SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

sábado, 29 de octubre de 2011

UN REGALO DE NUESTRO SEÑOR

Retiro 25.10.11


Una tarde espectacular.

Como todos los meses tuvimos nuestro Retiro Mensual.
Somos pocos, y muy unidos, gracias a la Voluntad de Dios.
Nuestro Director Espiritual nos habló de la grandeza de nuestra Vocación y poco a poco nos explicó, cada una de las frases, de la Fórmula con la que realizamos Nuestros Votos de Pobreza, Castidad Conyugal, Obediencia y Servicio desinteresado y gratuito a los más Pobres de entre los Pobres.
De la meditación detenida de cada frase, comenzado con la Invocación Trinitaria y el sentido Teológico de la misma, nos encaminábamos con unas pocas palabras, hacia la profunda realidad, de la que la Beata Teresa de Calcuta había sido depositaria: Saciar la Sed de Jesús de Amor y Almas, a través del servicio a los necesitados no solo de alimento material, sino también del alimento espiritual.

Nos recordaba las palabras de S.S. Benedicto XVI sobre la Santidad, que pronunció en la plaza de San Pedro, el 13 de Abril de 2011: …Seguir a los Santos es seguir a Cristo…

“. La santidad, la plenitud de la vida cristiana no consiste en el realizar empresas extraordinarias, sino en la unión con Cristo, en el vivir sus misterios, en el hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos. La medida de la santidad vienen dada por la altura de la santidad que Cristo alcanza en nosotros, de cuanto, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida sobre la suya. Es el conformarnos a Jesús, como afirma san Pablo: “En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo” (Rm 8,29). Y san Agustín exclama: “Viva será mi vida llena de Ti (Confesiones, 10,28). El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Iglesia, habla con claridad de la llamada universal a la santidad, afirmando que nadie está excluido: “Una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios …siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, a fin de merecer ser hechos partícipes de su gloria” (nº41).”

Después de la Charla de Formación, llegó el momento de la Exposición del Santísimo. Callado ante nosotros, manifestando su Humildad en la Custodia, y a la vez Elocuente y Dispuesto a recibir nuestra Oración , Alabanza y Acción de Gracias, a pesar de nuestras faltas.


Dios estaba allí Presente, escuchándonos, en el silencio de la tarde, que se interrumpió al comenzar nuestro Director Espiritual, el Rezo del Santo Rosario ante Él.
Misterios Dolorosos ofrecidos a Nuestro Señor por distintas y necesarias intenciones, que sembraban de Avemarías cada uno de los espacios de la Iglesia.

Finalizado el Santo Rosario, recibimos la Bendición con el Santísimo, mientras el incienso subía con nuestras oraciones en actitud de Adoración.
Celebramos luego la Santa Misa, con la excelente Homilía en la que se recordó a San Juan Stone, Mártir y a la Beata Teresa de Calcuta.
Al final recitamos las Oraciones de Acción de Gracias, que siempre después de la Santa Misa se rezan en cada casa de la Familia de Misioneras y Misioneros de la Caridad de la B. Teresa de Calcuta.

Es nuestra obligación sincera, agradecer a Dios y a su Madre las enseñanzas y ejemplo de nuestro Director Espiritual , al acercarnos en cada Retiro, a la Espiritualidad de Madre Teresa y al guiarnos en la Liturgia Celebrada, hacia nuestro mayor crecimiento personal , como católicos e hijos obedientes a la Santa Madre Iglesia, para servir a los demás.
Nos faltará tiempo, para agradecer la dedicación que nuestro Director Espiritual nos concede a los Laicos Misioneros de la Caridad de Málaga, de la Familia de la Beata Teresa de Calcuta.
Recemos

domingo, 23 de octubre de 2011

¡ NO TENGÁIS MIEDO, ABRID LAS PUERTAS A CRISTO !





El día 22 de Octubre ,quedó fijado como el Día de la Fiesta del Beato Juan Pablo II. Nosotros, los que hemos crecido y hemos recibido el don de ser sus contemporáneos, estamos ciertamente destinados, a seguir su Magisterio y su Doctrina en la Iglesia, aún contra corriente, aún en la adversidad, en las descalificaciones, persecuciones , martirio..., aceptando como el aceptó en su extenso Pontificado, las alegrías y sufrimientos que Dios le tenía reservadas por su Fidelidad.


Santa Teresa de Ávila nos ha dejado escrito..."Nada te turbe, Nada te espante, todo se pasa,Dios no se muda;la Paciencia, Todo lo alcanza.Quien a Dios tiene, nada le falta: Sólo Dios basta"

¡Sólo Dios basta! Este podía ser el resumen de su vida, reflejado en todas sus actividades.

Su herencia no podía ser más paternal, Todo tuyo, María. Su célebre Totus Tuus, que nos lleva a estar siempre con la Madre de Jesús,y aquella frase de inicio de su Pontificado al salir al Balcón de la Plaza de San Pedro...¡No tengáis miedo!¡Abrid las Puertas a Cristo!
Así, amigos,el Beato Juan Pablo II nos invita a seguir siempre a Jesús de la mano de Su Madre María. Recemos en Acción de Gracias.

viernes, 21 de octubre de 2011

APASIONADAMENTE CREYENTES

APASIONADAMENTE CREYENTE (del Blog Siete en Familia)

Hay discursos que no pueden pasar desapercibidos, por eso cuando se encuentra uno de ellos, hay que darlo a conocer. Es una homilía que el Cardenal Mauro Piacenza, Prefecto de la Congregación para el Clero, pronunció en el Encuentro con los Sacerdotes de la Archidiócesis de Los Ángeles hace pocos días, el 3 octubre 2011. Es genial, os la recomiendo. Aunque sea un post largo creo que merece la pena leerlo enter0, sin enlaces ni particiones. Es una realidad para todos los que quieren Servir a Dios en el mundo actual, es casi una guía para no perder el norte, tanto para sacerdotes como para religiosos y es una escuela a imitar por los laicos. Es el camino, la forma de vivir y de ofrecer testimonio donde Dios nos ha invitado a hacerlo a cada uno de nosotros, según su llamada.


Dorothy Thompson, escritora estadounidense, hace algunos decenios publicó en un artículo para una revista los resultados de una cuidada indagación sobre el mal afamado campo de concentración de Dachau.

Una pregunta clave dirigida a los supervivientes fue la siguiente: « ¿Quién en medio del infierno de Dachau ha permanecido más largo tiempo en condiciones de equilibrio? ¿Quién ha mantenido por más tiempo el propio sentido de identidad?». La respuesta fue coral y siempre la misma: «los sacerdotes católicos». Sí, ¡los sacerdotes católicos! Éstos han logrado mantener el propio equilibrio, en medio de tanta locura, porque eran conscientes de su Vocación. Tenían su escala jerárquica de valores. Su entrega al ideal era total. Eran conscientes de su misión específica y de los motivos profundos que la sostenían.




¡En medio del infierno terreno, daban su testimonio: el de Jesucristo!
Vivimos en un mundo inestable. Existe una inestabilidad en la familia, en el mundo del trabajo, en las diversas asociaciones sociales y profesionales, en las escuelas y en las instituciones.El sacerdote debe ser, sin embargo, constitucionalmente un modelo de estabilidad y de madurez, de entrega plena a su apostolado.

En el camino inquieto de la sociedad, se presenta con frecuencia un interrogante a la mente del cristiano: «¿Quién es el sacerdote en el mundo de hoy? ¿Es un marciano? ¿Es un extraño? ¿Es un fósil? ¿Quién es?».
La secularización, el gnosticismo, el ateísmo, en sus varias formas, están reduciendo cada vez más el espacio de lo sagrado, están chupando la sangre a los contenidos del mensaje cristiano.


Los hombres de las técnicas y del bienestar, la gente caracterizada por la fiebre del aparentar, experimentan una extrema pobreza espiritual. Son víctimas de una grave angustia existencial y se manifiestan incapaces de resolver los problemas de fondo de la vida espiritual, familiar y social.
Si quisiéramos interrogar la cultura más difundida, nos daríamos cuenta de que está dominada e impregnada de la duda sistemática y de la sospecha de todo lo que se refiere a la fe, la razón, la religión, la ley natural.
«Dios es una inútil hipótesis - escribió Camus - y estoy perfectamente seguro de que no me interesa».

En la mejor de las hipótesis, cae un denso silencio sobre Dios; pero se llega con frecuencia a la afirmación del insanable conflicto de las dos existencias destinadas a eliminarse: o Dios o el hombre.Si después tuviéramos que dirigir la mirada al conjunto del panorama de los comportamientos morales, no podríamos no constatar la confusión, el desorden, la anarquía que reina en este campo.




El hombre se hace creador del bien y del mal. Concentra egoístamente la atención sobre sí. Sustituye la norma moral con el propio deseo y búsqueda del propio interés.En este contexto, la vida y el ministerio del sacerdote adquieren importancia decisiva y urgente actualidad. Mejor aún - permitídmelo decir - cuanto más marginado, más importante es, cuanto más considerado superado, se convierte en más actual.

El sacerdote debe proclamar al mundo el mensaje eterno de Cristo, en su pureza y radicalidad; no debe rebajar el mensaje, sino, más bien, confortar la gente; debe dar a la sociedad anestesiada por los mensajes de algunos directores ocultos, detenedores de los poderes que valen, la fuerza liberadora de Cristo.




Todos sienten la necesidad de reformas en el campo social, económico, político; todos desean que, en las luchas sindicales, y en la proclamación económica se reafirme y se observe la centralidad del hombre y el perseguimiento de objetivos de justicia, de solidaridad, de convergencia hacia el bien común.Todo esto será sólo un deseo, si no se cambia el corazón del hombre, de tantos hombres, que renueven por su parte la sociedad.

Mirad, el verdadero campo de batalla de la Iglesia es el paisaje secreto del espíritu del hombre y en él no se entra sin mucho tacto, sin mucha compunción, además de contar con la gracia de estado prometida por el Sacramento del Orden.Es justo que el sacerdote se inserte en la vida, en la vida común de los hombres, pero no debe ceder a los conformismos y a los compromisos de la sociedad.


La sana doctrina, pero también la documentación histórica nos demuestran que la Iglesia es capaz de resistir a todos los ataques, a todos los asaltos que las potencias políticas, económicas y culturales pueden desencadenar contra ella, pero no resiste al peligro que proviene del olvidar esta palabra de Jesús: «Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo». El mismo Jesús indica la consecuencia de este olvido: «Si la sal se hace insípida, ¿cómo se preservará el mundo de la corrupción?» (cfr. Mt 5,13-14).

¿A qué serviría un sacerdote tan semejante al mundo, que se convierte en sacerdote mimetizado y no en fermento transformador?

Ante un mundo anémico de oración y de adoración, el sacerdote es, en primer lugar el hombre de la oración, de la adoración, del Culto, de la celebración de los santos Misterios.Ante un mundo sumergido en mensajes consumistas, pansexuales, atacado por el error, presentado en los aspectos más seductores, el sacerdote debe hablar de Dios y de las realidades eternas y, para poderlo hacer con credibilidad, debe ser apasionadamente creyente, ¡como también ser “limpio”!




El sacerdote debe aceptar la impresión de estar en medio de la gente, como uno que parte de una lógica y habla una lengua diversa de los otros («no os conforméis a la mentalidad de este mundo», Rm 12,12). Él no es como “los otros”. Lo que la gente espera de él es precisamente que no sea “como los demás”.

Ante un mundo sumergido en la violencia y corroído por el egoísmo, el sacerdote debe ser el hombre de la caridad. Desde las alturas purísimas del amor de Dios, del que realiza una particularísima experiencia, desciende al valle, donde muchos viven su vida de soledad, de incomunicabilidad, de violencia, para anunciarles misericordia, reconciliación y esperanza.

El sacerdote responde a las exigencias de la sociedad, haciéndose voz de quien no tiene voz: los pequeños, los pobres, los ancianos, los oprimidos, marginados.No pertenece a sí mismo sino a los demás. No vive para sí y no busca lo que es suyo. Busca lo que es de Cristo, lo que es de sus hermanos. Comparte las alegrías y los dolores de todos, sin distinción de edad, categoría social, procedencia política, práctica religiosa.Él es el guía de la porción del Pueblo, que le ha sido confiada. Ciertamente, no jefe de un ejército anónimo, sino pastor de una comunidad formada por personas que cada una tiene un nombre, su historia, su destino, su secreto.




El sacerdote tiene la difícil tarea, pero eminente, de guiar estas personas con la mayor atención religiosa y con el escrupuloso respeto de su dignidad humana, de su trabajo, de sus derechos, con la plena conciencia de que, entonces, la condición de hijos de Dios corresponde en ellos a una vocación eterna, que se realiza en la plena comunión con Dios.

El sacerdote no dudará en entregar la vida, o en una breve pero intensa temporada de dedicación generosa y sin límites, o en una donación cotidiana, larga, en el estilicidio de humildes gestos de servicio a su pueblo, tendiendo siempre a la defensa y formación de la grandeza humana y del crecimiento cristiano de cada fiel y de todo su pueblo.

Un sacerdote debe ser contemporáneamente pequeño y grande, noble de espíritu como un rey, sencillo y natural como un campesino. Un héroe en la conquista de sí, el soberano de sus deseos, un servidor de los pequeños y débiles; que no se humilla ante los poderosos, pero que se inclina ante los pobres y pequeños, discípulo de su Señor y cabeza de su grey.




Ningún don más precioso se puede regalar a una comunidad de un sacerdote según el corazón de Cristo.
La esperanza del mundo consiste en poder contar, también para el futuro, con el amor de corazones sacerdotales límpidos, fuertes y misericordiosos, libres y mansos, generosos y fieles.Amigos, si los ideales son altos, el camino difícil, el terreno quizás menos minado, las incomprensiones son muchas, pero todo podemos con Aquel que nos da fuerzas (cfr. Flp 4,13).

El eclipse de la Luz de Dios y de su Amor, no es el apagarse la Luz y el Amor de Dios. Ya mañana lo que se había interpuesto, obscureciendo la fe, arrojando el mundo en una oscuridad espantosa, puede convertirse en menos espeso, y después de una larga pausa, demasiado larga del eclipse, volver el sol, lleno y espléndido.Más allá de las inquietudes y contestaciones que agitan el mundo, y se hacen sentir también dentro de la Iglesia, están en acción fuerzas secretas, escondidas y fecundas en santidad.

Más allá de los ríos de palabras y discursos, de programas y planes, de iniciativas y organizaciones, hay almas santas que rezan, sufren, expían adorando al Dios-con nosotros.Entre éstas hay niños y adultos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, cultos e ignorantes, enfermos y sanos, y hay también tantos sacerdotes, que no sólo son dispensadores de los Misterios de Cristo, pero en la babel actual permanecen signos seguros de referencia y de esperanza, para cuantos buscan la plenitud, el sentido, el fin, la felicidad.



Estemos unidos, queridos amigos, en el Cenáculo de la Iglesia, en torno a María nuestra Madre, con Pedro y los Apóstoles, sumergidos en la comunión de los santos, para ser también nosotros, de verdad, signos seguros de referencia y de esperanza para todos.

Es mi deseo, que convierte en oración por todos vosotros que estáis aquí presentes y por todos vuestros Hermanos, que no están aquí ahora. Os llevaré, de ahora en adelante, siempre conmigo
.

domingo, 16 de octubre de 2011

Un breve Cuento sobre la Lealtad y la Amistad

A todos los que de una forma u otra se  sacrifican en silencio, sin hacer ruido, sin que se note... por sus familias, por sus  amigos , en sus responsabilidades... a todos: Gracias.


jueves, 13 de octubre de 2011

MATER BONI CONSILII

MATER BONI CONSILII


Madre del Buen Consejo, Madre de Todos, Madre...
A Ti acudimos los necesitados, todos estamos necesitados de Ti, de Tu Consejo, de Tu Intercesión, de Tus Palabras.


Gracias Madre del Buen Consejo, has sido Vínculo de Amor, en el Grupo de los Misioneros de la Caridad Laicos de la Beata Teresa de Calcuta, de Málaga
Tus iconos en Torremolinos ( Parroquia Madre del Buen Consejo ) y  en Málaga (Iglesia de San Agustín), nos acompañarán siempre.
Recemos, Madre.