesa, la Sigurimi, Hilmi Seiti, intentó violarla, a lo que María se resistió. Entonces los tormentos se intensificaron. A causa de estos hubo de ser ingresada en el hospital de Scutari. El 22 de agosto de 1950 algunas amigas fueron a verla al hospital y a duras penas pudieron reconocerla. María les dijo: "
Se han cumplido las palabras de Hilmi Seiti: "te dejaré en un estado que ni tus familiares te reconocerán". ¡Doy gracias a Dios porque muero libre!". Dos meses después, el 24 de octubre, fallecía. Sus restos mortales pudieron exhumarse en 1991 y actualmente reposa en la iglesia de las Estigmatinas en Scutari.

Como ven, nada que envidiar a las persecuciones de los primeros siglos.

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 El Santuario de la Virgen del Buen Consejo, en Shkodër, fue destruido. La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en Tirana, se convirtió en otro cine. El cierre de la iglesia de Lezha tuvo lugar el 26 de marzo de 1967, precisamente el día de Pascua. El Santuario de San Antonio de Laç Kurbini también fue destruido; en su lugar se construyó un campo militar.

La pequeña iglesia de Laç Vau i Dejës, del siglo XIII y de valor inestimable, se dinamitó. El resto de las iglesias que no se destruyeron fueron transformadas en graneros, salas de cultura, tribunales, establos, talleres, etcétera.

En 1967 Albania fue proclamada en la Constitución «Estado Laico».

Otro ejemplo de la situación que atravesó el país tuvo lugar el 10 de julio de 1968, cuando se inauguró en Shkodër una exposición ateísta con el título: «Sobre el papel retrógrado de la fe».

Esta terrible situación prosiguió hasta el 4 de noviembre de 1990, día en que, con la celebración de una Santa Misa en el cementerio católico de Shkodër, dio inicio una nueva época para la religión y para la profesión de la fe.
A esa fecha seguirían otros felices acontecimientos, como la visita de la madre Teresa de Calcuta, la apertura de la Nunciatura Apostólica de Tirana, la visita del San Juan Pablo II, la constitución de la jerarquía eclesiástica, la apertura del Seminario Interdiocesano “Virgen del Buen Consejo”, la llegada de muchos misioneros desde las iglesias hermanas, la apertura (en 2002) y la clausura diocesana (en 2010) del proceso de los primeros 40 mártires… finalmente, la visita del papa Francisco el pasado 21 de septiembre.







miércoles, 2 de noviembre de 2016

HOY, CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS, EN LA IGLESIA UNIVERSAL




Preces por los Difuntos
Oremos a Dios, Padre todopoderoso, que ha resucitado a Jesucristo de entre los muertos y vivificará también nuestros cuerpos mortales y digámosle:
R./ Señor, danos la vida en Cristo.

Padre santo, ya que por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo en la muerte, y con El hemos resucitado,
haz que de tal forma andemos en vida nueva, que aún después de nuestra muerte vivamos para siempre con Cristo.
R./ Señor, danos la vida en Cristo.

Padre providente, que nos has dado el pan vivo bajado del cielo para que lo comamos santamente,
has que al comerlo tengamos Vida eterna y resucitemos en el último día.
R./ Señor, danos la vida en Cristo.

Señor, que envíaste un ángel para que confortara a tu Hijo en la agonía de Getsemaní,
dígnate consolarnos en nuestro tránsito con la dulzura de tu esperanza.
R./ Señor, danos la vida en Cristo.

Tú que libraste a los tres jóvenes del fuego ardiente,
libra también las almas de los difuntos del castigo que sufren por sus pecados.
R./ Señor, danos la vida en Cristo.

Dios y Señor de vivos y muertos, que resucitaste a Cristo del sepulcro,
resucita también a los difuntos y, a nosotros, danos un lugar junto a ellos en tu Gloria.
R./ Señor, danos la vida en Cristo.

Padre nuestro...

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SALMO 50

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, 
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.



RESPONSO

Yo soy la resurrección y la vida –dice el Señor–; quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en Mí no morirá eternamente. (cfr. Juan 11, 25-26)
V/ . Venid en su ayuda, Santos de Dios; salid a su encuentro, Ángeles del Señor.
R/. Recibid su alma, y presentadla ante el Altísimo.
V/ . Cristo que te llamó, te reciba y los Ángeles te conduzcan al regazo de Abraham.
R/. Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.
V/ . Concédele, Señor, el descanso eterno y brille para él (ella) la luz eterna.
R/. Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.
Agua bendita.
V/ . Señor, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad, Señor, ten piedad.
Padre nuestro…
V/ . Libra, Señor, su alma.
R/. De las penas del infierno.
V/ . Descanse en paz.
R/. Amén.
V/ . Señor, escucha nuestra oración.
R/. Y llegue a ti nuestro clamor.
V/ . El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
OREMOS
Oh Dios, que concedes el perdón y quieres la salvación de los hombres: te rogamos que, por la intercesión de la Santísima Virgen María y de todos los Santos, concedas la bien­aven­tu­ranza a tu hijo (hija), a quien llamaste de este mundo. No le (la) abandones en manos del enemigo, ni te olvides de él (ella) para siempre; sino recíbelo (la) con tus santos Ángeles en el Cielo, su patria definitiva. Y porque creyó y esperó en ti, concédele para siempre las alegrías del Cielo. Por Cristo nuestro Señor.
R/. Amén.
Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en Mí no morirá eternamente. (Juan 11, 25-26)
V/ . Concédele, Señor, el descanso eterno.
R/. Y brille para él (ella) la luz eterna.
V/ . Descanse en paz.
R/. Amén.