SAN AGUSTIN

¿Cómo aprender Humildad? ¡Sólo con humillaciones!
(Beata Teresa de Calcuta)

...Llenaos primero vosotros mismos; sólo así podréis dar a los demás. (San Agustín)

Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel.
(Beata Teresa de Calcuta)

GOTA

... lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota.
(Beata Teresa de Calcuta)

Contento, Señor, Contento (San Alberto Hurtado)

...y ESO ES LA SANTIDAD, DEJAR QUE EL SEÑOR ESCRIBA NUESTRA HISTORIA... (Papa Francisco)

«No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...».
(Santa Ángela de la Cruz)

Reconoce cristiano, tu dignidad, que el Hijo de Dios se vino del Cielo, por salvar tu alma. (San León Magno)

martes, 18 de noviembre de 2014

SANTA ISABEL DE HUNGRÍA




Viuda
Noviembre 17



A los cuatro años había sido prometida en matrimonio, se casó a los catorce, fue madre a los quince y enviudó a los veinte. Isabel, princesa de Hungría y duquesa de Turingia, concluyó su vida terrena a los 24 años de edad, el I de noviembre de 1231. Cuatro años después el Papa Gregorio IX la elevaba a los altares. Vistas así, a vuelo de pájaro, las etapas de su vida parecen una fábula, pero si miramos más allá, descubrimos en esta santa las auténticas maravillas de la gracia y de las virtudes.

Su padre, el rey Andrés II de Hungría, primo del emperador de Alemania, la había prometido por esposa a Luis, hijo de los duques de Turingia, cuando sólo tenia 11 años. A pesar de que el matrimonio fue arreglado por los padres, fue un matrimonio vivido en el amor y una feliz conjunción entre la ascética cristiana y la felicidad humana, entre la diadema real y la aureola de santidad. La joven duquesa, con su austeridad característica, despertando el enojo de la suegra y de la cuñada al no querer acudir a la Iglesia adornada con los preciosos collares de su rango: "¿Cómo podría-dijo cándidamente-llevar una corona tan preciosa ante un Rey coronado de espinas?". Sólo su esposo, tiernamente enamorado de ella, quiso demostrarse digno de una criatura tan bella en el rostro y en el alma y tomó por lema en su escudo, tres palabras que expresaron de modo concreto el programa de su vida pública: "Piedad, Pureza, Justicia".

Juntos crecieron en la recíproca donación, animados y apoyados por la convicción de que su amor y la felicidad que resultaba de él eran un don sacramental: "Si yo amo tanto a una criatura mortal-le confiaba la joven duquesa a una de sus sirvientes y amiga-, ¿cómo debería amar al Señor inmortal, dueño de mi alma?".

A los quince años Isabel tuvo a su primogénito, a los 17 una niña y a los 20 otra niña, cuando apenas hacía tres semanas había perdido a su esposo, muerto en una cruzada a la que se había unido con entusiasmo juvenil. Cuando quedó viuda, estallaron las animosidades reprimidas de sus cuñados que no soportaban su generosidad para con los pobres. Privada también de sus hijos, fue expulsada del castillo de Wartemburg. A partir de entonces pudo vivir totalmente el ideal franciscano de pobreza en la Tercera Orden, para dedicarse, en total obediencia a las directrices de un rígido e intransigente confesor, a las actividades asistenciales hasta su muerte, en 1231.





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domingo, 16 de noviembre de 2014

LA PARÁBOLA DE LOS TALENTOS (Mt 25, 14-30)

Una aproximación a la parábola de los talentos

por Abel Della Costa
14 de mayo de 2009
Parábola riquísima, y enriquecida aun más por 2000 años de meditación, en este escrito apenas si nos aproximamos a algunos aspectos del relato: las diferencias entre las dos versiones (Mt y Lc) y algunos puntos a destacar de la versión de Mateo.
La parábola de los talentos se encuentra en dos lugares distintos de los evangelios, en Mateo 25 y en Lucas 19; la versión de Mateo es la que habla de "talentos" (tálanton), y es la versión más conocida (la que nos viene espontáneamente a la mente cuando la recordamos); la versión de Lucas, siendo fundamentalmente la misma parábola, habla en realidad no de "talentos" sino de "minas" (mná). La diferencia es importante, ya que el talento era una moneda de mucho valor -equivalente a 6000 dracmas-, mientras que la mina era una moneda de escaso peso, equivalente apenas a unas 100 dracmas; puesto en dinero de hoy (una conversión del todo relativa y al solo efecto de que nos podamos imaginar el impacto auditivo de la parábola con una y otra moneda):
-Cada talento equivalía a unos 20 kilos de plata, por lo que a precios de hoy rondaría los 8000 euros.
-Cada mina equivalía a unos 350 gramos de plata, por lo que, en la misma cotización actual, no pasaba de los 150 euros.
Cuando, entonces, en la versión de Lucas se habla de "ser fiel en lo mínimo", realmente se está hablando de un valor imaginario escaso, y es uno de los ejes de significado de la parábola: el término de comparación de ese valor imaginario escaso son unas ciudades que los servidores recibirán a cambio:
-el que gestionó bien la mina y produjo 10, recibe 10 ciudades, más la del mal negociador;
-el que gestionó bien la mina y produjo 5, recibe 5 ciudades;
-al mal negociador se le retira incluso ese escasísimo bien.
En cambio, en Mateo también se habla de "ser fiel en lo poco", pero eso poco no es escaso y mínimo, y no tiene el mismo sentido que en Lucas. Veamos las relaciones:
-uno recibió cinco talentos, y entregó otros cinco; recibe a cambio "el gozo de su Señor".
-el siguiente recibió dos, y entregó otros dos, cuatro en total; recibe a cambio "el gozo de su Señor"
-el mal negociador recibió uno y no lo hizo multiplicar, así que su talento se le entrega al primero, y a él se lo echa a las tinieblas.
Como vemos hay otras diferencias, no sólo el valor en juego:
-En Lucas los tres reciben inicialmente lo mismo, y una distinta capacidad negociadora los hace producir más o menos; en Mateo, las diferencias existen ya en el reparto.
-En Lucas el premio es proporcional al esfuerzo realizado: si se produjeron 10 minas, se reciben 10 ciudades, si 5, 5; en Mateo es "a todo o nada": lo que se recibe es, o el gozo del Señor o las tinieblas.
Sobre todo en esto último queda claro que, en torno a la misma parábola, se está hablando de dos cosas distintas; esas dos cosas las podríamos sintetizar así:
-La parábola contada por Lucas le habla a gente preocupada por el valor y sentido de los pequeños hechos de la vida diaria. La insistencia de todo el evangelio de San Lucas en la pobreza como signo del Reino no sólo tiene como referente que el público primario del Evangelio era de condición más bien humilde, sino que trata de llegar desde esa constatación de la pobreza al significado de una vida pobre en los valores profundos de la vida cristiana: pertrechar al creyente para que se acostumbrara a mirar la pobreza no como una carencia sino como un signo de elección, y por tanto ayudar a que sea la pobreza misma el motor de la acción cristiana de levadura en el mundo, por eso el "premio" a "negociar con poco" es algo que ocurre ya en este mundo: 10 minas, 10 ciudades para regir, etc..
-Mateo, sin desdeñar esto, que seguramente formaba parte esencial de la parábola tal como habrá salido de labios de Jesús (la expresión "ser fiel en lo poco" carece de contexto en la versión de Mateo), aprovecha la fuerza contenida en ella para llevar a los creyentes a meditar no en éste o aquel hecho de la vida cotidiana, sino en una valoración general de la vida. La versión de Mateo pone a los creyentes, no frente a circunstancias cambiantes de la vida, sino frente a lo que cada uno puede decir: "esto soy yo, esto he recibido yo de Dios, estos son mis 'talentos'". No es casual que en castellano la palabra "talento" haya pasado a querer decir "habilidad" o "capacidad natural": la etimología de este concepto en nuestro idioma hay que buscarla precisamente en la parábola de Mateo. Aunque luego veremos que ese "yo" del que habla la parábola no es -en primer lugar- el yo de cada creyente, sino el yo de la Iglesia.
Correspondientemente, así como la parábola no habla primordialmente de circunstancias de la vida, sino que da una mirada totalizante que cada uno puede hacer sobre su propia vida, el resultado no es algo "proporcionable", como en Lucas (cinco ciudades, diez ciudades, etc) sino lo único por lo que en definitiva vale la pena este todo o nada que es nuestra vida: el gozo del Señor o la tiniebla.
¿Cuál de estas parábolas contó Jesús? probablemente las dos versiones, y más también: Jesús era un predicador itinerante, así que -sobre la base de un repertorio de moldes narrrativos que pueden rastrearse perfectamente en los evangelios- adaptaría -como todo buen predicador- la "versión" del recitado a lo que en cada circunstancia percibiera como las necesidades del público concreto que tenía delante. De esa capacidad de Jesús de resonar con las expectativas, el lenguaje, las necesidaes concretas de su ocasional público, aprendieron los discípulos, y transmitieron a la primera Iglesia, de tal modo que cuando llegó la hora de dejar por escrito el Evangelio, la tarea no se hizo mecánicamente, como si se tratase meramente de fijar unos recuerdos evocados con objetiva neutralidad, sino que cada uno de los narradores re-sonó con éste o aquel aspecto de la prédica -inapresable en uno, dos, cuatro o mil libros- de Jesús.
Por eso, no sólo esta cuestión de los valores dice algo del sentido de la parábola, sino que también es relevante el contexto en el que cada uno de los dos evangelios la ha contado. El encadenamiento de esta parábola con las narraciones que la rodean forma un fragmento de predicación concreta, responde a un conjunto de expectativas que pudo haber tenido la comunidad de destinatarios originales... y que podemos tener nosotros. Como ejemplo de lectura me concentraré en el contexto de San Mateo (aunque puede hacerse el mismo trabajo con la versión de San Lucas):
Ocupa un fragmento del capítulo 25, los versículos 14 al 30, viene precedida de la "parábola de las vírgenes necias y las prudentes" (vv 1-13), y seguida del fragmento sobre el juicio final donde son reconocidos los que obraron el bien, aunque no hayan conocido al Señor (vv 31 al 46).
No parece que la "costura" entre un relato y otro sea muy sólida, al menos al modo como nosotros estructuramos los textos en la actualidad; sin embargo, quien haya leído un poco, no demasiado, apenas un poco de pensamiento rabínico (por ejemplo, fragmentos del Talmud) reconocerá enseguida esta manera de engarzar un texto al lado de otro basándose en similitudes circunstanciales, de una manera que podríamos llamar "pensamiento por contigüidad", muy apegado a lo que es el estilo oral. Uno casi puede imaginar cuál es el proceso mental que de un texto evoca otro:
"El reino de los cielos es semejante a diez vírgenes [...] velad porque no sabéis ni el día ni la hora. (Y hablando del momento final) también se parece a un hombre [...]  Allí será el llanto y el rechinar de dientes. (Y ya que mencionamos el juicio) Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria [...]"
Este modo de ligar relatos permite, al menos en teoría, contarlos en infinidad de contextos, y en combinaciones de lo más variadas: basta que haya alguna palabra, tema, pregunta, preocupación, que sirva para estructurarlos en el momento.
Ahora bien, siendo la unión débil y circunstancial, es sin embargo altamente significativa; es decir: precisamente porque no hay ninguna razón literaria para poner juntos a la parábola de los talentos, a la de las vírgenes y al fragmento del juicio, el hecho de que ser relacionen entre sí contiene una intencionalidad que puede ser relacionada con las razones de la predicación, alma del sentido en los evangelios.
Sin necesidad de desarrollarlo aquí, recordemos las líneas fundamentales de la estructura de San Mateo, para entender el lugar que ocupa esta parábola:
El evangelio está repartido en siete bloques:
1 prólogo (Evangelio de infancia) - Caps 1-3
1 epílogo (Evangelio de Pasión) - Caps 26-28
5 "discursos" en torno al "Reino" que evocan la idea de un nuevo "Pentateuco": caps 4-7; 8-10; 11-13; 14-18; 19-25: el Evangelio como nueva ley del nuevo pueblo de Dios. Cada uno de esos "discursos" se compone de "hechos" -acciones de Jesús o de los discípulos- y de "palabras" que desarrollan el sentido profundo de esos hechos, generalmente incluso puede diferenciarse muy bien entre el bloque de hechos y el de palabras, aunque no en este 5º discurso que nos ocupa, donde están más entrelazados.
El capítulo 25 forma parte de las "palabras" del último discurso. Todo el discurso tiene como tema general la "consumación del Reino": a través de algunos hechos (invectivas contra los fariseos, entrada mesiánica -Ramos-, expulsión de los vendedores, etc...) y de algunas enseñanzas (indisolubilidad escatológica del matrimonio, parábola de los obreros de la última hora, parábola del banquete de bodas, y otros -entre ellos el cap 25-) Jesús termina de romper con la "lógica" de Israel: la lógica de la Ley, la lógica de la pureza, la lógica del mérito, la lógica de la proporción entre nuestro obrar y el de Dios, la lógica -en definitiva- de la religión concebida humanamente. No se trata de que esa concepción esté errada (por eso Jesús, en Mateo, insiste en que no viene a abolir sino a cumplir), sino que esa concepción humana de la religión, por querer "respetar" los "derechos de Dios", por querer poner de manifiesto lo más sagrado de Dios, termina ahogando el misterio de Dios, el misterio de gracia y de misericordia.
Cuidado, entonces, porque la lectura personalista que solemos hacer de esta parábola de los talentos, comparando nuestra vida personal a la del hombre al que se han dado n talentos, y debe negociar con ellos para hacerlos producir, no es la intención primera, la intención predicante; esa intención primera habla ante todo de los dones dejados a la Iglesia en el tiempo que durará la ausencia escatológica del Señor resucitado.
A diferencia de lo que hizo Israel con los dones que Dios le dejó, la Iglesia debe hacerlos rendir, no guardárselos, no "custodiarlos para que no se pierdan" (que es la actitud sacral-farisea por excelencia), sino invertirlos, ponerlos a negociar.
Si nos preguntamos, por ejemplo, si Jesús prefiere la iglesia-cambalache de los '70 o la iglesia-inmaculada de la reacción lefevbrista, aquí tenemos una posible respuesta: quizás puestos a negociar, los años '70 lo perdieron todo... pero lo intentaron, a diferencia de los otros, que no arriesgaron nada: escondieron el talento, diríamos con la parábola.
El término de comparación de la parábola es la actitud de Israel, el quietismo de la inamovible tradición, que termina resultando una traición a la fuerza arrolladora que Jesús quiere para el reino.
Por supuesto esta parábola se equilibra con la de las vírgenes, que establece cierto criterio de lo que puede ser llamado "necio" y lo que debe ser considerado "prudente": prudente es estar preparados para la venida del Novio, necio, por el contrario, perder de vista para qué se estaba en espera; así que ya tenemos otro aspecto de lo que puede considerarse una correcta negociación de los talentos: aquello que mantiene -e incluso aumenta- la tensión hacia la consumación del reinado de Jesús, eso es lo que podemos poner del lado de hacer crecer los talentos.
También esta parábola se equilibra con el fragmento del Juicio: cuál es el criterio de una Iglesia que haya realmente logrado consonar con la religión que quiere Jesús; y es muy claro: una Iglesia del servicio.
No se trata, entonces, de hablar de "hacer crecer los talentos" como si se tratara de una mera frase para adornar estampitas piadosas, sino de que esa acción tiene contenidos muy definidos:
-Tensión hacia la espera de Jesús.
-Servicio concreto a los hombres.
-Rechazo del inmovilismo pseudo-sagrado.

Este trabajo con los talentos es, primero que nada, una acción de la Iglesia: la parábola se dirige a la vida real de la Iglesia en el tiempo de la espera. Sólo en segundo término podemos aplicárnoslo cada uno a nuestra vida personal, y confrontar si nuestras acciones responden a una "negociación con los talentos" o más bien nos quedamos estancados y como inmóviles para evitar "meter la pata". Pero siempre teniendo en cuenta que el tema del que habla es el reino y el crecimiento del reino, se trate de las acciones de la Iglesia (primer sentido) o de nuestras acciones personales (segundo sentido).
Lo que nunca deberíamos hacer (¡ay! ¿no es tal vez la lectura que más hacemos?) es leer esta parábola como si volviera a introducir la lógica de la Ley, como si se nos hablara del mérito que nosotros tenemos que imprimir a nuestra vida para hacernos acreedores de la salvación. La parábola no habla de lo maravillosamente perfectos y triunfantes que tenemos que ser en todos los aspectos de nuestra vida, no habla de eficacia y rendimiento, sino del modo como la Iglesia y sus miembros se mueven en relación al Reino y a la espera del reinado concreto y efectivo de Jesús, donde vendrá a restañar las heridas, sanar nuestra humanamente incurable incapacidad, y repartir gracia a manos llenas, entrando a cada uno al "gozo de su Señor".
RECEMOS.



miércoles, 12 de noviembre de 2014

MARTA ROBIN

No comía ni bebía ni dormía y revivía el dolor de la Pasión

El Papa Francisco aprueba las virtudes heroicas de Marta Robin,

mística del s.XX con estigmas

El Papa Francisco aprueba las virtudes heroicas de Marta Robin, mística del s.XX con estigmas
Marta Robin murió en 1981, después de muchas décadas paralizada y casi ciega atendiendo visitas y orando
Actualizado 10 noviembre 2014







  
Marta Robin (www.martherobin.com, 1902-1981), la mística francesa de la que se asegura que estuvo décadas sin comer, beber ni dormir, alimentándose sólo de la Eucaristía, avanza en su camino hacia los altares y acaba de ser declarada "Venerable" por la Iglesia. 

El pasado 8 de noviembre el Papa Francisco aprobó las virtudes heroicas de Marta Luigia Robin, fundadora en 1936 de los Foyers de Charité (Hogares de Caridad), que actualmente cuentan con 25 comunidades

 en Europa, 22 en África, 17 en América y 10 en Asia. 
No hay Foyers en España, pero sí en Perú, México, Ecuador,
Colombia, Chile y Argentina.Marta estuvo casi toda su vida en cama, sin salir de su habitación, 
pero recibía visitas y oraba sin cesar. Su historia la contó desde cerca
 el filósofo francés Jean Guitton, que la visitaba con frecuencia,
«Cada uno en aquella habitación se sentía unido a sí mismo,
 a los otros y a Dios», escribió.

Casi ciega, paralizada casi del todo... incansable

Jean Guitton describió su insólita situación: "No logra ver. 

Es incapaz de distinguir objetos y no soporta la más mínima claridad.
Sus brazos permanecerán rígidos de por vida salvo una ligera movilidad
en las falanges de sus dedos. Su cabeza está como sin vida,
sin posibilidad de girar a izquierda o derecha, y las piernas quietas,
como plegadas sobre sí mismas, sin la más mínima acción.
 Además, todos los viernes se le aparecen estigmas en pies y manos.
También en el costado derecho junto a la línea mediana.
Y la mayoría de esos viernes aparecen unas llagas que sangran.
Apenas podía moverse en la cama. Estaba como inmóvil.
Un caso extraordinario, único".

Una inculta con 100.000 visitantes

Era una campesina d
 Châteauneuf-de-Galaure, cerca de los Alpes,
 que nunca abandonó la casa paterna. Sabía bordar, y poco más. 
No tenía gran cultura. Apenas leía y no había recibido clases 
de teología o filosofía. Era una chica de campo.

Sin embargo, a su casa llegaban cada día decenas de personas 

de todas las clases sociales, de todo tipo de vida, que querían
hablar con ella para pedirle consejo, una palabra de esperanza o,
simplemente, un consuelo… Los niños solían trepar por su cama.

Se calcula que más de 100.000 personas pudieron hablar 

con Marta a lo largo de su vida.

Marta Robin era sobre todo voz. 

Quienes la conocieron dicen de ella que modulaba 
gran cantidad de sonidos. 
Su voz podía pasar con gran facilidad de infantil, juguetona, tímida, 
dulce o melosa, a firme, voluminosa o directa.
 Lo que más sorprendía a los visitantes era ese cambio, 
a veces, brusco, del registro de voz.

Su trabajo era recibir a la gente

Marta permanecía todo el día en su oscura habitación,
con las cortinas corridas, haciendo de freno a cualquier rayo de luz
que se intentará colar. Siempre inmóvil, recostada en una cama
de metro diez, con un par de almohadones que elevaban su espalda y ´
sujetaban la cabeza, y con la mano derecha sobre la barriga.

Las piernas en forma de M mayúscula, vueltas sobre sí misma y

los muslos ligeramente doblados sobre la pelvis.

Lo más extraño: ni comida ni bebida ni sueño
Jean Guitton y muchos más atestiguan que Marta no comía,

 ni bebía ni dormía. 

Entre las miles de visitas que recibió Marta muchas tenían un 

ingrediente detectivesco. ¿Cómo logrará vivir esta mujer sin comer, 
ni beber y sin dormir ni un solo día en años?, 
¿quién avitualla clandestinamente a esta mujer?,
¿dónde está el truco de esta gran ilusionista? 
Un caso tan extraordinario era normal que atrajera a tantos curiosos
y que interpelara a creyentes y no creyentes.

Decenas de médicos, muchos de ellos ateos, pasaron por

 su habitación para diagnosticar una locura, un estado de ansiedad desproporcionado o cualquier otro tipo de enfermedad mental. 
Pero nada de nada. La ciencia no fue capaz de explicar 
que le pasaba a esta pequeña campesina.

La «semana» de Marta comenzaba los martes con la Eucaristía. 

No lograba tragar la hostia que se le colocaba en la boca. 
Era absorbida sin que ella pudiera engullirla.

«Es como si un ser vivo entrará en mí», decía Marta.

A partir de ahí entraba en un estado de éxtasis que podía durar horas. 

«Después de comulgar sucede que siento una renovación pero 
no necesariamente en cada ocasión, pues puede ocurrir también 
fuera de la comunión».

En otro momento comentó: «Tengo deseos de gritar a los que 

me preguntan si como, que yo como más que ellos, pues 
yo me alimento en la Eucaristía de la sangre y la carne de Jesús. 
Tengo deseos de decirles que ellos impiden en sí los efectos de
 este alimento. Bloquean sus efectos».



El jueves revivía la Pasión de Cristo

El jueves era el otro día «grande» para Marta. Revivía semanalmente la Pasión. 
Sus ojos comenzaban a llorar sangre, uniéndose así 
a las llagas de sus manos, pies y costado que tampoco cesaban 
de expulsar líquido durante todas las noches de la semana.

A las veintiuna horas, con la puntualidad que marca un reloj, 

comenzaba a murmurar débilmente: «Padre mío, Padre mío,
 que se aparte de mí este cáliz, pero que se haga tu voluntad». 
A continuación se producía como un gemido o una melopea melódica 
en tres notas, que, según los presentes, «podía compararse a los pequeños 
gritos que da un recién nacido».

La Pasión contada por el sacerdote que le atendía

El padre Georges Finet de la diócesis de Lyon fue el fiel colaborador de
 Marta y testigo de su Pasión semanal.

Él cuenta así su experiencia: «Yo volvía el viernes hacia las dos de la tarde. 

Para reproducir las tres caídas de la Pasión, Marta había sido movida. 
Yo la tornaba a su posición; ponía su cabeza en la almohada. 
Esa cabeza caía sobre el cojín, donde ordinariamente había un chal blanco. 
Añadiré que, en el momento de la estigmatización, 
a comienzo de octubre de 1930, Jesús, no sólo la marcó aquel día 
con los estigmas en los pies, las manos y el costado derecho, 
sino que además le encasquetó su corona de espinas 
profundamente en la cabeza, y Marta se puso a sangrar no sólo de los pies, 
manos y costado, más igualmente en toda su cabeza;
 y comenzó a verter cada noche lágrimas de sangre. 

Fue en ese momento cuando Jesús le dijo que la había elegido 
para que ella viviera su pasión más que nadie, después de la Virgen,
 y que nadie después la viviría más totalmente. 

Jesús añadió que cada día aumentaría más su sufrimiento y que,
 por esto, no dormiría jamás durante la noche».

Volved con nosotros

A la hora que llegaba el Padre Finet, el viernes, se cerraba el ciclo de la Pasión.
 Marta, que hasta el momento había lanzando continuos gemidos de dolor,
 cesaba sus quejidos y repetía las palabras de Jesús en la Cruz:
 «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
 Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu». 
En ese momento daba un profundo suspiro para quedarse completamente inmóvil,
 sin apenas respiración.

Tras dos horas como muerta, Marta volvía a gemir. 

Esos gemidos se prolongaban hasta la tarde del lunes. 
A partir de ahí, y hasta el martes, Marta entraba en un éxtasis 
del que salía con dificultad y con ayuda del Padre Finet: 
«Hija mía, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
por María, madre nuestra, os lo ordeno: volved a nosotros».

Sufrimientos morales, sobre todo

Marta solía comentar que sus sufrimientos físicos no podían
 compararse con los padecimientos que sentía en el orden moral.
 La Pasión de los viernes era para ella como una entrada 
en las tinieblas que le provocaba una gran desolación.
De alguna manera sentía que representaba a la humanidad del siglo XX
 que había oficializado la ruptura con Dios, y experimentaba en su propio
 ser ese abandono.

Marta Robin murió en 1981 y unas 7.000 personas acudieron a su funeral. 

Los Foyers que fundó desde su cama han cumplido más de 70 años de servicio 
fructífero en la caridad.

El Papa Francisco, al reconocer sus virtudes heroicas vividas 

en la enfermedad, desde la cama, da un empujón más hacia 
a la beatificación de esta mística del s.XX.

lunes, 3 de noviembre de 2014

SAN MARTIN DE PORRES, RELIGIOSO.



De la Homilía del papa Juan XXIII, en la canoniza-
ción de san Martín de Forres
Martín nos demuestra con el ejemplo de su vida que
podemos llegar a la salvación y a la santidad por el ca-
mino que nos enseñó Cristo Jesús: a saber, si, en pri-
mer lugar, amamos a Dios con todo nuestro corazón, con
toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y si, en se-
gundo lugar, amamos al prójimo como a nosotros mis-
mos.
Él sabía que Cristo Jesús padeció por nosotros y, car-
gado con nuestros pecados, subió al leño, y por esto
tuvo un amor especial a Jesús crucificado, de tal modo
que, al contemplar sus atroces sufrimientos, no podía
evitar el derramar abundantes lágrimas. Tuvo también
una singular devoción al santísimo sacramento de la
eucaristía, al que dedicaba con frecuencia largas horas
de oculta adoración ante el sagrario, deseando nutrirse
de él con la máxima frecuencia que le era posible.
Además, san Martín, obedeciendo el mandato del di-
vino Maestro, se ejercitaba intensamente en la caridad
para con sus hermanos, caridad que era fruto de su fe
íntegra y de su humildad. Amaba a sus prójimos porque
los consideraba verdaderos hijos de Dios y hermanos
suyos; y los amaba aún más que a sí mismo, ya que,
por su humildad, los tenía a todos por más justos y per-
fectos que él.
Disculpaba los errores de los demás; perdonaba las
más graves injurias, pues estaba convencido que era mu-
cho más lo que merecía por sus pecados; ponía todo su
empeño en retornar al buen camino a los pecadores;
socorría con amor a los enfermos; procuraba comida,
vestido y medicinas a los pobres; en la medida que le
era posible, ayudaba a los agricultores y a los negros y
mulatos, que, por aquel tiempo, eran tratados como es-
clavos de la más baja condición, lo que le valió, por
parte del pueblo, el apelativo de «Martín de la caridad».
Este santo varón, que con sus palabras, ejemplos y
virtudes impulsó a sus prójimos a una vida de piedad,
también ahora goza de un poder admirable para elevar
nuestras mentes a las cosas celestiales. No todos, por
desgracia, son capaces de comprender estos bienes so-
brenaturales, no todos los aprecian como es debido, al
contrario, son muchos los que, enredados en sus vicios,
los menosprecian, los desdeñan o los olvidan completa-
mente. Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos
la dulzura y felicidad que se encuentra en el seguimien-
to de Jesucristo y en la sumisión a sus divinos man-
datos.

domingo, 2 de noviembre de 2014

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS


 Conmemoración de los Fieles Difuntos
La fiesta de Todos los Santos nos trae, como naturalmente, a la memoria el recuerdo de las almas santas que, cautivas en purgatorio, para expiar en él sus culpas veniales o bien para satisfacer la pena temporal debida a sus pecados, están, sin embargo, confirmadas en gracia, y algún día entrarán en el cielo. Así que, después de haber celebrado la Iglesia, en medio del regocijo la gloria de los Santos que constituyen la Iglesia del cielo, la Iglesia de la tierra extiende su maternal solicitud hasta aquel lugar de indecibles tormentos, en que se ven sumidas almas que también pertenecen a la Iglesia que llamamos purgante.


 “En este día, dice el Martirologio romano, la Conmemoración de Todos los Fieles difuntos, en la cual nuestra común y piadosa madre la Iglesia, después de haber tratado de honrar con dignos loores a todos los hijos suyos, que tiene ya gozando en el cielo, se esfuerza por ayudar con poderosos sufragios cerca de Cristo su Esposo y Señor, a todos los que aun gimen en el purgatorio; a fin de que cuanto antes se sumen a la sociedad de los moradores de la Ciudad celestial”.

 En ninguna parte como aquí anuncia la liturgia de una manera tan explícita la misteriosa trabazón que estrecha a la Iglesia triunfante con la militante y la purgante, y nunca tampoco aparece más claro el doble deber de caridad y de justicia que fluye naturalmente de su misma incorporación al cuerpo místico de Cristo.

 Sabemos que, en virtud del dogma de fe de la Comunión de los santos, los méritos y sufragios de los unos vienen a ser también de los demás, en virtud de una comunidad de bienes espirituales; de manera que, sin mermar los derechos de la divina justicia, que con todo rigor se nos aplican al fin de nuestra vida, la Iglesia puede unir aquí su oración con la del cielo, y suplir por lo que falta a las almas del Purgatorio, ofreciendo a Dios por ellas, mediante la Santa Misa, las Indulgencias, las limosnas y los sacrificios de sus hijos, los méritos sobreabundantes de la Pasión de Cristo y de sus místicos miembros. De ahí que la liturgia ha sido siempre, el medio empleado por la Iglesia para practicar con los Fieles Difuntos el deber de la caridad, que nos manda atender a las necesidades del prójimo cual si fueran propias nuestras, en virtud siempre de ese lazo sobrenatural y apretadísimo, que une en Jesús al cielo con la tierra y el Purgatorio. La liturgia de los Difuntos es tal vez la más hermosa y más consoladora de todas. A diario, al fin de las Horas del Oficio divino, se encomiendan a la misericordia divina las almas todas de los Fieles Difuntos.


 En la Misa, el sacerdote ofrece el Sacrificio por los vivos y los muertos (Súscipe), y en un Memento especial pide al Señor se acuerde de sus siervos y siervas que, habiendo muerto en Cristo, duermen ahora el sueño de la paz y les haga pasar al lugar de refrigerio, de luz y de paz.
 La solemne conmemoración de todos los Fieles Difuntos se debe a San Odilón, cuarto abad del célebre monasterio benedictino de Cluny. Él fue quien la instituyó en 998, y mandó celebrarla en día como hoy. La influencia de aquella ilustre y poderosa Congregación hizo se adoptara bien pronto este uso en todo el orbe cristiano, y que este día fuese en algunas partes fiesta de guardar. En España, en Portugal y en América del Sur, que de ella dependían, Benedicto XIV, había concedido celebrar tres misas el 2 de noviembre, y Benedicto XV, el 10 de Agosto de 1915, autorizó lo mismo a todos los sacerdotes del mundo católico. La Iglesia nos recuerda en una Epístola sacada de San Pablo, que los muertos resucitarán; y nos manda esperar porque en este día nos tornaremos a ver en el Señor. La Secuencia describe gráficamente el Juicio final en que los buenos serán separados por siempre de los malos.



 El Ofertorio recuerda que el Arcángel San Miguel es quien introduce las almas en el cielo, porque dicen las oraciones de la recomendación del alma, él es el Jefe de la milicia celestial, entre la cual se han de poner los hombres, ocupando los sitiales dejados vacíos por los ángeles malos, “Las almas del Purgatorio, declara el Concilio de Trento, son socorridas por los sufragios de los fieles, y señaladamente por el sacrificio del altar”. Y la razón es que, en la Santa Misa el sacerdote ofrece oficialmente a Dios el precio de las almas, la Sangre del Salvador. Jesús mismo, bajo las especies de pan y vino, que recuerdan al Padre el Sacrificio del Gólgota, ora para que se aplique su virtud expiadota a esas almas. Asistamos en este día al Santo Sacrificio de la Misa, En él pide la Iglesia a Dios conceda a los difuntos, que no pueden valerse a sí mismos la remisión de todos sus pecados, y el eterno descanso. Visitemos los cementerios, en donde descansan sus cuerpos, hasta el día en que suene la trompeta, y resuciten para revestirse de la inmortalidad y alcanzar, por Jesucristo, la victoria sobre la muerte.

sábado, 1 de noviembre de 2014

BEATA TERESA DE CALCUTA Y LA SANTIDAD



 La Santidad es Jesús viviendo

 y actuando en mí...





“Nuestras obras de caridad no son otra cosa que el rebosar de nuestro amor por Dios que surge de nuestro interior. Por lo tanto, aquel que está más unido a Él ama más a su prójimo”.
“Nuestra actividad es verdaderamente apostólica sólo en la medida en que permitimos que él actué en y por medio de nosotros –con su poder, con su deseo, con su amor. Debemos ser santos, no porque queremos sentirnos santos, sino porque Cristo debe ser capaz de vivir su vida plenamente en nosotros”.
San Juan Pablo II y Beata Teresa de Calcuta

“Consumámonos con Él y por Él. Déjale ver con tus ojos, hablar con tu lengua, trabajar con tus manos, caminar con tus pies, pensar con tu cabeza y amar con tu corazón. ¿No es esto la unión perfecta, una continua oración amorosa? Dios es nuestro padre amoroso. Permite que tu luz de amor brille tanto ante los hombres que al ver tus buenas obras (lavar, barrer, cocinar, amar a tu marido ya tus hijos) puedan glorificar al Padre”.

 “Sé santo. La santidad es el camino más fácil para saciar la sed de Jesús,
 la suya por ti y la tuya por él”.

Pensamiento del día:
“La caridad hacia los demás es el camino más seguro para una gran santidad”.
Pide la gracia de ser santo.

Oración a la Beata Teresa de Calcuta
Beata Teresa de Calcuta,
tú permitiste que el amor sediento de Jesús en la cruz
se convirtiese en una llama viva dentro de ti,
y así te hiciste la luz de su amor para todos.
Intercede ante el Corazón de Jesús
(Menciona aquí el favor que deseas obtener).
Enséñame cómo dejar que Jesús penetre en mí
y posea por completo todo mi ser para que mi vida también
pueda irradiar su luz y amor a para los demás. Amén.
Corazón Inmaculado de María, Causa de Nuestra Alegría, ruega por mí.
Beata Teresa de Calcuta, ruega por mí.
Ven, sé mi Luz

Cada vez que le pedían a la Madre Teresa que hablara, ella siempre repetía con firme convicción:
“La santidad no es el lujo de unos pocos, sino un sencillo deber para ti y para mí”.
 Esta santidad es una íntima unión con Cristo: “Cree que Jesús, y sólo Jesús, es vida –y la santidad no es otra cosa que Jesús mismo viviendo íntimamente en ti. Viviendo en esta íntima unión con Jesús en la Eucaristía y en los pobres “24 horas al día”, como ella solía decir, la Madre Teresa se convirtió en una auténtica contemplativa en el corazón del mundo. “Por lo tanto, haciéndolo con él, estamos orando el trabajo: pues, haciéndolo con él, haciéndolo por él y haciéndoselo a él, nosotros lo estamos amando. Y al amarlo entramos más y más en esa unión con él, permitiéndole vivir su vida en nosotros. Y esta vida de Cristo en nosotros es la santidad”. 

Oración preferida de la Madre Teresa

Irradiando a Cristo
“Irradiando a Cristo”, compuesta por el Beato John Henry Newman,

Era una de las oraciones preferidas de la Madre Teresa. Puesto que expresa muy claramente su deseo de estar íntimamente unida a Jesús y “dar solamente a Jesús” a los demás, ella la escogió como la primera oración para ser recitada diariamente después de la Santa Comunión por los Misioneros y las Misioneras de la Caridad.

Querido Jesús, ayúdame a esparcir tu fragancia
por donde quiera que vaya.
Inunda mi alma con tu espíritu y vida.
Penetra y posee mi ser tan completamente,
que mi vida sólo sea un resplandor de la tuya.
Brilla a través de mí y permanece tanto dentro de mí
que cada alma con la que tenga contacto
pueda sentir tu presencia en mi alma.
¡Permite que ellos al mirarme no me vean a mí,
sino solamente a ti, Jesús!
Quédate conmigo y entonces podré
comenzar a brillar como tú brillas,
a brillar tanto que pueda ser una luz para los demás.
La luz, oh Jesús, vendrá toda de ti, nada de ella será mía;
serás tú quien brille sobre los demás a través de mí.
Permíteme así alabarte de la manera que tú más amas,
brillando sobre aquellos que me rodean.
Permíteme predicarte sin predicar,
no con palabras, sino con mi ejemplo,
con la fuerza que atrapa, con la influencia compasiva
de lo que hago, con la evidente plenitud
del amor que mi corazón siente por ti.
Amén.




LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

En este Día Solemne de Todos los Santos, quiero recordar especialmente a todos los mártires que con su sangre , sufrimiento y dolor, han sembrado el Amor en todo el mundo. Recuerdo especialmente a los que son asesinados actualmente por no querer abandonar ni su Fe, ni a Cristo y por los Inocentes que son abortados antes de nacer. RECEMOS.





A todos los Santos


Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
         rogadle por nosotros.

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
         rogadle por nosotros.

Almas cándidas, Santos Inocentes
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado
         rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
         rogadle por nosotros.

Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los combates
         rogadle por nosotros.

Vírgenes semejantes a azucenas,
que el verano vistió de nieve y oro,
al que es fuente de vida y hermosura
         rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
         rogadle por nosotros.

Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia inextinguible
         rogadle por nosotros.

Soldados del Ejército de Cristo
Santas y Santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a Aquel que vive y reina entre vosotros.